Balelatina

Milton Becerra. Gotas y vagabundos del espacio, París, 1990. Piedra y fibra de hilo. Instalación. Foto: León Birbragher. Durban Segnini Gallery.

Feriaoct 2006 - dic 2006· Por Alberto Barral

Balelatina

Basilea

La primera edición de bålelatîna se llevó a cabo del 14 al 18 de junio de este año, de modo que coincidiera con la feria de arte más importante de Europa, Art Basel. Con 60 artistas de 28 galerías, concentró su énfasis en artistas emergentes específicamente.

El lugar escogido para la feria, Brasilea Kulturhaus, fue el escenario ideal. Estaba rodeado de un área industrial y todas las mañanas llegaban a la parte trasera del edificio camiones que descargaban vidrio reciclable, formando montañas de botellas que parecían una gigantesca instalación de Félix González Torres. El espacio, empleado con fines industriales desde su construcción en 1964, sólo fue modificado hace poco para convertirlo en un Centro Cultural, que se inauguró en mayo del año pasado. La combinación de aspereza y simplicidad fue ideal para la exhibición de arte contemporáneo, y en la terraza del último piso había un acogedor bar donde servían caipiriñas y otras bebidas tropicales muy apropiadas para combatir el ataque de las inesperadas altas temperaturas.

Feria: Balelatina — imagen 1
Oscar Muñoz. Juliana, 2000. Detalle de una serie de 9. Cubos de azúcar, café. 104,7 x 104,7 cm. (41 1/5 x 41 1/5 pulgadas). Sicardi Gallery.
Feria: Balelatina — imagen 2
Eric Shroeder Vivas. Pericolárea, 2006. PVC y cables de acero inoxidable. Dimensiones variables. Foto: León Birbragher. Henrique Faría Fine Art.

Las galerías que se hicieron presentes para esta primera exposición de arte latinoamericano contemporáneo tienen una larga trayectoria en la exhibición de artistas de todo el continente, que fundamentalmente hacía referencia a sus contribuciones nativas a un lenguaje internacional, y Bålelatîna sería un lugar ideal para el diálogo entre estas galerías y la presentación de arte contemporáneo del mercado, que por algún tiempo ha tenido su sede en Art Basel. Como lo expresó Mariangela Capuzzo, directora artística, en las notas de bienvenida del catálogo, bålelatîna sería “Un conjunto de galerías contemporáneas internacionales que exhibirían a artistas de partes del mundo llenas de vida cuya perspectiva, lenguaje artístico, visión y perfil crean un diálogo sobre el arte latino”.

Esta lengua internacional del arte contemporáneo es tan famosa ahora como el lenguaje de la Academia francesa en el siglo XIX. Estos estandarizados conceptos del clasicismo, que para nosotros son modernos, kitsch, fueron internacionalmente famosos en ese entonces, como pináculo de la excelencia, para cuando los impresionistas aparecieron en escena, y causaron estragos al abrirle las puertas al modernismo. Creo que estamos llegando al mismo nivel de uniformidad de la producción artística, excepto que ahora, con la enorme variedad de medios disponibles, muchos de los cuales son usados por los mismos artistas de manera simultánea, entender qué podría estar causando estragos o, en realidad, abriéndole las puertas a un futuro camino es desde luego más desafiante. Por supuesto que el rasgo más importante y visible de bålelatîna fue que, a menos que uno mirara con detenimiento los nombres de las etiquetas, el arte podría haber sido producido ahora mismo en cualquier parte del planeta.

Feria: Balelatina — imagen 3
Sebastián de Ganay. Cita épica de los Balcanes, 2006. Óleo sobre plástico. 100 x 100 cm. (39 1/3 x 39 1/3 pulgadas). Daniel Abate Galería.
Feria: Balelatina — imagen 4
Alvaro Verduzco. Dibujos para horizonte II, 2006. Técnica mixta sobre papel. Dimensiones variables. Nina Menocal.

El espectro de galerías que asistieron a la feria es bien conocido en el escenario internacional por sus exposiciones de artistas contemporáneos, y muchas de ellas habían participado en ferias internacionales como ARCO o las exposiciones del New York Pier. Nina Menocal, de la ciudad de México, que también fue una de las organizadoras de la feria, llevó al artista mexicano contemporáneo Álvaro Verduzco, quien dio una versión en graffiti de su realidad urbana y pintó también un fresco temporal en tiza al lado del café de la terraza, el cual, animados por el artista, los visitantes podían tocar y desfigurar, como comentario a la conducta opuesta que se espera de quien visita un museo o una galería, donde el tratamiento reverencial de los objetos se ha vuelto un ritual estándar. Otro interesante artista de esta galería fue Óscar Cueto, con su animación My girlfriend (with her Takashi Murakami handbag) helps maintain my inspiration, una exquisita crítica a las referencias a la moda que hace el arte contemporáneo, en la que el artista aparecía vomitando mientras su novia hacía oscilar su elegante bolso. La pared de jabón de Ángel Delgado en el stand de Menocal llamó mucho la atención; era un agudo comentario sobre la compensación de la creatividad, a falta de materiales en las tensas circunstancias de los países tercermundistas.

La galería Fúcares, de Madrid, se concentró en la fotografía. Notable entre su selección fue una serena serie de fotografías de los apartamentos interiores del Palacio en La Alhambra, del equipo español Bleda y Rosa, cuya remembranza visual del pasado carecía de nostalgia y sentimentalismo. Diana Lowenstein, uno de los lugares de Miami de mayor calidad para artistas emergentes, exhibió la obra de la fotógrafa argentina Graciela Sacco, que presentó imágenes recortadas de fotogramas en tonos sepia; también tenía una colorida instalación de Carlos Betancourt, unos zapatos tenis de color rojo rubí colgados en una cuerda para ropa.

Feria: Balelatina — imagen 5
Douglas Pérez. Vedado, 2006. Témpera sobre cartulina. 50 x 70 cm. (19 3/5 x 27 1/2 pulgadas). Distrito Cu4tro.

La galería de Daniel Abate, de Buenos Aires, obtuvo excelentes resultados financieros con dos artistas argentinos, Sebastián de Ganay, quien tenía una serie de pinturas fotográficas sobre el conflicto de los Balcanes, y Andrea Maccio, quien presentó construcciones en papel reciclado. La galería Casas Riegner, de Bogotá, llevó la que fue quizás la pieza más fascinante de la feria: dos maniquíes vestidos con casullas bordadas en seda por la artista colombiana Barbarita Cardozo, que parecían trajes para un ritual de una película de horror pero representaban los símbolos de bandas de rock metálico, una imaginería internacional que ahora les es familiar a los adolescentes suramericanos, que no tienen idea del significado original de estos misteriosos símbolos. También había tapices murales de banderas hechas de plumas de emú, elaborados por María Fernanada Cardoso, una artista que ha empleado material vegetal y animal en su obra, que le recuerda al espectador la magia animista y el origen del fetichismo. La galería Distrito Cuatro, de Madrid, ofreció y vendió una buena cantidad de una serie de pequeños carteles de Cuba que tenían las familiares imágenes cliché de la iconografía turística de los cincuenta y los sesenta reciclada con un toque de nostalgia, del artista Douglas Pérez, quien lleva en su propio nombre la mezcla híbrida de su cultura nativa y el consumismo de la América de la posguerra.

Garash Gallery, de la ciudad de México, llevó una interesante serie de dibujos de la artista venezolana Mónica Espinoza, semejante en estilo a Murakami. A la galería Durban Segnini le fue muy bien comerciando las abstracciones en piedra y cordón de Milton Becerra, un artista venezolano que ha seguido trabajando en las estructuras conocidas por los coleccionistas de arte gracias a Gego, cuya obra se ha destacado por los altos precios obtenidos en las subastas de arte contemporáneo realizadas en Nueva York durante los dos últimos años.

Feria: Balelatina — imagen 6
Kcho. De la serie Objetos brillantes, 2006. Madera. 74 x 57 x 57 cm. (30 x 22 2/5 x 22 2/5 pulgadas). Foto: León Birbragher. Juan Ruiz Galería.
Feria: Balelatina — imagen 7
Graciela Sacco. De la serie Resistencia: dijo sí, dijo no, 2006. Instalación con sombras de fotografías y luz. 50 x 130 cm. (19 3/5 x 51 pulgadas). Diana Lowenstein Fine Arts.

Henrique Faría, de Nueva York, presentó Pericolarea, de Eric Schroeder, una escultura de apariencia frágil hecha en alambres de acero inoxidable, que reproducía la fórmula química de la cocaína (el título era un juego de palabras sobre el vocablo callejero perico referido a la droga). También llevó las líricas fotografías de tonalidades azules obtenidas a partir de vidrio, de Alessandro Balteo, que desataron interesantes comentarios sobre la belleza de la descomposición. La Galería Juan Ruiz, de Caracas, sólo presentó las esculturas y obras en papel de Kcho, un artista cubano que trabaja con temas de emigración y alienación y que llenó todo el piso con esculturas, y las paredes, con las obras en papel de las que se derivaban. Latin Collector Gallery, de Nueva York, también se concentró en un solo artista: Carmen Herrera, cuyas hermosas abstracciones en colores primarios fueron apreciadas por los compradores el mismo día de apertura de la exposición. La Galería León Tovar, de Nueva York, presentó una selección de arte curada por Ana Sokoloff. Los artistas colombianos Alberto Baraya y Juan Manuel Echevarría se complementaron mutuamente de manera perfecta. Los dos se inspiran en los dibujos botánicos del clasicista del siglo XVIII José Celestino Mutis, quien registró la flora de Colombia para la biblioteca del rey de España en espléndidos folios ilustrados. Las apropiaciones de Juan Manuel Echevarría transforman las imágenes florales mediante huesos de víctimas de la violencia callejera en Colombia, mientras que Baraya emplea materiales sintéticos y objetos encontrados para imitar los dibujos botánicos.

La Galería Nara Roesler, de São Paulo, llevó una exquisita selección de artistas minimalistas. Artur Lescher exhibió sus suaves esculturas en resina, y Laura Vinci, sus monocromáticos muros excavados. La misma estética purista estaba presente en la selección de Andersen's Contemporary, de Dinamarca, que presentó la obra de Tomás Saraceno. Por la misma línea, Alejandra von Hartz Fine Arts, de Miami, exhibió las construcciones murales monocromáticas de Silvana Lacarra y las construcciones en madera de Danilo Dueñas.

Feria: Balelatina — imagen 8
Regina José Galindo. Limpieza social, 2006. Video y fotografía. Duración del video: 1,55 min. Fotos: 90 x 67 y 90 x 126 cm. (35 2/5 x 26 1/3 y 35 2/5 x 49 3/5 pulgadas). Prometeogallery.

Galería T20, de Murcia, tenía una enorme escultura de Eugenio Merino que era un formidable estudio sobre el irónico reciclaje de material de la cultura post-pop. Galería Travesía Cuatro, de Madrid, presentó una numerosa selección de obras de Máximo González, un artista que trabaja haciendo imágenes con billetes fuera de circulación, que parecen tempranos cadavre exquis surrealistas. Sicardi Gallery, de Houston, Texas, presentó al artista colombiano Óscar Muñoz, cuya instalación ocupaba todo el piso del espacio, con vidrio de seguridad hecho añicos y colocado sobre fotografías aéreas de redes urbanas, mientras que su vecina, Prometeogallery, de Milán, tenía fotografías de contenido social, de Regina José Galindo, que trataban de la corrección política en las relaciones raciales actuales.

Como sucede con cualquier feria en su primera incursión, había muchas áreas que necesitaban mejorarse. Una era la del transporte; el carruaje de caballos, aunque encantador, fue un estrés adicional para los visitantes preocupados por el tiempo, que tenían que ver demasiado material como para dar un paseo al estilo del siglo XIX. Todos estuvieron de acuerdo en que las invitaciones y el catálogo necesitaban más salero, y que los esfuerzos de publicidad y mercadeo tendrán que mejorarse para poder competir con las otras dos ferias alternativas, Volta y Liste, que ya han echado sólidas raíces en Basilea. Sin embargo, fue una adición muy atractiva que, felizmente, fue excluida de la gran altivez de la feria oficial, transformada ahora, en buena parte, en un compromiso bastante largo y laborioso para el visitante auténticamente interesado en el arte. Bålelatîna tuvo la fortuna de no contar con los que adoptan poses de entendidos, o las repetitivas multitudes de elegantes aunque desinteresados turistas que repiten el mismo mantra de palabras de aprobación sin sentido sobre los mismos artistas, en los mismos stands, año tras año; sin embargo, logró atraer a los coleccionistas, curiosos e interesantes, lo cual fue toda una hazaña, y a ese respecto, los organizadores de bålelatîna deberían estar más que satisfechos con el primer intento, y a la vez esperar que la versión del próximo año sea todavía mejor.

ALBERTO BARRAL

Asesor de arte, Nueva York.

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