Esquiador en un pozo sin fondo

Sol Lewitt. Mural Painting #994, 2001. Acrylic paint on wall. Variable dimensions.

Colectivaene 2007 - mar 2007· Por Isaura Ruiz

Esquiador en un pozo sin fondo

No habrá nunca una puerta. Estás dentro

y el alcázar abarca el Universo

y no tiene ni anverso ni reverso

ni extremo muro ni secreto centro.

Jorge Luis Borges

De forma coloquial se dice que “no hay quinto malo”, y en esta nueva interpretación del acervo de la Colección Jumex queda muy claro. El título de la exposición nos habla metafóricamente del concepto básico de la misma, una imagen incongruente, nacida a partir de los aforismos del libro Poteaux d’ angle escritos en 1981 por el escritor y pintor francés Henri Michaux. La frase "Esquiador en un pozo" sin fondo nos provoca una imagen confusa e imposible que sin embargo describe muy bien la experiencia de transitar por la exposición e ir descubriendo a alrededor de 90 artistas de muy diversas latitudes terrestres, que presentan más de 220 obras que en su mayoría nunca habían sido exhibidas en México.

Colectiva: Esquiador en un pozo sin fondo — imagen 1
Pablo Vargas Lugo. Visión estrábica (morada), 2002. Papel calado. 74,5 x 73 cm. (29 1/3 x 28 3/4 pulgadas).

En esta ocasión no hubo curador invitado, sino que fue el propio jefe de Registro de la Colección Jumex, Michel Blancsubé, quien curó la muestra, que resulta bastante fuera de lo común, al menos por dos motivos principales que están sumamente relacionados entre sí: el espacio y el tono lúdico de las obras y del recorrido.

Como parte del concepto curatorial, se pretendía romper con la lógica convencional del recorrido lineal y provocar una aparente confusión. Esto fue llevado a cabo con éxito, ya que hay muchas posibilidades en el recorrido, así como varias supuestas lecturas a partir de éste, ya que, al no existir una propuesta cerrada en la que se sigan áreas temáticas determinadas, el visitante puede hacer sus propias conexiones entre las obras o las salas, aunque en términos estrictos, no hay salas, sino pequeños salones, pasillos y recovecos que fueron creados específicamente para las obras. Este último punto se presenta como poco común, ya que suele ser que el discurso museográfico se adapta a los espacios y a los recursos materiales con que cuenta el área de exhibición.

Colectiva: Esquiador en un pozo sin fondo — imagen 2
Paul McCarthy. Sin título (Jack), 2002. Silicona. 60 x 60 x 46 cm. (23 3/5 x 23 3/5 x 18 pulgadas).

Aquí ocurre todo lo contrario: los espacios fueron construidos específicamente para el goce de las obras y, en especial, para una interacción más cercana, como es el caso de utilizar una gran pintura a modo de puerta giratoria para pasar a otras áreas de la exposición.

Así también, se encuentran pasillos que tienen como función aislar una obra particular y, debido al reducido espacio, sólo puede verse de forma individual. Tal es el caso de la obra Corredor de luz, en donde se aprecia un pequeño túnel, visualmente muy interesante, puesto que se crea una atmósfera especial a base de luz, recurso que utiliza recurrentemente el artista mexicano Iñaki Bonillas.

Otra de las intenciones era mostrar principalmente dibujo, como medio autónomo o como recurso para configurar obras tridimensionales. Sin embargo, a pesar de que se encuentra presente en todo momento, la diversidad de propuestas hace que no sea el elemento que más sobresalga, puesto que también conviven la pintura, la escultura y muchas instalaciones, como la anteriormente mencionada, y que en, general, resultan más atrayentes dentro de los conjuntos de obra. Otro ejemplo es de otro mexicano, Jorge Méndez Blake, cuya pieza ocupa una amplia sala fija de la planta alta de la colección y que es una deconstrucción gráfica de la novela Moby Dick, de Herman Melville.

Colectiva: Esquiador en un pozo sin fondo — imagen 3
Jorge Pardo. Bajo el agua, 2000. Gobelino hecho a mano. 339 x 245,7 cm. (133 2/5 x 96 3/4 pulgadas).

Siguiendo esta relación con el lenguaje y lo visual, se encuentra también el caligrama Il Pleut, del poeta Guillaume Apollinaire, en una publicación de 1918. El rango cronológico en el que se insertan las obras es entre 1903 y 2005, lo cual es muy interesante, ya que aunque son muy pocas las obras expuestas que pertenecen a la primera mitad del siglo XX, éstas cuentan con un discurso muy contemporáneo, lo que no hace que se encuentren fuera del diálogo entre las demás obras.

La única inclusión de video es de un joven artista polaco, quien elabora una instalación a base de cuatro proyecciones en formato súper 8, donde aparece un músico y, el conjunto de la instalación tiene el nombre The band. El espacio, nuevamente, es el protagonista, ya que esta obra se encuentra en una pequeña sala con columnas en donde se proyectan dichas imágenes. Gracias a este artificio, la obra no se pierde entre la enorme cantidad de piezas seleccionadas, sino que, por el contrario, tiene un sitio de interacción con cada una de las obras. Por el diseño de cada uno de los espacios, se genera una intimidad entre las obras y el espectador que va recorriéndolas y descubriendo poco a poco nuevos elementos.

Colectiva: Esquiador en un pozo sin fondo — imagen 4
Iñaki Bonillas. Corredor de luz, 2004. Tablaroca y luz de neón. 250 x 1100 x 100 cm. (98 2/5 x 433 x 39 1/3 pulgadas).

Tal es el caso de enfrentarse de forma casual con la pieza Shoe Shine de Francis Allÿs, la cual se encuentra al pie de las escaleras que dan al segundo piso de la Colección, y que, literalmente, es un hallazgo. Se trata de una obra hecha a base de pequeñas perforaciones donde sólo se observa una mano dando brillo a un zapato, y que uno tiene que agacharse totalmente para poder apreciarla, puesto que se encuentra efectivamente a la distancia en la que uno podría estar boleando un zapato. Este tipo de elementos hace que el recorrido por la exposición sea lúdico, dinámico y gustoso.

Mostrar esta confluencia de generaciones artísticas, de medios, soportes y de propuestas tan diversas, es en cierta forma abrumador. Sin embargo, a pesar de la libertad temática que se deja al espectador, la exposición resulta tener un discurso coherente que se inserta en ese juego que se entabla entre el visitante y el espacio de exhibición.

Colectiva: Esquiador en un pozo sin fondo — imagen 5
Kiki Smith. Sistema digestivo, 1992. Tinta sobre papel hecho a mano. 213,4 x 61 x 45,7 cm. (84 x 24 x 17,9 pulgadas).

Las palabras del propio Michel Blancsubé nos sirven para comprender mejor todo el concepto de la muestra: “Todo empezó cuando se me ocurrió sacar nuevamente a la luz cierta cantidad de obras de pequeñas dimensiones, esencialmente dibujos. Me era preciso contemplar la reducción de los espacios de exhibición para que el conjunto no se perdiera en medio del desproporcionado cubo blanco. De esa decisión nació la idea de laberinto, o más exactamente, de dispositivo laberíntico. Al igual que en todo laberinto, se busca y se fomenta la desorientación y el juego, pero no hay aquí un verdadero centro, ni un punto final al cual llegar”.

En el caso particular de México, hay obra de artistas en las que convergen distintas generaciones: por una parte, los consolidados, como Gabriel Orozco, Pablo Vargas Lugo, Luis Felipe Ortega, Sofía Táboas, Carlos Amorales y Gabriel Kuri, entre otros. Por otra parte, se encuentra la obra de los extranjeros radicados en México, como Francis Allÿs, Melanie Smith y Thomas Glassford, junto con artistas más jóvenes como Stefan Brüggemann, el ya mencionado Bonillas, Ricardo Rendón, Moris, Miguel Monroy y Mónica Espinosa. De otras partes de Latinoamérica, se encuentra obra del venezolano Arturo Herrera y un par de obras del cubano Jorge Pardo.

Colectiva: Esquiador en un pozo sin fondo — imagen 6
Gabriel Orozco. Estudiantes de Sumatra. Periódico y dibujo generado por computador. 43,3 x 35,5 cm. (17 x 14 pulgadas).

Del ámbito internacional hay obra de muy diversos artistas que forman parte de la Colección, como Thomas Hirschorn, Jasper Johns, Ugo Rondinone, Paul McCarthy, Richard Serra, Sherrie Levine, Kiki Smith, Peter Fischli & David Weiss, entre muchos otros. Así como la obra de Henri Michaux, autor de la frase que da título a la exposición.

Cabe destacar la inclusión de Wall drawing #994, que había sido mostrada en México por la Sala de Arte Público Siqueiros y que posteriormente fue adquirida por la Colección Jumex. Ahora se expone en esta muestra, con una sencillez minimalista y con el reto a la percepción que generan las obras del ya consagrado Sol LeWitt.

La directora de la Colección, Abaseh Mirvali, afirma que, sin duda, ésta fue la exposición más ambiciosa que habían organizado en los cinco años que lleva de existencia el espacio físico de la Fundación/Colección Jumex. Para ella, la muestra materializa las inquietudes del curador y también de todo el equipo de trabajo. En un futuro, comenzará una nueva época en la Colección Jumex, ya que cambiará de sede. La intención es dejar una exposición permanente en el espacio que actualmente ocupa, en la zona de Ecatepec, a las afueras de la ciudad de México, y así generar una nueva área de exposiciones temporales en la zona de Polanco, lo cual atraería a un mayor número de asistentes a las exposiciones y a las actividades paralelas, al instalarse en un lugar de fácil acceso.

Siguiendo la metáfora de la exposición, visitar el fondo del pozo e internarse en sus recovecos genera no sólo la reflexión en cuanto a las posibilidades de interacción con el arte contemporáneo, sino una vivencia integral, nítida, llena de texturas y sensaciones.

ISAURA RUIZ

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