Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Luz Sepúlveda

Héctor Zamora

Galería Enrique Guerrero

A partir de cadenas ligeras y flexibles colgadas del techo, Héctor Zamora (México, D.F., 1974) interviene el espacio de la galería en un singular juego de escala y percepción, mientras la escultura colgante desafía el sentido de orientación del espectador. El espacio envuelve al paseante en un terreno que tiene una perspectiva invertida, lo que provoca sensaciones de vacíos y tenues presencias al rozar las cadenas que, cual hamacas, se mecen en un silencio musical.

El techo de la Galería Enrique Guerrero fue ocupado en su totalidad por cascadas formadas por cadenas que Zamora colocó de acuerdo con una estructura geométrica previamente trazada y que generó una obra tangible aunque poética, accesible aunque aurática. En Líneas de suspensión, ensayo sobre geometría, el efecto visual producido posee una sutil referencia a algunas piezas del arte óptico de los años 60, con la diferencia que es el espectador el que se mueve dentro y a través de la obra, mientras las cadenas yacen prácticamente inmóviles. Un leve roce o un inofensivo descuido provoca el contacto directo con los filamentos que cuelgan y produce un suave meneo que da movilidad física a toda la pieza.

Exposición Individual: Héctor Zamora — imagen 1
Héctor Zamora. Línea de suspensión. Ensayo sobre geometría funicular, 2005. Instalación de cadena de bolitas. Dimensiones variables.

Inmersos en un espacio apropiado, intervenido y modificado, las capacidades perceptivas se ven igualmente afectadas. Las cadenas colgantes envuelven al paseante en un efecto de psicastenia, en donde el espectador y sus alrededores se funden en una sola identidad. En otras palabras, el efecto producido se suscita en el espacio real, cuyas coordenadas son determinadas por el propio cuerpo del organismo y se confunde con el espacio recreado, representado o simulado. Incapaz de demarcar los límites del propio cuerpo, el ser humano psicasténico abandona su propia identidad para abrazar el espacio más allá de sí mismo, camuflándose en su medio ambiente.

El efecto originado desde el ojo de nuestra mente percibe un paraíso sin límites, pues el cubo blanco es revestido por las cadenas cuyas puntas son difíciles de localizar. La estructura espacial se ve deteriorada por los entrecruzamientos curvos que el fino material traza en el aire. Las capacidades perceptivas se ven alteradas de una forma polimodal: el espectador experimenta a su vez sensaciones cenestésicas (conciencia de la posición y de la actividad del cuerpo en el espacio), cinestésicas (conciencia de los desplazamientos en el espacio), táctiles e incluso acústicas. Es parte de la vivencia confundir los parámetros limítrofes espaciales y tener dificultades para discernir entre el exterior y el interior, lo material y lo inmaterial, y la superficie frente a la profundidad.

Los delgados hilos colgantes invitan al espectador a transportarse a un ambiente amorfo a pesar de la estructura perfectamente alineada. Suena paradójico: la geometría perfecta es la que provoca justamente la sensación de ingravidez. Cortinajes lujosos, cadenas de perlas, cascadas solidificadas que permiten al paseante deambular entre paredes cristalinas cuidando no rozarlas, no provocar su movimiento, no desengancharlas. Magnífico vaivén entre frágiles microesferas que se sustentan firmemente y flotan ligeras.

Zamora interviene un espacio blanco casi vacío, que genera el contenedor de este ejercicio topográfico basado en geometrías desarrolladas con el uso de curvas catenarias, tal y como lo explica frente a la prensa: es la curva que adopta una cadena perfectamente flexible, suspendida por sus extremos y sometida a la acción de un campo gravitatorio uniforme.

El cuerpo del paseante se acopla a la caída libre de la línea curva de la cadena y se somete a una doble percepción entre inercia y tensión. El espectador se ve repelido y atraído al mismo tiempo por la fuerza de aceleración que se desprende de cada forma. Suspensión, peso, gravedad, tiempo y espacio son los elementos físicos que provocan que las líneas geométricas de Héctor Zamora nos ubiquen dentro de una realidad construida artificialmente para el deleite íntimo de cada uno de nuestros órganos de los sentidos.

LUZ SEPÚLVEDA

Héctor Zamora, por Luz Sepúlveda | artnexus