Western Civilization (Civilización occidental) es la primera exposición personal de Liset Castillo en Miami. Se inauguró el 10 de junio en la Galería Luis Adelantado en el Wynwood Art District y estará expuesta hasta finales de septiembre. La exposición consta de cuatro fotografías, una instalación y una escultura.
La instalación ocupa una buena parte del área de exposición y está ubicada en una sala individual de la galería. Se espera que permanezca en exhibición hasta el final de la muestra. Es la primera vez que Liset Castillo deja una instalación por tanto tiempo, quizás no lo había intentado antes por la propia naturaleza efímera del material utilizado: arena. Aunque conserva su estructura original, cada día se pueden observar cambios en la obra. El cambio que se observa fundamentalmente es en el tamaño de la pieza, que aunque conserva su forma y estructura original, ha ido disminuyendo paulatinamente, posiblemente como consecuencia de la evaporación. Para esta instalación, hecha exclusivamente para la exposición y por supuesto in situ, Liset Castillo utilizó 2.500 libras de arena. La instalación semeja un inmenso cráter con otros más pequeños alrededor, una imagen que recuerda las fotografías de la superficie lunar.

La escultura, titulada La capital de crisis perpetua, fue concebida en acrílico, uno de los materiales de carácter más permanente con los que Liset Castillo está experimentando. La pieza consiste en un gigantesco laberinto, en el que la transparencia del material da una sensación de estar atrapados físicamente y a la vez visualmente libres.
Las fotografías de Liset Castillo son preconcebidas como esculturas en arena. Son creadas en una escala mucho menor que la que refleja la fotografía, siendo de hecho una imagen manipulada. Las imágenes capturadas en las fotografías parecen ser de una escala más monumental, nunca asoma la menor sospecha de estar frente a una escultura creada en una escala considerablemente menor. Lo interesante de estas imágenes es que, a pesar de ser originalmente de un tamaño mucho menor, no se siente esta tensión en las fotografías. Otro aspecto de la manipulación es que fueron creadas en su estudio, aunque dan la impresión, intencionalmente, de haber sido tomadas en exteriores.
El interés de Liset Castillo en trabajar con arena devino de una serie de fotografías que hizo en las playas de Cuba. El objetivo de su lente entonces era, precisamente, castillos de arena. La fotografía en exteriores resultó un reto especialmente en cuanto a controlar la intensa luz, por lo que Castillo decidió comenzar a experimentar en interiores. Este proceso fue gradual, primero trabajó en un jardín, donde había una luz menos resplandeciente que al lado del mar, y finalmente, en un estudio. Actualmente, toda su obra es producida en su estudio, con excepción de las instalaciones.
El proceso de concepción de estas obras es bien laborioso y extenso. Cada pieza puede tomarle un par de semanas. Para trabajar, Liset Castillo utiliza simples instrumentos, como moldes de hornear, palas, palillos de dientes, etc. Una vez terminada la pieza, es fotografiada y destruida, pasando la fotografía a ser, más que una memoria, la obra propiamente. El haber recurrido a la arena como material de trabajo denota una intención totalmente efímera, y al utilizar la fotografía se asegura de la permanencia de la obra.
En esta exposición, con excepción de la instalación, todas las piezas exploran el tema del laberinto, a diferencia de piezas anteriores, en las que se interesaba más por otros aspectos de la arquitectura. Estas enigmáticas imágenes evocan antiguas civilizaciones, pasadizos escondidos y olvidados que parecen haber sido rescatados del paso del tiempo.
Liset Castillo utiliza los laberintos como una metáfora para expresar las distintas etapas de la vida. El clásico momento en el que todos buscamos direcciones, la decisión en las cuatro esquinas que pueden cambiar irreversiblemente el rumbo de la vida. Desde el archiconocido mito del laberinto de Creta, en el cual se refleja el temor al enfrentamiento a lo desconocido, y de cierta manera lo inevitable del futuro, una especie de juego al azar que podría representar la diferencia entre la vida y la muerte, como en el mito. Liset Castillo nos está hablando de la brevedad del tiempo, de la dicotomía suerte-destino, entre lo premeditado, el albedrío y lo que se construye.
IRINA LEYVA
