Para María Elena González el año 2006 empezó por todo lo alto. El pasado invierno la artista fue presentada en dos exposiciones individuales simultáneas. Internal DupliCity, en Knoedler, y Supine Tendency, en The Project, fueron afirmaciones en sí mismas pero también ayudaron a establecer muchos vínculos temáticos.
Durante años, González ha dominado el difícil acto de equilibrio de mantenerse firme en sus temas y cuestiones primordiales, a la vez que demuestra una versátil gama en sus materiales, formatos y temas. Con estas nuevas obras la artista continúa investigando la relación entre diferentes tipos de sistemas y emplea una lengua vernácula personal de posminimalismo para explorar la niñez, la sexualidad y las relaciones, basada a menudo en algún tipo de forma arquitectónica. Lo que inspiró de nuevo estas obras recientes fue el tiempo que González pasó en Italia como beneficiaria de la Rome Prize Fellowship.
Uno de los resultados inesperados de la estadía de la artista en Roma fue el despertar de su educación católica, que permanecía latente. La presencia dominante de relicarios fue de particular interés para ella. A algunas personas podría parecerles extraño el hecho de que una artista contemporánea cuya obra está basada en la forma minimalista y el rigor conceptualista haya encontrado algo valioso en una práctica tan arcaica y abiertamente religiosa, pero, en realidad, los relicarios encajan perfectamente en sus temas más constantes. Su poder es espiritual; en otras palabras, conceptual; su núcleo (la reliquia) está normalmente cimentado en el cuerpo, su forma es a menudo arquitectónica; para González está además el aspecto personal de los recuerdos de infancia que representan estos objetos: sus orígenes católicos evocan la religión de su familia y su niñez en Cuba hasta que la religión fue prohibida por el gobierno.

Impulsada por estas ideas en las que coinciden la memoria personal, la espiritualidad, la arquitectura y el cuerpo, la artista creó un nuevo grupo de obras que va desde impresiones hasta modelos arquitectónicos e instalaciones escultóricas. Internal DupliCity se centra en una serie de esculturas dispuestas en red sobre pedestales blancos individuales. Cada escultura representa una forma básica que evoca arquitectura vernácula (graneros, casas, etc.). Cada forma de madera está pintada de un rojo brillante que hace pensar en sangre. Luego, cada forma roja está rodeada de una cubierta ampliada de acrílico escarchado que hace que las formas rojas se vean poco claras y desenfocadas, y sugiere la piel de la pieza o el relicario para la reliquia que está dentro.
En Supine Tendency los temas católicos se extendían más. Esta exposición presentaba tablones inclinados que soportaban una red de tubos de cobre interconectados. Esta obra, titulada Selfcontained (plumbing), semejaba una escultura industrial abstracta, matemática, o una especie de red sistémica real para un edificio o una máquina, y parecía evocar en gran manera la tradición minimalista. Sin embargo, con González siempre hay un giro; en este caso, la plantilla para el diseño de los huecos del tablón sobre el cual estaban montados los tubos provenía de la tabla sobre la cual fue martirizado san Lorenzo, y los huecos de la tabla original indicaban los puntos donde se filtró la sangre del cadáver del santo. Entonces, el diseño hacía referencia al cuerpo, la tubería de plomo sugería vasos sanguíneos, y lo contemporáneo miraba hacia lo antiguo.
Este diálogo entre novedad y tradición se advertía también en las obras gráficas que llenaban las dos exposiciones. Ejecutadas con impresión digital y de apariencia un poco clínica, con frecuencia sugerían íconos sagrados o instrumentos de martirio, como la rueda de santa Catalina o un potro de tortura. En las obras también había tensión entre lo dibujado a mano y lo ejecutado en forma digital. Había una familiaridad en estas obras y una sutileza en sus formas y colores que sugería introspección personal y calmada contemplación, en una forma muy similar a lo que sucede con los relicarios.
Con estas dos exposiciones, González logró una vez más explotar un territorio artístico cuya combinación particular de prácticas y temas cada vez le pertenece más, de manera exclusiva. Al mismo tiempo, como es su costumbre, se permitió explorar nuevas formas y fuentes de inspiración. A medida que su voz se hace más fuerte, su vocabulario continúa ampliándose.
JOHN ANGELINE
