Del 10 de mayo al 9 de junio, la Galería Millán Antonio acogió una prolífica individual del artista carioca Jarbas Lopes (1964) denominada POLÍTICA: DI-VI-DA, en la que vuelve a incidir con su proverbial sagacidad, amparada en una fina vena irónica, sobre la problemática de los diversos modelos políticos vigentes en Brasil. Su trabajo es el resultado decantado de una experiencia de discernimiento, que concreta en nuevos e inusitados metalenguajes estéticos, antropológicos y sociales, los cuales culminan en un ciclo instalatorio, con un corpus de obras bien diferenciado: la serie O Debate, que viene desarrollando desde 1998, las dos esculturas objetuales, de carácter site-specific, conformando un todo espacial y situacionista, titulado: Para o mal, o para o bem, los dibujos efectuados en blanco y negro, así como la escultura Agricultura Familiar, Transgénico e o Cu da Mãe, colocada en el jardín de la galería.

Por otra parte, cabe destacar que Lopes ha sido invitado para participar como expositor en la inminente Bienal Internacional de São Paulo, por su curadora, la crítica de arte brasileña Lisette Lagnado.
En la serie O Debate, Lopes manipula ex profeso residuos y detritus urbanos, restos de la parafernalia publicitaria y proselitista de diversas elecciones políticas, para dar cuerpo a cuadros-objetos, proponiendo una salida fuera del marco o frame, por medio de telas mordidas, flexibles, entretejidas, de grandes dimensiones, efectuadas con recortes entrelazados de lonas plásticas para uso exterior. Según palabras del propio artista, se trata de “un ejercicio plástico que desde sus inicios se concibe en tanto referencia a una política, como forma avanzada de equilibrar las ansiedades y relaciones sociales, que elegimos experimentar como tales”.
En efecto, los rostros fraccionados simulan donar su materia heteróclita a la evocación de un universo de postimágenes, sin causa ni consecuencia, en los amasijos urdidos que contempla el espectador. Los cuerpos “maquillados” son enlaces metonímicos de escaparate o de spot publicitario, donde las formas camufladas se suceden de acuerdo con variados recortes e incisiones. Cada boca, cada hilera de dientes, los ojos multiplicados, aparecen como elementos corporales con una progresión serial no del todo regular. Son, pues, parodias burlonas de sinécdoques corporales. La idea conductora de Lopes consiste en que, con ciertos detalles fotográficos “apropiados” de los cuerpos ajenos, se puede llegar a crear imágenes de mayor amplitud y contundencia, para construir esos bloques pictóricos, gigantescos y redundantes, que sólo se perciben unitariamente desde lejos.
En este sentido, el artista carioca halla una cifra común entre la realidad y la política, asumiendo que esta última, en algunas ocasiones, puede llegar a parecerse al arte. Para producir sus efectos de reconstrucción del estatuto de la imagen representacional, dentro del formato “retrato”, Lopes opera generando una verdadera simbiosis de egos diseminados y extrapolados, que pierden sus huellas fisonómicas y caracterológicas, donde el “yo” desaparece subsumido por el “otro”, en una mezcla aditiva de gestos distorsionados y tramas expansivas que se superponen unas a otras sin cesar.
La textura y el “granulado” de las imágenes, ampliadas a partir de las sobras de las contiendas electorales, resultan gruesos y de una consistencia rotunda, de fuerte fisicalidad, rememorando los tapetes y alfombras artesanales. Todo ello, nos devuelve a la realidad de las cosas: no observamos auténticas fotos, sino objetos que ostentan imágenes desfasadas, fragmentadas, como si fuesen “marcas” clandestinas y desmesuradas de una realidad acuciante. Estas obras representan fugaces momentos de varias vidas, en las que Lopes reflexiona acerca de la ambivalencia del lenguaje fotográfico como un medio “artificioso” que congela la vida deteniéndose en lugares, acontecimientos e instancias completamente casuales. Las personalidades complejas y mutables de sus modelos postorgánicos aluden a una mirada múltiple, no unívoca, ni creadora de una sola pieza. El artista hace las veces de un voyeur escrutador, empecinado en mostrar las tensiones existentes entre instantánea y relato. Las lonas vinílicas manipuladas fueron recogidas después de las elecciones de 2004, y en ellas se pueden identificar certeros cortes longitudinales del material, que se trenza y teje por detrás de cada obra, tramando la penetración dialéctica de la imagen. Todo aquí parece familiar, pero, al mismo tiempo, impenetrable.
El ciclo de los dibujos en blanco y negro, expuestos en sucesión, en una de las alas internas de la planta baja, pertenece a una serie anterior y sirve para reforzar el diálogo visual entre los diferentes cuerpos iconográficos.
Para o mal o para o bem es un assemblage escultórico topo-específico, que Lopes decidió ubicar, intencionalmente, en la explanada del ingreso a la galería. Se trata de dos autos Wolkswagen, uno blanco y otro negro, unidos solamente por el mismo chasis.
El primero mantuvo su estado original, pero abierto y boca abajo, mientras que el segundo fue desfuncionalizado como tal, con sus vidrios oscurecidos, vaciado íntegramente y obturado por todas partes. Aquí, el artista se propuso subrayar la dimensión alegórica del objeto sociológico usado como material ruinoso y desvencijado. Para ello supo trazar un paralelo semántico entre los autos y las políticas decadentes de América del Sur, en la época de los combustibles fósiles.
Agricultura Familiar, Transgénico e o Cu da Mãe mantiene un rango de escultura efímera, que halla su locus en el jardín de la galería, dentro de un cantero de madera, rodeada de plantas frescas, como otro objeto alegórico de la serie O Debate, llevando al límite la metáfora del collage orgánico.
CLAUDIA LAUDANNO
