Exposición Individualoct 2006 - dic 2006· Por Claudia Calirman

Tony Bechara

Latin Collector Art Center

A primera vista, las pinturas de Tony Bechara parecen muy caóticas. Sin embargo, este aparente caos es el resultado de una labor minuciosamente orquestada que consiste en yuxtaponer una miríada de coloridos cuadros. Desde lejos, estos lienzos se ven como si estuvieran compuestos al azar, pero cuanto uno más se acerca, más se da cuenta de que estas obras están conformadas por una rejilla geométrica abstracta muy organizada.

El efecto más sorprendente de los lienzos de Bechara es la infusión de elementos fortuitos en la rigidez de la rejilla. Sus pinturas son la locura del orden, o el orden del caos, por la forma en que perturban la organización de la cuadrícula geométrica, introduciendo en ella el elemento azar del movimiento Dada. Y, de hecho, nos recuerdan el famoso collage de 1916-17 de Jean Arp, Collage Arranged According to the Laws of Chance, en el que Arp, una de las fundadoras de este movimiento, dispuso en forma casual cuadrados irregulares de papel rasgado pegados sobre una superficie gris. Cada una de las pinturas de Bechara está construida con un número de colores predeterminado que puede variar entre 25 y 100 colores diferentes en cada obra, repartidos de manera sistemática y aplicados al azar en pequeños toques de pintura de un cuarto de pulgada —distribuida primero con múltiples aplicaciones de cinta—, cubriendo todo el lienzo con una rejilla con miles de cuadros. El proceso de la pintura es mecánico, obsesivo, repetitivo y demanda mucho tiempo; sin embargo, la obra final es un juego de luz y color para crear ilusión.

Exposición Individual: Tony Bechara — imagen 1
Tony Bechara. 29 colores, 2006. Acrílico sobre lienzo 25,4 x 25,4 x 7,6 cm. (10 x 10 x 3 pulgadas). Foto: Lindsay McCrum.

Bechara no puede predecir la forma final que tendrán las obras para el espectador. Él controla sistemáticamente los toques de pintura aplicados a cada cuadro del lienzo, pero debido a la complejidad de su técnica —mediante la mezcla de numerosos colores en la paleta—, el elemento casualidad siempre se convierte en parte de la obra. Según el artista y escritor puertorriqueño Antonio Martorell: “la cuadrícula cromática de Bechara es tejida como una telaraña, mas no una que se torna una trampa mortal sino más bien un trampolín de color que vibra para convertirse en nuevas formas que aparecen y se desvanecen a medida que el ojo recorre el lienzo”.

Las obras tienen algo del impacto de los paisajes puntillistas de George Seurat, aunque los lienzos de Bechara rechazan cualquier elemento narrativo. Sus pinturas se ven como si retrocedieran en el tiempo —desde el enfoque científico de Seurat hasta la teoría del color—, incorporando las ideas de Clement Greenberg sobre la cuadrícula modernista. Bechara ha sido llamado el “puntillista de la era digital” por su creación de una superficie acrílica pintada que sugiere una imagen generada por computador construida por miles de píxeles.

Su Random Series, en la Galería Andre Zarre, de Chelsea, enfatizó su permanente interés en los efectos ópticos que resuenan entre el ojo y la mente del espectador produciendo un juego sobre la percepción visual. Bechara, quien nació en Puerto Rico, llegó a Washington en la década de 1970 para estudiar derecho y relaciones internacionales en la Georgetown University. Desde entonces, sustituyó su interés en las leyes por su inmersión en la pintura, pero todavía utiliza sus habilidades diplomáticas en su cargo como presidente de la junta de El Museo del Barrio, de Nueva York, donde ha trabajado durante los últimos siete años.

Al mismo tiempo con esta exposición en la galería Andre Zarre, en el nuevo espacio que la galería Latin Collector inauguró en 57th Street se estaba llevando a cabo Recent Paintings, donde se muestra a Bechara como un artista que está tratando de ampliar sus obras hacia nuevas posibilidades. En sus pinturas recientes el artista adoptó nuevos formatos, creando obras como Quadryptich 1, que une cuatro lienzos separados, cada uno hecho de 40 tonos diferentes de brillantes verdes, amarillos, azules y rojos, respectivamente. También creó pequeñas pinturas cuyas formas semejan cajas, como 29 Colors (de unas 30,4 x 30,4 cm), en las que los bordes de los lienzos también fueron pintados.

En estas últimas pinturas el artista también se desplazó hacia formas más fluidas. Las pinturas son más orgánicas, están organizadas de manera más libre, empleando formas orgánicas y biomorfas, cuyo resultado es menos geométrico y rígido que el de obras anteriores. Esta nueva serie sugiere la interacción de figuración y abstracción dentro de la cuadrícula geométrica y nos muestra que la obra de Bechara va hacia una nueva investigación que será interesante seguir.

CLAUDIA CALIRMAN

Tony Bechara, por Claudia Calirman | artnexus