La primera pieza que se ve, al entrar a la galería, es un pequeño objeto fundido en bronce, colgado de un clavo un poco arriba de la línea de los ojos. Amor e ódio a Lygia Clark (Amor y odio a Lygia Clark) basa su forma y dimensiones en una manopla, como si el instrumento se viera unido a su imagen en el espejo, objeto real e imagen espectral hechos de la misma materia. Al duplicarse, la manopla pierde su función original y sustituye la promesa de agresión por la posible unión de dos manos en un tipo de saludo. La localización de la pieza y el material noble inhiben el toque, al mismo tiempo que el bronce guarda las marcas oxidadas de las huellas digitales. Esa ambigüedad entre la participación y la mirada, anunciada aquí y reafirmada en el título de la obra, se ve, puntualmente, en otros momentos de la exposición. Pero es la coexistencia de la cultura de la calle con referencias de la historia del arte contemporáneo lo que crece a cada paso y construye sentido a lo largo de la muestra.
En el centro del espacio principal, una fuente semejante a las que se ven siempre cercadas de turistas en ciudades italianas o a las miniaturas recomendadas por el feng-shui ofrece a los visitantes un flujo continuo del aguardiente nacional. La fuente, históricamente una recreación de la naturaleza en el espacio de las ciudades, es aquí construida con desechos urbanos, recogidos en los alrededores de la galería durante dos días de cacería. Resbalando por pedazos de tejas de fibra y cayendo en una pileta de lona cubierta con plástico negro, el río de cachaza nuevamente invita a una participación, mientras que la basura por donde corre la refrena.

A ambos lados de la fuente, dos cámaras digitales fijas en la pared por una cantidad algo exagerada de silver-tape muestran un archivo de imágenes en el que se puede ver claramente la mirada con la que Marcelo Cidade (Ciudad) recorre ésta y otras ciudades, los detalles que informan su pensamiento y su producción. En la pared opuesta a la de la fuente, una remera gris sirve de centro al que converge una serie de flechas que vienen de abajo, y de la cual se expanden flechas que salen del cuello y de las mangas: una alusión al proceso del artista, que recoge en sus recorridos urbanos la información que procesa en sus ideas y acciones.
En el piso de arriba, una serie de fotografías registra algunas de esas acciones, gestos que subrayan con una capa de color plateado situaciones encontradas en la ciudad. Un automóvil abandonado y un basurero de granito son totalmente recubiertos de silver-tape. Un toldo en un lugar insólito y los restos de un árbol cortado son pintados con spray del mismo color, un gris iluminado, como un leve aumento de brillo en la superficie de cemento que caracteriza los centros urbanos.
Re:definição de projeto arquitetônico [re:definición de proyecto arquitectónico] es una serie de acuarelas de 150 x 250 cm que muestran pilas de bloques de construcción en tamaño poco mayor que el natural. Las configuraciones que asumen son casuales, como ocurre en una obra, cuando las pilas regulares de bloques o ladrillos van siendo esculpidas por los obreros de acuerdo con las necesidades de la arquitectura permanente. Lo que las acuarelas ponen en evidencia es la semejanza que esas esculturas efímeras, por sus módulos geométricos y sus colores, tienen con la arquitectura moderna y contemporánea. Se ven claramente los bloques apilados, pero no se pueden dejar de ver, simultáneamente, como pequeños bloques de departamentos, construidos por negación, por la falta de los elementos que van siendo retirados para la construcción de los edificios reales.
Fogo-fato (fuego-hecho) también llama la atención hacia formas producidas en la ciudad como resultado de acciones necesarias o arbitrarias. Esta serie de fotografías pone lado a lado y sin distinción registros de marcas dejadas en los muros por fogatas, y de pinturas con spray negro en las que Cidade simula esas marcas del fuego. Una vez más, la obra presente en la galería construye un puente hacia el espacio exterior, nos lleva a la calle. Como en las fotos descritas anteriormente, el artista no se limita a registrar algo que ve, sino que también interviene directamente en el espacio urbano. Esta vez, la aproximación de los registros de su acción a las huellas encontradas de hogueras reales refuerza, en el ambiente de la galería, algo que antes estaba apenas insinuado. Por otra parte, muchos de los muros donde el artista logra realizar sus intervenciones, y aquellos donde se encienden fogatas reales para calentar las noches, son muros descuidados y cubiertos de graffiti. Así, las fotos traen al espacio de la exposición, casi de contramano, algo que está en la base de este trabajo y de la producción del artista en general: la cultura urbana que se produce y se encuentra en las calles.
CARLA ZACCAGNINI
