Exposición Individualoct 2006 - dic 2006· Por Freddy Carreño

Alexandra Meijer-Werner

Fundación Museo de Arte Contemporáneo

El conjunto de video instalaciones que conformaron Luz sobre luz la exposición de Alexandra Meijer-Werner (1972-2002) en el Museo de Arte Contemporáneo fue una oferta particularmente atractiva, como propuesta expositiva que utiliza elementos tomados de lenguajes artísticos diversos y combina espacio con imágenes, sonidos y movimientos, con una disminuida presencia de la luz que envuelve el lugar en penumbras. En este ambiente el espectador se sumergía en una suerte de sala cinematográfica amplia y cambiante, pero no de manera estática sino en actividad, en un constante desplazarse. Recorrido que lograba mantener su interés al tiempo que le sugería experiencias visuales, miradas que lo señalaban como protagonista y único destinatario de lo que ellas le mostraban. El encuentro con las obras expuestas, como planteamiento conceptual, puede despertar en quien las mira, observa y disfruta, procesos de introspección, reflexión y ensoñación. La de Meijer es una propuesta estética, poética; de este modo, las imágenes videográficas y las nociones de las que parte la artista para articularlas vienen a ser estimuladores de sentimientos y sensaciones.

Exposición Individual: Alexandra Meijer-Werner — imagen 1
Alexandra Meijer- Weiner. Luz sobre luz, 2006. Fotografía.

Luz sobre luz planteaba una interpretación de la existencia como hecho único y sin igual que merece ser entendido en su infinita amplitud, experiencia que es significativa en sí misma. En Ouroboros, 1998 —cinco rituales reales de nacimiento, cinco maneras de interpretar su origen—, se ofrece una lectura circular del ciclo vital del ser humano, tránsito que conduce de la vida a la muerte, y de ésta, nuevamente a la vida, para dar inicio, una vez más, al transcurso. Puede entenderse igualmente como una visión del hombre desde una dimensión cósmica y, por tanto, trascendente: su vida está marcada por el destino y éste no es más que un proceso continuo de cambios, su superación se verifica en el de nuevo ser, devenir que transmuta las experiencias negativas surgidas a lo largo de las sucesivas existencias. Iniciada su vida en comunión con el mito, el humano es una criatura única que resulta de la fusión de los cuatro elementos fundamentales —aire, agua, tierra y fuego—. Tal como lo presenta la artista, ese destino predeterminado que ha de acompañarlo por siempre es un ciclo permanente de transformaciones, la materia que lo constituye se transfigura, es energía que se purifica para convertirse en materia y otra vez en energía.

La instalación de Kreislauf, ciclo… revolución… circulación…, 1997, se apoya en lo circular como referencia a lo cíclico, al comienzo y al fin como realidades imbricadas, unidas en un instante singular y eterno. En ella, la mirada de Meijer apunta hacia la noción vital de la existencia que reconstruye a partir de imágenes oníricas, formas que le permiten unir distintas vivencias para articular una interpretación del imperecedero acaecer, hecho que se repite con la demoledora certeza de la constancia, tránsito que el ser humano recorre como viajero eterno que le corresponde ser. Él es, señaló la artista, “la fuerza activa de su propio destino al reconocer que lo más significativo en la vida es el acto mismo de vivir”. Ese ser individual es a la vez parte de una multitud, de la humanidad toda, y como tal, componente esencial del existir; filamento de un extendido tejido, trama de experiencias individuales que se diluyen en lo colectivo, Telar invisible, 2000. Para Alexandra Meijer, “no es que las cosas en sí sean ilusorias, pero su separación/independencia dentro del tejido de la realidad es ilusoria”. La vida es entonces un interactuar constante y eterno como promesa de permanencia, transcurre en medio de situaciones extremas, armonía y violencia, y sentimientos encontrados amor-odio, ciclo de experiencias reiteradas que modelan el existir del humano, atemperando su conciencia, alimentando su crecimiento como ser sensible. Éste no puede entenderse como una realidad independiente, aislada, ajena a lo que la rodea; por el contrario, su ser se halla en permanente interacción con lo que está más allá de él que es parte de su propia naturaleza, existe desde el afuera y a él pertenece, Ósmosis, 2001. Los espacios que delimitan su existencia, interior-exterior, se comunican, se intercambian en el proceso osmótico que es la vida, así lo entendía la artista.

El ser humano, desde la mirada de Alexandra Meijer, avanza en un accionar incesante, experiencia vital flanqueada por fuerzas poderosas que han estado siempre presentes, siempre allí, desde el inicio del tiempo, y continuarán estando por la eternidad. Con su obra, Meijer se propuso alcanzar nuevas formas artísticas capaces de generar, como lo refiere Benjamín Villares en el catálogo de la exposición, procesos emotivos y libertades expresivas. Se interesó en la gente y en su sentir como recursos para la creación artística. Luz sobre luz es una hermosa metáfora de la vida.

FREDDY CARREÑO

Alexandra Meijer-Werner, por Freddy Carreño | artnexus