La audaz obra de Augusto Zanela (Buenos Aires, 1967) trabaja desafiando la percepción; juega con la ilusión y con la participación del espectador, ofreciendo un marco para la reflexión. En la planta baja de la galería Praxis presenta una pequeña retrospectiva con registros fotográficos de realidades virtuales y una instalación en homenaje a Duchamp, en el piso superior. Sus piezas incluyen trampas para el ojo que cuestionan los modos de representación y de discernimiento tanto del objeto artístico como de la realidad.

Artista y arquitecto, docente e investigador, Zanela arma instalaciones donde utiliza el clásico concepto de anamorfosis, un ingenioso proceso de construcción óptica de la perspectiva. Uno de los más famosos ejemplos de anamorfosis puede verse en la parte inferior de la pintura Los embajadores, 1533, de Hans Holbein, exhibida en la National Gallery de Londres. Allí aparece una forma oval, que en verdad es una calavera humana deformada cuando es vista de frente, pero que deja ver su verdadero perfil cuando es observada desde su lado derecho y a muy corta distancia.
Para obtener las 16 fotografías aquí exhibidas, Zanela inventa situaciones que sólo ofrecen una imagen regular desde cierto punto. Ese es el preciso lugar desde donde el artista las documenta. Nada hay casual en estas imágenes, de entre 1997 y 2004, en donde Zanela primero interviene el espacio con cintas, maderas, tizas, hilos, para organizar figuras geométricas u objetos como Pieza de Madera, 2003, hecha con madera reciclada, o Rombo. Fundación Proa, 1998. La realidad se cuela por ese “rombo” que dialoga con el piso en damero de la terraza de la Fundación Proa, incluyendo en el paisaje a unos feos edificios de la década de Setenta, pero también al legendario Puente Viejo característico del barrio de La Boca. Nuevamente, Fundación Proa y su interior intervenido con materiales sencillos para ofrecen resultados agudos: cinta autoadhesiva para crear Dos rectángulos. Fundación Proa, 2004.
Sus instalaciones suelen ser relampagueantes. Zanela permanece trabajando uno o dos días, como mucho una semana, en el lugar en donde desarrolla el proceso de construcción óptica que crea la perspectiva para la foto. Observadas en el sitio y desde el punto de vista habitual, las distorsiones se multiplican en estas intervenciones, que desaparecen en las fotografías tomadas por el artista.
La muestra continúa en el primer piso de la galería con otro juego de ilusión perceptiva. MD-Remix, 2006, es la video instalación en donde Zanela liga el primer ready made de Marcel Duchamp, Bicycle Wheel, y uno de sus dibujos de rotorrelieves, una serie de discos con círculos concéntricos que al girar regularmente generan una imagen hipnótica. Así, Zanela suma dos obras de Duchamp que no fueron concebidas para mostrarse juntas. “El nombre de la instalación, MD Remix, surge como aplicación de un concepto contemporáneo de ‘mezcla’, que es propio del campo de la experimentación sonora y que traslado al campo de la imagen” dice el artista. En este homenaje a Duchamp, irónicamente, no se escucha sonido alguno.
La video instalación MD Remix consiste en el emplazamiento en un rincón de la galería de una rueda de bicicleta en movimiento continuo (aunque la famosa bicicleta de Duchamp está siempre fija sobre su base), montada también aquí en un banco de cocina, junto a una cámara de circuito cerrado de video que capta al objeto y lo proyecta sobre un simplificado dibujo del rotorrelieve en la pared. Esta captura y transmisión en tiempo real produce un efecto de retroalimentación (feedback) de las imágenes mezcladas, presentando al espectador la imagen en el plano, su proyección en el espacio y su repetición infinita en una pantalla situada en el frente de la galería, desde donde también los transeúntes pueden ver uno de los aspectos del trabajo.
“Zanela crea una obra que tiene la virtud de ser en un principio entretenida y, a medida que avanza su juego, una de las últimas versiones de nuestra paranoia” apunta Gonzalo Aguilar en la presentación de la muestra. En ese sentido, la instalación vuelve a confirmar el potencial de la retroalimentación de las imágenes y los significados que pueden adquirir los circuitos cerrados de video en una sociedad cada vez más vigilada por una multiplicidad de cámaras omnipresentes tanto en ascensores y en entradas de edificios, como en calles para registrar la infracciones de los automovilistas y en las plazas o esquinas neurálgicas de la ciudad para controlar a la ciudadanía.
A través de las poco convencionales y sutiles fotografías y video instalación de Zanela, el espectador habrá de recordar que no existe tal cosa como una percepción directa de la realidad y que –tanto en su obra como en la vida– es preciso cuestionar las certidumbres, puesto que todo depende desde donde se las mira.
VICTORIA VERLICHAK
