Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Mercedes Casanegra

Ennio Iommi

Galería Del Infinito Arte

En el año del 60° aniversario de la creación de Arte Concreto Invención, grupo del cual participó como uno de sus principales impulsores y a pocos meses de cumplir sus 80 años de edad, Ennio Iommi inauguró La cocina humana, propuesta inaudita. Uno de los rasgos principales de todo el desarrollo de este artista ha sido su constante espíritu de contundente ruptura, que se formalizó en el tiempo a través de expresiones diversas y cambios de rumbo de su obra. Aunque la postmodernidad que transcurrimos no se caracteriza por avanzadas vanguardistas, cada nueva exposición de Iommi parece renovar aquella proclama del grupo: “Nuestras obras tienen contenido revolucionario” (Revista Arte Concreto Invención, 1946).

En la galería Del infinito arte, la instalación surgía de una escultura de denso contenido irónico, Hombrecitos pasando por la ley del embudo, donde cinco individuos robóticos y despersonalizados ascendían una rampa con determinado propósito, pero el embudo, de una cruel realidad, transformaba sus intenciones en resultados de un decisivo grotesco: un conjunto de grandes tablas de picar carne ubicadas de manera frontal alusivas a segmentos de una urticante realidad externa.

Exposición Individual: Ennio Iommi — imagen 1
Ennio Iomi. De la serie La cocina humana, 2005.

Elena Oliveras, como curadora, realizó una serie de reflexiones teóricas en Radiografías de lo humano, texto que acompañó la muestra en esa oportunidad, y en Estética de lo feo, segunda versión para un nuevo montaje del mismo conjunto en el Complejo Cultural Santa Cruz de la ciudad de Río Gallegos, en el extremo sur del país, inaugurado en mayo.

El artista, como lo dicta el pequeño manifiesto que acompaña la exposición, tiene la preocupación de “representar al mundo actual” y de qué manera hacerlo. El término “cocinar” describe uno de los hábitos más ancestrales de la especie humana, que consiste en la preparación mínima de alimentos para una subsistencia básica. Aquí, su connotación es positiva, pero la expresión se ha impregnado culturalmente de tantos otros sentidos, al punto de asociarse a relaciones degenerativas como la “antropofagia”, concepto al que alude Oliveras de manera aguda.

Un soplo de nostalgia existe en haber elegido tablas de picar carne, insinuación de una antigua condición y habilidad manual, tanto en tareas de la preparación de los alimentos como del arte. También hay una tácita referencia en ellas a la cotidianidad de cierto estado de cosas. Cada conjunto cuenta con una profusa variedad de objetos yuxtapuestos alusivos a ciertos temas nudo, como Estilo Pilar, exposición local de decoración de una zona de barrios cerrados muy burgueses; ArteBA, la feria de arte de Buenos Aires, entre otros, apunta a una faceta forzada por la sociedad de consumo, a una permanente bipolaridad entre ser y apariencia. De allí la idea de radiografías: las formas exteriores se “cocinan” en un interior que no siempre se muestra.

La estructura de la exposición parecería yacer sobre tres pilares principales. La inquietud por la representación de la realidad circundante, que ya no es más representable por medio de la antigua belleza; el rol del arte en este acto de significación y un planteo ético como trasfondo. Es así que, oportunamente, Oliveras profundiza aún más su planteo en el segundo texto, al mencionar de manera directa a Estética de lo feo de Karl Rosencranz, discípulo de Hegel, publicada en 1853. Ese concepto se hace ineludible en la referencia a aquello en que los seres humanos, al fagocitarse a sí mismos, han convertido al estado actual del mundo.

El poder, el consumo, la tecnología, son algunos de los factores que en su equivocada utilización hacen un mundo feo en apariencia. Pero, a la vez, el término le sirve al artista para crear objetos de arte que conduzcan a la reflexión. Por esto afirma con desparpajo: “ver una pintura que representa al dios y sus vírgenes, hoy es una ingenuidad total”. El planteo de Iommi no es aquel de una autonomía total del arte, sino que existe en él una cierta funcionalidad del arte. Dirige la obra al espectador para que éste no solamente decida si se trata o no de arte, sino para provocar en él la reflexión que, en la mayoría de los casos, provocará un modo de situarse frente a la realidad. Se trata, finalmente, de algo así como una estética de la ubicuidad. No en vano, la última de las tablas al final de la serie incluía lúcidamente un espejo con la irónica frase “La identidad o la vida, usted elige”. Al término del espinoso recorrido una mirada introspectiva se impone, que devuelve tal vez algo de esa belleza invisible y sin embargo, necesaria contrapartida de la abundancia de lo feo. Una decisión, al fin, ética parece constituir la tácita intención del artista en su estética de la ubicuidad en el mundo del presente.

MERCEDES CASANEGRA

Ennio Iommi, por Mercedes Casanegra | artnexus