Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Harper Montgomery

Tania Bruguera

Rhona Hoffman Gallery

El teatro y el espectáculo han sido siempre los medios con los cuales Tania Bruguera ha cautivado a su público. Sin embargo, en su reciente exposición, titulada Beckett…Did you ever see my eyes?, presentada por la Galería Rhona Hoffman de Chicago entre el 6 de enero y el 4 de febrero pasados, Bruguera nos permitió dar un excepcional vistazo entre bambalinas y nos mostró el proceso de elaboración de sus dramáticas instalaciones de gran tamaño.

Después de adaptarnos a la oscuridad de la galería, nos encontrábamos mirando a través de un espacio lleno de agrupaciones de pantallas de video, maquetas y pedestales para sentarse, todos a pequeña escala. Los grupos estaban colocados lo suficientemente lejos unos de otros como para diferenciarlos, y estaban arreglados, en cierta forma, orgánicamente, sin adherirse a un sistema o red visibles. Cada maqueta estaba iluminada por una bombilla de pocos vatios y cada pantalla presentaba una película popular de Hollywood, cuyos susurros llenaban el espacio en tono conciliador y cuyos discretos diálogos y lírica sólo se percibían cuando uno se sentaba en los pedestales designados para tal fin. Al sentarse, debía mirar a través de una maqueta para ver una película exhibida en versión completa en repeticiones continuas. Había seis grupos en total.

Exposición Individual: Tania Bruguera — imagen 1
Tania Bruguera. Estudio para el final del juego #3 (terciopelo azul), 2004-2005. Maqueta, bombillo eléctrico, televisor/reproductor de DVD, tres pedestales. Película: Terciopelo azul, 1986, David Lynch, (121 minutos). 118,6 x 50,8 x 210,8 cm. (46 3/4 x 20 x 83 pulgadas).

Las maquetas eran estudios para proyectos de instalaciones de Bruguera y, como tales, presentaban dramáticos escenarios en los que diminutas figuras ocupaban desconcertantes o aislantes espacios arquitectónicos. En una maqueta, una figura trataba de sortear un laberíntico cuarto redondo. En otra, unos lienzos dividían un espacio rectangular, lo cual les facilitaba a las liliputienses figuras verse unas a otras, pero no les permitía ocupar físicamente la misma sección del salón. Las maquetas parecían escenarios teatrales, y a los espectadores familiarizados con la obra de Samuel Beckett titulada Endgame, en la cual se inspiró la artista para crear esta serie, les recordaban el confinamiento emocional y físico de este drama.

Las películas proporcionaban el elemento emocional. Tan crudas y estilizadas como las maquetas, las películas —todas lo suficientemente famosas como para que nos fueran familiares— estaban llenas de emociones de amor humano en todas sus intrincadas formas. Temas de poder, decepción y destrucción fueron evocados por la artista al seleccionar las películas Blue Velvet, Monster, Gia y Last Tango in Paris. Pero, su selección de The Bicycle Thief y Harold and Maude también inspiraba sentimientos de esperanza, idealismo, e incluso redención. Sin embargo, en todas las películas, el amor, en última instancia, se ponía en peligro, debido a la perversión, la violencia y la injusticia social, entre otros problemas. Los aficionados al cine nos identificábamos con facilidad con los personajes que interpretaban estos temas, lo cual nos estimulaba a ver con estos mismos sentimientos las maquetas de Bruguera, que, después de todo, ocupaban el espacio entre nosotros y la pantalla.

Así, nos enfrascábamos entonces, alternativamente, en la experiencia de ver estas conocidas películas y la incómoda autorreflexión de esta experiencia. El hecho de que al sentarnos en un pedestal blanco nos convirtiéramos en otro aspecto de la obra incrementaba nuestra sensación de vulnerabilidad. En la versión de tamaño natural de una de las maquetas que la artista montó de manera simultánea en el Museum of Contemporary Art de Chicago para la exposición Not I: A Samuel Beckett Centenary Celebration, abierta del 13 de enero al 23 de abril de 2006, tomamos el lugar de las diminutas figuras de Bruguera, y nuestra vulnerabilidad se convirtió, literalmente, en parte del espectáculo público. Para esta instalación, la artista orquestó una situación en la cual se nos inducía a leer, a través de un micrófono que estaba en un balcón que daba al gran pasillo de entrada al museo, la frase: “Te daré sólo lo suficiente para evitar que mueras”, tomada de Endgame (el texto estaba impreso en grandes caracteres sobre el piso del pasillo). Sin embargo, en vez de proyectarse a través del espacio, la voz viajaba por un cable tendido en el largo corredor y era emitida por parlantes ubicados sobre otro balcón. Al desplazar la voz, la instalación frustraba nuestros esfuerzos por comunicarnos o, tan sólo, ser escuchados.

En el contexto de la carrera de Bruguera, la reciente exposición en la Galería Rhona Hoffman demostró cómo está trabajando para suscitar el los espectadores respuestas cada vez más complejas y sutiles. Desde que la artista surgió a finales de la década de 1990 como una de las más convincentes entre un grupo de artistas jóvenes de La Habana, ha cambiado su enfoque de la experiencia de vivir en Cuba a temas más universales de poder, violencia y acción individual. Conocida por sus performances físicamente agotadores, como El peso de la culpa, en el que comía tierra mientras llevaba puesto el cuerpo de una oveja muerta, en los últimos tiempos Bruguera ha estado creando, con gran éxito, instalaciones en las que se nos pide que nos hagamos vulnerables y que, en el proceso, examinemos nuestras relaciones con problemas tales como el poder, la violencia y la acción.

HARPER MONTGOMERY

Tania Bruguera, por Harper Montgomery | artnexus