Exposición Individualene 2007 - mar 2007· Por Marta Rodríguez

Beatriz Eugenia Díaz

Museo de Arte de la Universidad Nacional

Beatriz Eugenia Díaz es una de las primeras artistas plásticas colombianas que ha incursionado en la dimensión sonora. En 1992 presentó su trabajo de grado como estudiante de artes de la Universidad de los Andes, titulado No hay absoluto, en el Centro Colombo Americano de Bogotá. Se trataba de una instalación sonora en la que tanto el sonido como la disposición de los elementos en el espacio estaban relacionados con el número 7. “En el camino, por la vía de la creación artística, siempre ha estado presente el número 7: como práctica artística, como referente para la representación, como una alusión a él, como un interés por el concepto de tiempo, como un concepto, como raíz mágica actuando en tiempo real y modificando la percepción de los espacios”1. Esta condición, unida a una estética minimalista, ha sido una constante a lo largo de su trabajo.

Exposición Individual: Beatriz Eugenia Díaz — imagen 1
Beatriz Eugenia Díaz. 77 x 14, 2006. Intervención acústica y visual. Foto: Juan Camilo Salamanca.

77 X 14, la última obra de Beatriz Eugenia Díaz, fue instalada en la sala 3 del Museo de Arte de la Universidad Nacional, un espacio cuadrangular cuyas dimensiones, casualmente, coinciden con el número 7. La parte longitudinal está conformada por setenta y siete baldosas, y el ancho de la sala, por catorce baldosas cuadrangulares. Estas condiciones físicas del espacio, en palabras de Beatriz Eugenia Díaz, convierten al número siete, en “un principio ordenador para crear una imagen que es a la vez síntesis y contrarios. Setenta y siete y catorce son sietes duplicados. Uno al lado del otro y uno que se suma a otro. La imagen es al mismo tiempo unión, separación. Contrario, complemento. Movimiento, estabilidad. Diacronía, sincronía. Cada instante visual en el espacio es la memoria de lo que fue un instante de silencio acústico”.

Las referencias que hace la artista con respecto a los factores en los que se soporta su obra resultan siempre ajustadas a un concepto espacial preciso, en este caso, las dimensiones del lugar, así como hay una estructura musical, matemática, rigurosa, que se vincula con la composición del sonido, donde Beatriz Eugenia Díaz pone en práctica su formación musical. Los conceptos que dan lugar a su trabajo, frecuentemente resultan de difícil acceso para quien no maneja el lenguaje técnico de la música; sin embargo, esas correspondencias complejas se hacen visibles y audibles, es decir, nos llegan a través de los sentidos, y esa exactitud que soporta la obra nos permite percibir una juego entre lo espacial y lo sonoro que puede convertirse en una experiencia emocional, sensible, que se impone sobre la conceptualización que le dio origen.

En el último Salón Nacional2 presentó una obra sui géneris dentro de su producción, titulada celoSie, nombre que está compuesto de 7 letras. En esta ocasión, Beatriz Eugenia Díaz por primera utilizó su voz para cantar una canción compuesta por ella, estructurada de forma compleja con el número 7. La obra se concibió para un lugar contaminado por la historia, la iglesia Santa Clara la Real en Tunja, lugar de oración de las monjas del convento de las Clarisas, un lugar cargado de memorias y voces femeninas. En la primera visita que hizo al convento, comenta Beatriz Eugenia Díaz que encontró un “reclinatorio, un libro abierto en el capítulo VII. Justo en esa página abierta, una partitura, y justo ahí, siete neumas que fueron los que dieron origen a la composición polifónica”. A partir de ese encuentro casual con el número 7, se crea esta pieza sonora que irradiaba desde el coro y, como lo hacen los vitrales con la luz, creó una atmósfera emocional que entraba en contacto con la historia, con las memorias del lugar y con el presente a través de la experiencia del espectador. Posteriormente, esta pieza sonora se instaló en la Iglesia Museo de Santa Clara, en Bogotá.

En 77 x 14, la obra se inserta en un lugar neutro, blanco, en cierta forma desprovisto de historia, o por lo menos ésta no se tuvo en cuenta; lo que se convirtió en el punto de partida definitivo fueron las dimensiones físicas y auditivas del espacio. Comenta la artista que en su trayecto creativo se encontró “con este espacio, (…) y pensé en habitarlo. Lo primero fue escucharlo. Contó y lo escuché. Oía y escuchaba su silencio. Y conté: 77 x 14. Pleno de sietes, quise habitar este espacio. (…) Sentí piso y techo. Arriba, vacíos en la periferia. El sonido podía venir de arriba. Abajo, un encerramiento visual al centro. El dibujo podía venir de abajo. Baldosas de color gris claro enmarcadas por baldosas de color un poco más oscuro. Conté las baldosas que estaban enmarcadas a lo ancho. Conté catorce. Conté a lo largo. Conté setenta y siete. Una retícula. Setenta y siete por catorce”.

Esta particular percepción del espacio dio lugar a la instalación visual y sonora 77 x 14. En el piso se dispusieron pequeños palos de bambú delicadamente cortados al tamaño de cada baldosa y dispuestos con sumo cuidado sobre cada una de ellas, siguiendo en cada una un orden distinto, creando así una especie de escritura o de pentagrama que evocaba alguna caligrafía oriental. Este dibujo se relaciona con las unidades sonoras y sus respectivos silencios, con las proporciones del espacio, entonces con el número 7. El sonido provenía del techo, se trataba de una pieza sonora que se construyó a partir de una grabación en la que se recogió el ruido que se originó al hacer el dibujo, se registró el golpe de los palos de bambú al caer al piso, de manera que en él se recoge la “voz” del espacio, su timbre, su acústica. Este sonido luego es procesado en el computador siguiendo unas pautas precisas que fija la artista, donde el número 7 tiene una presencia estructurante.

La delicadeza del sonido y de la disposición de los elementos en el espacio se convertía en una experiencia visual y sonora que, como es recurrente en la obra de Beatriz Eugenia Díaz, nos conecta con la estética minimalista. En esta instalación, los elementos que la conformaban involucraban nuestro cuerpo y nuestros sentidos, nos invitaban a hacer un recorrido por este espacio que por primera vez nos dejaba escuchar su voz y sus sabias proporciones.

NOTAS

1. Beatriz Eugenia Díaz, reflexiones en torno a 77x14

2. Esta obra hizo parte del proyecto curatorial de la zona central de Natalia Gutiérrez, “Un lugar en el mundo”, que se llevó a cabo en las ciudades de Tunja y Bogotá, 2005-2006.

MARTA RODRÍGUEZ

Beatriz Eugenia Díaz, por Marta Rodríguez | artnexus