Paintant Stories

Fabián Marcaccio. Historias pintantes, 2000. Detalle. Tintas de pigmento, óleo, acrílico, silicona y polímeros sobre vinilo. Estructura de madera. Aprox. 4 x 10 m. (157 x 394 pulgadas).

Primer Planojun 2006 - ago 2006· Por Gabriela Salgado

Paintant Stories

Fabián Marcaccio en Daros Zurich

Marcaccio ve sus pinturas como un proceso de fosilización de imágenes fugaces, pero a pesar de la proverbial velocidad del mundo virtual, la pintura todavía se mueve con lentitud. Sólo el tiempo dirá si esta forma de representar el acelerado mundo que nos rodea se ha vuelto un nuevo lugar para la pintura.

Una obra de 100 metros de largo, de Fabián Marcaccio, serpentea a lo largo de los salones de exposiciones de Daros Latinamerica en Zurich. La pieza, parte de la serie Paintant Stories iniciada por el artista en 2000, ocupa el espacio en forma grandiosa. Combina pintura, fotografía e imágenes procesadas digitalmente con arquitectónicas piezas fundidas en silicona y áreas de denso empaste.

El espacio de la pintura está habitado por el espíritu de una realidad en permanente mutación: el mundo virtual y el real coexisten en Paintant Stories, así como la materialidad del objeto y su representación digital.

Fabián Marcaccio nació en Rosario, Argentina, en 1963, y desde principios de los 80 ha vivido y trabajado en Nueva York. Sus monumentales obras multimedia han sido instaladas en espacios públicos y privados de todo el mundo, ocupando a veces al mismo tiempo el interior y el exterior de galerías, rompiendo los límites de paredes y ventanas. Su aporte a Documenta 11, un Multiple Sites Paintant, abordaba problemas socioeconómicos relacionados directamente con los dramáticos sucesos que se desarrollaron después de la bancarrota económica sufrida por Argentina en 2001. La obra, un análisis visual del colonialismo económico, estaba específicamente ligada a ese momento histórico y presentaba una intensa imaginería proveniente de fuentes de internet.

El neologismo Paintant, acuñado por el artista para referirse al acto de pintar, se distancia de la referencia a la pintura de acción: el drama convertido en mitología, en el que el cuerpo del artista interactúa con la superficie; en cambio, traslada el elemento performativo al cuerpo de los espectadores. Este enfoque, más próximo a las inquietudes del cinetismo histórico, reúne percepción y movilidad a la manera de David Alfaro Siqueiros y su particular desarrollo de la pintura mural. Por supuesto, al igual que éste último, quien estaba muy influenciado por su comunión intelectual con el lenguaje cinematográfico de Sergei Einsestein, Marcaccio les debe mucho a la imagen en movimiento y a los discontinuos modos de visualidad introducidos por los nuevos medios contemporáneos.

Primer Plano: Paintant Stories — imagen 1
Fabián Marcaccio. Historias pintantes, 2000. Tintas de pigmento, óleo, acrílico, silicona y polímeros sobre vinilo. Estructura de madera. Aprox. 4 x 10 m. (157 x 394 pulgadas).

Navegar por la titánica materialidad de esta Paintant es una experiencia cercana a lo mitológico: cuando uno se acerca a la obra se le vienen a la mente las carnosas entrañas de la ballena de Job, un festín de densas secciones de imágenes digitales en capas superpuestas, que representan el interior del cuerpo, figuras humanas, acontecimientos, símbolos y sustancias del mundo real seguidos y cortejados por secciones de interpretaciones de materia pictórica —también digital— intersecada por materia real: pigmento y piezas fundidas en silicona Nos recuerda el materialismo base de Georges Bataille, con su obsesiva interpretación de la realidad desde la base de los fenómenos hasta las manifestaciones más sofisticadas: escoria, agentes contaminantes, fluidos corporales y vísceras, la cara oculta del cuerpo humano en su carnal exuberancia entremezclada con vistas microscópicas del mundo vegetal. Todo esto, acompañado de pinceladas descomunales que están presentes por todas partes, como elementos cruciales de la composición, y la cuadrícula, madre de toda representación. Las gigantes pinceladas distribuidas a lo largo de las diferentes secciones de la obra parecen enfatizar el alma simbólica de la pintura, y su maquillaje digital se convierte en una exaltación y una tautología al mismo tiempo. Así es la presencia de la cuadrícula: la estructura básica del dibujo y del modelado tridimensional por computadora se convierte como en una especie de rastro de un cierto Génesis pictórico, en la forma primordial de la cual brota todo lo que está en el plano pictórico, semejando una erupción volcánica.

La imaginería de esta gigantesca obra es extensa, y el ritmo es tan abrumador como la idea de navegar muchas ventanas de la computadora a través de múltiples pantallas a la vez: figuras humanas tomadas de sitios de pornografía están dispersas en la obra, ya sea de manera discreta —en tamaño reducido y escondidas detrás de rejas de cuerda semejantes a las de las prisiones— o como el centro de la composición. Es lo que sucede en una de las secciones más elaboradas de la obra, la fragmentación del degradado mundo de los sitios pornográficos muta y se transforma en una gigante reelaboración de Les Demoiselles d’Avignon, el fundamental avance pictórico de Picasso.

Esta sección de la pintura, construida a partir de imágenes manipuladas de estrellas porno, tiene en la parte inferior el siguiente texto: Demoiselles of Continuous Multiplications and Singularities (Señoritas de constantes multiplicaciones y peculiaridades).

Esta apropiación ejemplifica el homenaje de Marcaccio a la historia de la pintura. Erudito y elocuente, parece elaborar de nuevo las invenciones del cubismo y la transgresión de la superficie ejecutada por otro artista nacido en Rosario: Lucio Fontana. Marcaccio retoma el espacialismo y el arte Pop mediante la desestabilización y la yuxtaposición de collage, elementos tridimensionales, pintura e imágenes digitales de la red en el plano pictórico.

Intercaladas con este aparente caos microcósmico encontramos vistas a vuelo de pájaro de eventos cotidianos: la violencia de la guerra, concentraciones masivas, explosiones de bombas y símbolos del poder totalitario. Vistas del mundo material en una sucesión de paneles poco convencional están estructuradas en diferentes secciones de la obra, todas reunidas en una narrativa multifacética y etiquetadas con títulos alegóricos: Media Crimes against Humanity; Luxurious Poverty, The After Taste of Representation; Your Everyday Fascism, todas, declaraciones del tipo consigna que parecen actuar como indicadores de significado en la caleidoscópica visualidad de Paintant.

Como una muñeca rusa, Paintant Stories utiliza tramas fragmentarias que contienen sutiles aunque claras referencias al fanatismo, el descontento y otros males sociales, todas acompañadas de las persistentes rejas de cuerda que parecen sostener la aparentemente incontenible explosión visual que necesita una estructura.

Al recorrer los salones uno se siente inevitablemente inmerso en una sensación cercana a la que experimenta cuando viaja a alta velocidad: como si se estuviera embarcando en La vuelta al dia en ochenta mundos, de Julio Cortázar, un viaje de estímulos visuales multifacéticos que persiguen el ojo y la mente en forma abyecta y sensual. Una vista panorámica de la fragmentación de la realidad y de las increíbles sincronías de la vida.

Marcaccio ve sus pinturas como un proceso de fosilización de imágenes fugaces, pero a pesar de la proverbial velocidad del mundo virtual, la pintura todavía se mueve con lentitud. Sólo el tiempo dirá si esta forma de representar el acelerado mundo que nos rodea se ha vuelto un nuevo lugar para la pintura.

GABRIELA SALGADO

Curadora independiente, residente en Londres.

Paintant Stories, por Gabriela Salgado | artnexus