Puso una pica en Art Basel podría titularse una reseña sobre el reconocimiento creciente del artista Jesús "Bubu" Negrón Puerto Rico,1975, incluido en menos de un año en tres eventos importantes: la Trienal de Turín, la Bienal del Whitney y la feria internacional de arte Art Basel, en ésta última, con un proyecto especial: Picas, museos y ferias.
La pica era una especie de lanza, un arma para la batalla en la España del rey Felipe IV, quien, al encontrar la resistencia de los hombres para alistarse en su ejército, estableció el reclutamiento obligatorio para “poner una pica en Flandes”, según leía la ordenanza. Al cabo, la frase se convirtió en metáfora del éxito en una empresa difícil.

"Bubu" no se ha alistado en el ejército ni la pica en cuestión es un arma, sino un juego de apuestas, muy popular en Puerto Rico, que simula las carreras de caballos en una especie de ruleta-carrusel de madera. Se encuentra comúnmente en ferias de pueblo, cantinas y demás espacios del “bajo mundo” para hacer accesible a los pobres la pasión del hipismo. En el centro de este ámbito están los piqueros, los pintorescos personajes que pregonan las carreras, manejan la pica, recogen las apuestas y distribuyen los premios. Y completa la escena el apostador, que tiene algo de adicto y algo de inversor.
Pues bien, el artista convirtió la pica pica común y corriente —con la ayuda de un apostador que la compró— en una obra de arte al señalar mediante una declaración la analogía entre su funcionamiento y el del mundo del arte. Los caballos son los artistas, los apostadores son los coleccionistas y los piqueros, claro está, los promotores, institucionales o no, de la carrera de los caballos, digo, de los artistas.
En la época del conceptualismo, esta ocurrencia hubiera quedado en una frase; probablemente publicada en una revista o bellamente impresa en la pared de una galería; algo así como: “cada artista es un caballo de carreras”. Pero hoy no. En la era de la información, se impone la presentación sobre la representación, lo obvio sobre lo sutil, la rosa sobre el nombre de la rosa, diría Umberto Eco.
Picas, museos y ferias (2006) es, pues, una obra antipoética, una metáfora que una vez dicha se convierte en una metáfora muerta. Su importancia no estriba entonces en el enunciado. Por el contrario, lo que resulta interesante en ella, como sucede con otras piezas de este artista, es su recepción.
La pica fue la propuesta con que "Bubu" pretendía participar en la Bienal del Whitney, pero los organizadores la censuraron o, para repetir el eufemismo utilizado, la declararon “no ejecutable”, debido a que no obtuvieron un permiso de exención a la ley estatal de Nueva York que prohíbe realizar juegos de apuestas en las aceras.
Poco después, la galería Comercial presentó la pica en San Juan, como un preview de lo que sería su presentación final en Art Basel. La policía intervino en el espacio cuando se percató de que se estaba jugando ilegalmente. Hubo arrestos, confusión, pero la obra no fue confiscada porque el galerista ofreció a los oficiales una disertación sobre el arte de la pica.
La negación de la Bienal del Whitney provocó decepción y una breve disputa a raíz de declaraciones de "Bubu" Negrón sobre la sugerencia de los curadores para reemplazar la pieza (la discusión giró en torno a los roles de artista y curador). Sin embargo, lo que resulta significativo es el hecho de que la pica ha colocado una interrogante sobre la supuesta legitimidad utópica o eficiencia cultural de las instituciones, en comparación con el mercado del arte. El galerista contuvo a la policía y la feria de Art Basel propició la realización de un proyecto que había sido censurado por un museo emblemático de la escena del arte.
Varios trabajos de "Bubu" se inscriben en esta sensibilidad que tantea los límites de lo permitido. En Vela Parking Services (2003), por ejemplo, diseñó un uniforme y tarjetas de negocios y los distribuyó entre deambulantes que colectan dinero cuidando vehículos en los estacionamientos públicos del Viejo San Juan. Este tipo de negocio informal, surgido espontáneamente de la necesidad social, es legitimado por el artista cuando dignifica la imagen de los veladores. Pero aun así, sigue siendo ilegal.
Las instituciones existen idealmente para proteger los derechos civiles, entre ellos, la libertad de expresión. Sin embargo, subsisten gracias a las aportaciones de intereses económicos, que no dudan en ejercer el poder de censura cuando lo estiman pertinente. El mercado de arte está a la caza de estas fisuras en el sistema institucional, que crea valor en las obras involucradas. Al cabo, sale fortalecido con la absorción de lo que ha sido objeto de censura, como una pica en Art Basel.
ELVIS FUENTES
