Es cierto que, como diría Fernando Ortiz, “(…) sin el negro, Cuba no sería Cuba”, pero a la vez, como también dice el refrán popular: “los cubanos: o no llegamos o nos pasamos”, de ahí que el componente negro en nuestra nacionalidad siempre se ha sobrevaluado dentro del mestizaje cultural, por encima del resto de los elementos raciales; trayendo como consecuencia que se estabilice una visión cliché de la isla. Las representaciones que hace la contemporaneidad de ciertos estereotipos raciales y culturales guardan una conexión estrecha con los tipos de imágenes popularizadas a partir de la esclavitud, y sobre ello comenta Alexis Esquivel en Criollo Remix, su reciente muestra personal en la Galería Habana Club del Museo del Ron. Su propuesta mixtura lo “colonial” y lo “postcolonial” en un discurso inteligente, que echa manos al humor característico del cubano. A él le preocupa la manera distorsionada en que el mercado negocia dichos estereotipos, partiendo del hecho de que Cuba es un país de economía precaria, donde el turismo pasa a ser inevitablemente el primer rubro exportable.

Para armar estas historias se sirve de las arquetípicas figuras negras de artesanía comercial, tan usuales en cualquier feria popular cubana, y las convierte en protagonistas de sus quince piezas de pequeño, mediano y gran formato. Dos de ellas están resueltas técnicamente a través del dibujo sobre cartulina, y el resto, con pintura acrílica sobre lienzo, para permitirse un constante rejuego irónico con las figuras y el fondo: a ratos tapando una capa de pigmento sobre otra, otra ensuciando o haciendo veladuras, como en una eterna reinvención de relatos. Confiesa disfrutar esta especie de palimpsesto, porque para él “el cuadro real va encima de lo pintado anteriormente”. Este autor construye historias sobre historias, en un comentario acerca de cómo los imaginarios nacionales pueden reinventarse más allá de maniqueísmos ideológicos, políticos y culturales usados históricamente por los centros de poder simbólico para presentar la Otredad. En ocasiones, dichos emisores coloniales han necesitado “lavar” en los negros su sexualidad y han usado los cuerpos de éstos para proyectar un relato de sexualización ajena a la raza blanca.
Criollo Remix, además de ser un título simpático, resulta de la reinterpretación que hace el artista de toda la experimentación que significó el siglo xx en materia de arte. Fue en esta etapa cuando comenzó a releerse y reescribirse la Historia del Arte en términos críticos que emplazaban desde sus funciones dominadoras hasta su probable vaciedad expresiva; dando paso precisamente a una aceptación del Otro como parte de los reordenamientos culturales. Esquivel halla en el bad painting la manera más efectiva de revisar dicho discurso, para remarcar el rechazo que esta folclorización desmedida puede engendrar. Sus personajes negros, tanto femeninos como masculinos, son trabajados bajo las “formas malas” y con colores sucios, que enfatizan una vida ligera mediatizada por el sexo, la música y el alcohol; y de tono lastimero, por su condición de personas serviles. Valga aclarar que el modo en que los artesanos cubanos interpretan a este grupo racial es a la usanza de los esclavos.
El sentido del humor pulsado hasta el sarcasmo es un aspecto a resaltar en la propuesta. Obras como La celosa de Rodas, ¿Nos gusta la pachanga?, Carnavales del 73 y La concepción del mundo son algunas donde tal característica se vuelve notoria. La primera de estas piezas mencionadas abre el recorrido de la muestra y alude a la archiconocida estatua de Apolo, convertida aquí en actitud de hembra en celo, defensora a ultranza de su macho criollo. Para ello lleva en su cabeza un “bilongo”, suerte de amuleto de las prácticas religiosas afrocubanas que supuestamente la protegerá de perder a su amante.
Durante los últimos años en Cuba el turismo se ha multiplicado, lo cual ha traído como consecuencia que cada vez más el gusto del extranjero se estabilice como un criterio de valor, lo cual incide no sólo en el turismo sino en muchas otras esferas de la vida. Él que viene de fuera dicta lo que le deben ofertar. Lo que viene de fuera impone un rasero de calidad. Así opera la mentalidad del cubano medio que tiene que sobrevivir a cualquier precio. Y como es el turista quien decide lo que va a comprar, de ahí que elija al negro como fetiche. Su deseo no satisfecho de “traficar” con la diferencia trata de resolverlo también en el nivel de la visualidad.
Desde hace tiempo Alexis Esquivel viene trabajando en estas piezas tan ricas en texturas como en interpretaciones, y no fue hasta ahora que consiguió madurar completamente un discurso que pone el dedo en la llaga respecto al uso y abuso de los estereotipos raciales y culturales, los cuales muchas veces son manipulados, incluso, con fines políticos. Por ahora, él prefiere utilizar el humor, para reflexionar sin angustiarse.
AMALINA BOMNÍN
