Exposición Individualoct 2006 - dic 2006· Por Rodolfo Kronfle Chambers

Allan Jeffs

Museo de Arte Contemporáneo de Quito

Si hay que determinar un solo tema que haya marcado a fuego la producción artística ecuatoriana de la última década probablemente éste sea el de la problemática migratoria. En un tiempo relativamente corto, desde este país se trasladaron cifras mesmerizantes de ciudadanos —principalmente— a España, Italia y Estados Unidos.

Las trabas que paulatinamente se fueron imponiendo a estos flujos migratorios, sumados al imperativo de salir, dado el continuo deterioro de la situación doméstica, convirtieron a aquella “exportación” en contrabando, y como se sabe, el terreno de la ilegalidad es fértil para que en él surjan oscuras y lucrativas redes comerciales como el coyotaje.

Paralelamente, las remesas migratorias y su impacto en la economía adquirieron el estatus de frías cifras macroeconómicas, pasando a convertirse en el rubro de ingresos no petroleros más importante del país. En algún momento del camino el drama de la migración perdió su rostro humano y adquirió matices concretos que desplazaron el centro de la desventura, y sus consecuencias sociales, al plano de los índices de crónica roja y del análisis financiero.

Exposición Individual: Allan Jeffs — imagen 1
Allan Jeffs. Antropométrica, 2006. Fotocopia sobre papel heliográfico. 125 x 95 cm. (49 1/5 x 37 2/5 pulgadas).

Encuentro un paralelo de este fenómeno, sutilmente llevado al campo estético, en la propuesta denominada Antropométrica, del artista Allan Jeffs (Santiago de Chile, 1973). La muestra presenta un nutrido conjunto de planos elaborados con el frío y metódico cálculo de un diseñador industrial (¿la marca de su paso por la escuela de arquitectura?). En ellos se transcriben en detalle muchas de las piezas del rompecabezas migratorio, especialmente las que aluden a los métodos de transporte empleados en el tráfico de personas, incorporando la perversa “eficiencia” que entraña la relación de pasajeros versus el espacio disponible.

En este sentido, podemos hallar relaciones curiosas con las ilustraciones de los barcos esclavistas que durante varios siglos (c.1540-1850) maximizaban su rentabilidad apiñando cuantos seres humanos les fuera posible, entablando así un diálogo transhistórico muy incisivo. Por otro lado, el tipo de diseño, la rotulación y el soporte mismo nos pueden remitir a las exquisitas heliografías que en los tempranos ochenta produjo el artista argentino León Ferrari; el abigarramiento arquitectónico, los flujos y densidades poblacionales que representaba, se podían interpretar como un eco visual —de tintes claustrofóbicos— de la ciudad de São Paulo, la megalópolis que lo acogió en su exilio del régimen militar. Aquí establecemos, en otro nivel, una significancia personal que matiza los presupuestos creativos de Jeffs, dada su propia condición de migrante, siendo su familia parte del exilio chileno que se afincó en Ecuador durante la dictadura de Pinochet, lo cual potencia lecturas más amplias que desborden la especificidad del contexto local a una visión de carácter continental.

Los refinados dibujos a base de moldes de Letraset de Ferrari no remitían, sin embargo, a una situación de carácter social tan álgida como lo hace Jeffs —intuimos que lo que en Ferrari se enfatiza como masas anónimas tiene en esta obra una faz verdadera la cual se somete a un proceso de des—identificación—, y aquello es lo que hace que una reconexión artística de este tipo sea tan válida y pertinente.

Como un interesante contra—punto poético al cálculo— involucrado en los planos el artista incluyó –en la mitad de la sala– la proyección de un video sobre una mesa de arquitecto: el imperturbable primer plano del vaivén de las olas en altamar.

Como decía al inicio de estas líneas, muchos artistas ecuatorianos han producido una cantidad exorbitante de obras que no ha llegado a verdaderamente interpelar el fenómeno migratorio, a movilizarnos a un plano reflexivo que nos traduzca sus imbricadas problemáticas (inclusive, a la luz del tratado de libre comercio que ahora atiborra nuestras crónicas de prensa y opinión, y donde queda velado el cinismo implícito que conlleva la fórmula de que los bienes circulen libremente entre países, pero sus habitantes no); la mayoría de aquellos trabajos no ha podido trascender las meras representaciones expresivas, de carácter nostálgico o de recuento anecdótico que han apelado a antiguas y desgastadas formas de estetizar a los marginados y sus contextos. Existe un dilema ético cuando se refleja a un Otro pasivo, maquillando y sentimentalizando la pobreza, sin lograr convertir el gesto en efectivo acto de conciencia; en otras palabras, es cuestionable toda explotación de circunstancias socialmente extremas para la producción de meros objetos de disfrute estético.

La obra de Jeffs tiene el mérito de desmarcarse de estas aproximaciones a la representación, y en este sentido sobresale. A pesar de que el tema ha sido usado y abusado en demasía, la serie Antropométrica se percibe relevante y visualmente solvente aun cuando su aparición resulta algo tardía.

RODOLFO KRONFLE CHAMBERS