Exposición Individualoct 2006 - dic 2006· Por Craig Houser

Pedro Lasch

The Queens Museum of Art

¿Recuerda cuando el arte podía, a veces, servir a un propósito político? Pues bien, durante los últimos ocho años, Pedro Lasch, artista, educador, activista y organizador cultural, creó un conjunto de obras que nos recuerda la importancia del arte en su contexto social más amplio. Para su primera exposición individual en un museo, Lasch desarrolló interacciones conceptuales a las que llamó open routines, en las que el espectador participaba y desarrollaba un sentido de conocimiento de sí mismo y conciencia política.

Una serie de obras titulada Naturalizations (Selections) (2002/2006) involucraba la utilización de máscaras de plástico planas, de aspecto genérico, cuyo simple diseño rectangular con tres pequeñas aberturas horizontales —dos para los ojos y una para la boca—estaba total o parcialmente cubierto con espejos. En Point-Counterpoint Fusion (Homage to Daniel Buren) (2004/2006), se alentaba a los espectadores para que usaran máscaras con rayas que se alternaban de manera uniforme con bandas verticales transparentes y de espejos. Al caminar por la galería, el visitante enmascarado se veía entonces parcialmente expuesto a través del plástico transparente, y quienes lo miraban podían también verse a sí mismos en las franjas de espejos. Como resultado, las caras se fusionaban, y el sentido de individualidad de cada uno, normalmente definido por el rostro, se ponía en duda. Como lo dice el título, la obra de Lasch le rendía tributo al artista francés Daniel Buren, quien empleó la raya vertical como su herramienta visual para tratar las estandarizaciones de la producción artística. Para Lasch, esta estandarización se relaciona con aspectos más amplios de identidad social, determinada a menudo por la nacionalidad, la raza, el género y la edad, así como por la frenología y otras convenciones de medición impuestas por la sociedad, como las relacionadas con estándares de belleza (por ejemplo, peso y estatura). En Point-Counterpoint Fusion, nuestra apariencia, ya fuera parcial o totalmente revelada, significaba todo, y la percepción de nuestra individualidad y nuestra identidad más amplia, socialmente determinada, aparentemente entraban en conflicto.

Exposición Individual: Pedro Lasch — imagen 1
Pedro Lasch. Latino/a América, 2003. Acrílico sobre pared y 7 paneles individuales, tinta sobre papel. 360 x 450 cm. (141 3/4 x 177 pulgadas).

Otra obra, A Sculptural Proposal for the Zócalo (1999/2004), tenía la intención de ser un proyecto público temporal. Lasch quería tomar el andamiaje interno que se había utilizado para mantener la infraestructura de la catedral de la ciudad de México durante su restauración (1989-1999) y colocarlo frente a la iglesia, en la mitad de El Zócalo, una plaza azteca que durante siglos ha sido la plaza pública más significativa de México, rodeada no sólo de la catedral sino también de oficinas del gobierno y palacios que fueron erigidos durante y después de la dominación española. Si el proyecto se hubiera realizado, habría tratado en público el tema de las tensiones entre las culturas pasadas y presentes de México y las interrelaciones actuales de la Iglesia y el Estado.

Quizás la obra más conmovedora y oportuna de la exposición era su Latino/a America Series (2003/2006), sobre cartografía y la migración entre Estados Unidos y México. Jugando con convenciones de color empleadas para crear mapas, Lasch pintó a Norte y Suramérica totalmente en rojo y en letras blancas les puso a los dos continentes una etiqueta que decía “Latino/a America”. Este gesto se refiere a las turbulentas historias de los colonizadores europeos y los nativos americanos, y a la situación actual con relación al reforzamiento de los límites entre México y Estados Unidos. En 2003, Lasch les entregó cuarenta de estos mapas a veinte personas que viajarían entre los dos países y les pidió que una vez cruzaran la frontera conservaran uno de los mapas para ellos y le devolvieran el otro junto con una versión personal de su experiencia. Hasta el momento, el artista dice haber recibido ocho de estos mapas, que fueron colgados en la exposición en diversos estados de deterioro. Debajo de cada mapa se revelaban las historias individuales. Una mujer contó cómo había cruzado la frontera 315 veces, la peor de las cuales fue cuando viajó con su madre y su abuela, debido a que, por representar razas diferentes, las autoridades se negaron a creer que estuvieran emparentadas y las detuvieron para interrogarlas.

Aunque la obra de Lasch fomenta la conciencia política, parece necesario hacer unas cuantas preguntas difíciles: ¿qué tan provocadora es la obra? ¿Es lo suficientemente fuerte para llevar a cabo un cambio social? ¿Les predica sólo a los pensadores de izquierda ya convertidos? Al final, el tiempo lo decidirá. Sin embargo, en una época en que la apatía parece dominar el modo de pensar de los ciudadanos estadounidenses, el pedido de Lasch de un arte político que involucre al espectador y encare temas sociales más amplios que están en juego para muchos americanos —sin importar dónde vivan ni cuál sea su nacionalidad— parece llenar un vacío notable en gran parte del arte producido durante esta década.

CRAIG HOUSER

Pedro Lasch, por Craig Houser | artnexus