Entrada libre para siempre, la más reciente instalación de Alexandre Arrechea (1970), en cierta forma contribuye a la percepción social sobre una realidad históricamente aceptada por la mayoría y pocas veces cuestionada, referida a la manipulación y el control que nos imponen los mecanismos de poder. Propuesta que el público podrá confrontar en el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo, en Valladolid. Acogido en la sala destinada a los proyectos personales, comisariados cuidadosamente por la institución, debido a las características particulares del ámbito expositivo, otrora capilla de los condes de Fuensaldaña, del antiguo Monasterio de San Benito.
Asociaba la visita a un templo como un refugio espiritual. Ese lugar sagrado donde deseamos encontrar la paz y de algún modo sentirnos libres. Sin embargo, el peso de la historia en todas las religiones, y particularmente en la católica, cuenta con demasiados actos violentos y periodos oscuros que imposibilitan alcanzar del todo ese estado de pureza. Aunque por tradición asumimos o ignoramos estos episodios. Una nueva visión más abarcadora se abre al explorar las aparentes contradicciones y el contenido simbólico que transmitía la estructura creada por Alexandre Arrechea. Política, ideología y religión tienen un derrotero común.

El año 2003 reveló cambios trascendentales en la vida del artista. Decide desvincularse del grupo Los Carpinteros, con más de una década de trabajo. Comienzan sus indagaciones y reflexiones sobre las esferas oficiales directamente relacionadas con la observación y el control que se ejerce sobre las masas. Incluso antes de iniciar su obra individual, estas ideas ya formaban parte de sus preocupaciones como artista y ente social. En su primera idea, gestada ese mismo año y exhibida finalmente dos años después en Estados Unidos, diseña una egregia armazón con forma de árbol, aprovechándose de las ramificaciones para situar 22 cámaras de vigilancia transmitiendo por internet las imágenes filmadas de los alrededores. Es una instalación mediática y contextual, las grabaciones proyectadas son recogidas del entorno expositivo. Así, el propio Alexandre Arrechea confiesa que en El jardín de la desconfianza (2005), “…No hablo solamente de vigilancia. Hay otras nuevas categorías…La idea del objeto como algo que no es autónomo"1. Establece el vínculo entre realidades y situaciones aparentemente irreconciliables, dependiendo del contexto que las genere. Podríamos transitar de acechados a la casta de acechadores, de ejercer el control a ser controlados. Cambian los roles y expectativas, creando nuevos espacios desde una estética de naturaleza virtual.
No hay dudas de la capacidad de Arrechea para crear volúmenes con una marcada carga escenográfica, vinculando la instalación y el video en función de lograr este objetivo. Entrada libre para siempre se estructura grabando con anterioridad los accesos del público al museo y se construye en madera un fragmento que rememora el estadio deportivo. Es una maqueta configurada por cámaras, con tres aberturas donde se ubican los monitores. Constantemente se reproducen las imágenes del arribo de los visitantes, dando la sensación de afluencia de personas; todo este concepto es reforzado por un peculiar sonido ambiental.
El interés del artista, cuando nos adentramos en la sala, se centra en que los espectadores sólo percibamos el ángulo de la pieza que insinúa la escultura, volumen escultórico, mera representación tridimensional. Únicamente somos conscientes del discurso al situarnos en el área de la arena y formamos parte del espectáculo, convertidos en protagonistas del doble fenómeno de ejercer y sucumbir a la vigilancia. Negándosenos un cambio de papel, por el propio diseño de la obra, que impide el acceso real a la gradería y la utopía de entrar libremente, al tiempo que se nos muestra la existencia de las cámaras de seguridad. Intención manifiesta en la indagación regida por la imagen y el significado que proyecta. Planteando las similitudes de instituciones tan opuestas como son un recinto museográfico y otro deportivo. Pero la coherencia no está en las funciones, sino en la capacidad de control sociocultural que ambos protagonizan.
Una vez más el efecto amplificador se refuerza reivindicando una tipología arquitectónica, basada en cánones de resonancia acústica y visual. La forma perfecta de círculos concéntricos ascendentes, sugeridos en esta propuesta al instalar solamente una sección de graderías. La arena, históricamente escenario de eventos gloriosos, legitimada por el artista al propiciarle un selecto público virtual, acostumbrado a disfrutar de las bellas artes. Todo el conjunto ha sido emplazado en el lugar idóneo, las prácticas de la liturgia han dejado huellas de su poder de convocatoria. La restauración del espacio respetó la belleza de la antigua capilla y ahí donde se perdió la piedra se alzó una arquitectura ultramoderna, permitiendo la filtración de la luz natural. Una mezcla sui géneris que agudiza los sentidos. Señales inequívocas que nos encaminan hacia una manipulación política, cultural e ideológica, revelada por Alexandre Arrechea a través de la evidente relación entre la forma y los conceptos que emanan de este cúmulo de instituciones.
NOTA
1. Entrevista telefónica realizada por Rosa Lowinger al artista en 2005.
ELVIA DIEGUEZ
