¿Qué es la normalidad? ¿Es normal que alguien coma de la basura, no tenga escolaridad ni trabajo y viva en la intemperie, abandonado por las autoridades? La muestra La normalidad es la tercera etapa del proyecto Ex Argentina (Ejemplo, Argentina) iniciado como interrogación acerca de la crisis que estalló aquí en diciembre de 2001. La exposición itinerante se inauguró en 2002 en el Museo Ludwig de Colonia, Alemania, y prosiguió en museos de Rotterdam, Barcelona, Miami, Viena, y ahora se exhibe en el Palais de Glace de Buenos Aires.
Ex Argentina creció a partir de la investigación realizada en el país por Alice Creischer y Andreas Siekmann, curadores y artistas alemanes que, como tantos en los países centrales, se conmovieron y vinieron a constatar lo que vieron en las pantallas de televisión: desencanto y frustración, corrupción y empobrecimiento, que generaron ejércitos de excluidos, impaciencia y violencia. Este es un proyecto del Goethe Institut Buenos Aires, financiado por el Kulturstiftung des Bundes (Alemania). Con dirección general de Gabriela Massuh y coordinación artística de Loreto Garín, Eduardo Molinari, Federico Zukerfeld, entre otros, la propuesta fue documentada en el libro Ex Argentina. Pasos para huir del trabajo al hacer (Interzona-Walter König).
Desde su título, la muestra cuestiona la “normalidad” que presuntamente significan y presuponen la economía de mercado y la globalización, la concentración de los medios de comunicación y la distorsión de la información, las privatizaciones y el desempleo, el trabajo infantil y la violencia contra las mujeres, el abuso policial y el racismo, y contribuye a la percepción de estas situaciones para poder incidir en ellas.

Arquitectura de la memoria y arqueología de la experiencia personal en las obras de 45 individuos y grupos artísticos, provenientes de Argentina, Brasil, Rusia, Chile, Holanda, Francia y Austria. Los artistas trabajan desprejuiciadamente en una producción artística de alto valor simbólico a través de gráficos, fotos, dibujos, pinturas, videos, objetos, libros, que aluden también a las penosas condiciones de vida de grandes grupos humanos, y no sólo en el país.
Estos “activistas visuales” repasan la historia y las tragedias nacionales construyendo un puente crítico con el presente. Indagan acerca de identidades y contextos, trabajan y resignifican materiales preexistentes. Las diversas prácticas artísticas vinculan notable y sutilmente repertorios íntimos y reflexiones sociales, quebrantos espirituales e investigaciones históricas.
La exposición, que cuestiona muchas situaciones internacionales, evita la espectacularidad (el “efecto Benetton”) y se articula en torno a cuatro ejes centrales: Negación, Cartografía, Investigación militante y Relato político. Contundente, exige la concentración de un espectador sin prevenciones, que —depende del ojo del que mira— hallará coincidencias, paralelismos ciertos y forzados, reduccionismo infantil y mucha y valiosa información en estas investigaciones artísticas.

Aquí se reseñan algunas obras que debaten el contexto argentino en La normalidad, desplegada en los dos pisos del circular Palais de Glace. Este arte generador de sentido se involucra activamente en el movimiento de fábricas y empresas recuperadas por sus trabajadores, como la textil Brukman (Hotel Bauen, la imprenta Chilavert, Cerámica Zanon), desde donde algunos obreros cooperaron con los berlineses Creischer y Siekmann en la confección de los diez trajes exhibidos, que cuentan historias de lucha a través de sus bordados.
Las fotos y objetos de la instalación Parque Problema de Eduardo Molinari/Jürgen Stollhans, con Pedro Hasperué, y las fotos de Sol Arrese junto a los proyectos de reconstrucción comunitaria y de infraestructura de Juan Carlos Fernández (dirigente de la Unión de Trabajadores Desocupados de General Mosconi), dirigen su atención al tendal de problemas sociales y económicos que dejará la privatización de la petrolera estatal en la zona de General Mosconi, provincia de Salta.
El museo autogestionado Ferrowhite conserva la memoria cotidiana de los ferroviarios del puerto de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, y genera una instalación rodante que transporta historias del vaciamiento del aparato productivo.

Sonia Abián y Carlos Piégari investigaron un barrio de Posadas, provincia de Misiones, durante un año e imaginaron Aparatobarrio, tres piezas de madera que, a la manera de ficheros, trasladan voces y experiencias de sus pobladores. En colaboración con otros artistas y como continuación de Aparatobarrio, Abián y Piégari ponen la lupa sobre la exclusión social, en la instalación Supermarketgate (también revista); por caso, evidencian la hipocresía de una justicia (y una sociedad) que condena a prisión a una joven violada que conmocionada, mata a su hijo al nacer, y deja suelto al violador.
El reconocido León Ferrari señala el escándalo de la pobreza con una escultura, compuesta de un gran esqueleto desarticulado de huesos de poliuretano y alambres, colocada a la manera de las piezas abstractas que dominan las entradas de algunos edificios que albergan corporaciones financieras. Con doble sentido, Ferrari parece estar diciendo que hay corporaciones que hambrean a la gente y que muchos transeúntes ya ni perciben la pobreza: está tan instalada (como las obras contemporáneas en los lugares públicos), es tan “normal”, que ya no se detienen a mirarla. Precisamente, Ferrari y otros disidentes del Instituto Di Tella, junto a artistas rosarinos de vanguardia politizada, en 1968 promovieron desde la agrupación Tucumán Arde (Tucumán era y es una de las provincias más pobres del país) una serie de acciones en ámbitos ajenos a las instituciones artísticas. Aquí, se encuentran materiales históricos y obras del holandés Matthijs de Bruijne, que remiten al Tucumán actual.
Asimismo, se pueden ver las fotos, afiches y otros documentos del Colectivo Situaciones, Mesa de Escrache Popular, Grupo de Arte Callejero, Etcétera, integrado por poetas, plásticos, actores que investigan, publican y ocupan el espacio público para otorgar visibilidad a situaciones conflictivas a través de acciones artísticas, como los primeros escraches (manifestaciones no violentas) frente a los domicilios de los represores de la última dictadura militar (1976-1983).

La muestra se completa con un ciclo de videoactivismo argentino, que incluye la pieza No olvidamos (2004), del Grupo de video del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, que relata el perfil y la muerte de Darío Santillán y Máximo Kosteki a manos de la policía (asesinatos de 2002 que cambiaron el rumbo político de Argentina). Los encuentros y debates se realizan también en otras sedes —Chilavert Artes Gráficas, FM La Tribu, Hotel Bauen, La kasa de H.I.J.O.S. (regional capital)— y promueven la descentralización.
Además de los dilemas de su radicalizada agenda, evidenciados a través de las producciones expuestas, La normalidad suscita otros interrogantes.
¿Esto es arte o política? Una posible respuesta, para este falso dilema de larga data, la ofrece el filósofo norteamericano Arthur Danto a través de ciertos conceptos sostenidos en mayo de 2002 en The Art Newspaper: “Hoy ser un artista es filosofar a través de medios visuales. (…) Una obra de arte actualmente no tiene límites ni mandatos estéticos. (…) El imperativo de la pureza que definió la última fase del modernismo no tiene particular relevancia en la práctica y en la sensibilidad artística actual” (“What you think is what it is”).
¿Está de moda la intromisión de los asuntos políticos en el campo artístico? Tampoco esto es nuevo, pero al compás de los traumáticos acontecimientos de los países de la región —y también influidos por las exposiciones internacionales, como las últimas dos muestras de la influyente Documenta, de Kassel (Alemania), y la 50º Bienal de Venecia 2003, que presentaron agendas nítidamente políticas—, cada vez más artistas reflexionan sobre el aquí y ahora. Así, las artes visuales —como Ex Argentina/La normalidad— participan en una discusión en el campo social, económico y político que involucra a amplios sectores y que se interrogan cómo, para qué y para quién producen en la actualidad.
¿Estos activistas visuales se domestican cuando exhiben en instituciones? Muchos de estos artistas, que unen lo político a las prácticas artísticas, tienen una conciencia crítica acerca del funcionamiento del mundo del arte, con su sistema de circulación de dinero e influencias, estrellas artísticas y curadores dictatoriales provenientes mayormente de los países centrales. Algunos artistas integran el circuito del arte y lo critican desde adentro. Otros, luego de una experiencia como la de Ex Argentina, que ha viajado tanto por Europa, corren el riesgo de domesticarse, quedando inmersos solamente en el circuito que critican: los más, probablemente vuelvan a las fuentes que dieron vida a sus provocadoras obras, en primer lugar.
VICTORIA VERLICHAK
Crítica de arte y periodista. Autora de Martha Traba. Una terquedad furibunda, entre otros libros.

