Exposición Individualoct 2006 - dic 2006· Por Isaura Ruiz

Francisco Toledo

Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público

Sapos, serpientes, grillos, monos, murciélagos y algunos otros animales legendarios reinan en la mitología fantástica de Francisco Toledo (Juchitán, Oaxaca, 1940), considerado el artista mexicano vivo más reconocido. Esta fama tiene que ver con diversos factores: un estilo propio que se ha caracterizado por retomar la tradición indígena y llenarla de metáforas, ensoñaciones, erotismo, a veces ironía y otras tantas de humor e irreverencia, pero siempre llenas de magia y maestría.

A la par de su producción artística, otro factor que lo ha llenado de elogios es su faceta como promotor cultural y fundador de varios centros culturales en su estado natal, como el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, y ahora, el Centro de Artes de San Agustín Etla, pequeño pueblo fundado en el siglo XVI, a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Oaxaca.

Exposición Individual: Francisco Toledo — imagen 1
Francisco Toledo. Casas de interés social, 2006. Cerámica de alta temperatura. 40 x 60 x 60 cm. (15 3/4 x 23 3/5 x 23 3/5 pulgadas).

Ese Centro de Artes es único en su tipo en América Latina, ya que conjunta el arte, la ecología y el desarrollo comunitario. Es ahí donde se encuentra el Taller del Alacrán, lugar en el que se han realizado las 40 piezas de reciente factura, elaboradas en cerámica de alta temperatura que se exhiben en el Museo del Antiguo Palacio del Arzobispado, de la Secretaría de Hacienda, en la ciudad de México. Cabe resaltar que desde hace 20 años el artista no mostraba este tipo de piezas, y que éstas fueron elaboradas precisamente para esta exposición, en el marco del XII Festival de México en el Centro Histórico.

Francisco Toledo ya ha mostrado sus habilidades artísticas en distintos medios y soportes, como la estampa, el tapiz y, principalmente, la pintura, aunado a la práctica desde hace muchos años de la cerámica, aunque en los últimos años su interés creativo se ha enfocado en particular en este tipo de medio, usualmente más ligado a la artesanía que a la escultura. México cuenta con una larga tradición ceramista desde la época prehispánica, y a lo largo de la cual las piezas de barro o de arcilla han tenido usos ceremoniales, utilitarios o decorativos.

En años recientes, escultores de renombre como Javier Marín o Paloma Torres han utilizado el barro de Zacatecas o de Oaxaca como materias primas para sus esculturas, exentas de toda idea de artesanía y que han logrado unos resultados sobresalientes, en el que los colores, las texturas y el dinamismo conseguidos son tierra fértil para la experimentación y la implementación de más materiales y técnicas de horneado que logren efectos expresivos, llenos de oportunidades matéricas.

En esta revaloración de la cerámica como medio escultórico, Toledo logra, en las piezas que conforman la muestra, un carácter sumamente plástico, a través de las texturas, de las composiciones llenas de recovecos y de las distintas tonalidades que adquiere el material a través del modelado y del horneado. Son estas texturas y formas las que despiertan en el espectador una ¨mirada táctil¨ con la que, por medio del ojo, uno se pasea por las salientes, por las lisuras y por las rugosidades que se presentan en cada obra.

El trabajo en cerámica requiere de un gran oficio, ya que se caracteriza por el azar, en su manufactura no hay posibilidad de error, puesto que si el material no está bien compuesto o la temperatura no es la correcta, el resultado no logra ser positivo. Al emerger las piezas, siempre existe el factor sorpresa, ya que en la mayoría de los casos no se sabe a ciencia cierta qué colores tomarán los esmaltes o la superficie de la obra, por lo que el ceramista debe tener cierta intuición y un gran control sobre el material. Las obras resultantes tienen un carácter único, en el que la técnica y la temática se unen en un conjunto de símbolos y significados entrañables, cercanos a la tradición pero igualmente vigentes y expresivos.

Toledo logra obtener las formas y las texturas idóneas, las piezas no sólo destacan por lo llamativo que resulta verlas y descubrirlas parte por parte, las obras se admiran como un conjunto de personajes y de elementos que pueden bien conformar una sola narración, o ser historias separadas llenas de mito y misterio. Se observan sapos en metates moliendo frijoles junto con otros ingredientes indescifrables, un arca, la campana de Dolores, símbolo de la independencia mexicana, algunos lagartos, murciélagos en platones y hasta una olla en la que en su interior aparece un venado que atestigua con horror que lo están preparando en caldo.

Estos personajes míticos, fauna usual de Toledo, conforman una nueva realidad, llena de fantasía pero que al mismo tiempo se hace cercana al reconocer elementos cotidianos como cazuelas, platos, casitas, molinos de piedra, que en su totalidad conforman un imaginario donde el espectador se rodea de visiones y evocaciones propias de ese Juchitán añorado por Toledo que está impregnado del legado ancestral zapoteco que despierta gran interés y fascinación.

Ahora, con la apertura del taller y el interés por la enseñanza, la creación y la experimentación en distintos medios tradicionales, estas piezas de cerámica serán parte de los seres y ambientes que conforman el amplio universo de la obra de Francisco Toledo

ISAURA RUIZ

Francisco Toledo, por Isaura Ruiz | artnexus