Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Santiago Espinosa de los Monteros

Daniel Lezama

Galería OMR

La Galería OMR en la ciudad de México abrió al público el pasado 19 de enero la exposición La gran noche mexicana, con pintura de Daniel Lezama (México, 1968). Se trataba a todas luces de uno de los eventos que marcaban un inicio de año abiertamente matizado, lleno de controversia y fresca polémica. La muestra estuvo conformada por 11 pinturas, de las que 7 son de formatos mayores a los 200 centímetros y 15 dibujos que son fundamentalmente bocetos de las telas.

Entrar a la Galería OMR el día de la inauguración era descubrir que en el principal muro de la primera sala se encontraba la obra emblemática de esta muestra, justamente La gran noche mexicana. En ese óleo sobre lino de 240 x 300 cm vemos a un grupo de mujeres desnudas cuyos cuerpos distan mucho de ser aquellos que los cánones de belleza occidentales marcan como deseables. Excedidas casi todas en su peso y con los senos al aire más bien caídos, seis de ellas tienen pintado sobre su cuerpo letras que en su conjunto forman la palabra MÉXICO.

Sin embargo, la narrativa de esta pieza es necesario iniciarla con el recuento de los personajes reconocibles que ahí aparecen. El primero de ellos es el propio Daniel Lezama, de quien sólo se ve parte de su cuerpo y los brazos sosteniendo un bastidor. Después, dos hombres, un trabajador y un burócrata, cargan a un niño desnudo sobre sus hombros. Del lado izquierdo, frente al bastidor que Lezama sostiene, están a la mesa Vincent van Gogh y Paul Gauguin. En el orden de representación de izquierda a derecha sigue el rapero Eminem; después, el joven curador y crítico de arte mexicano Eric Castillo con un bat, el cantante Juan Gabriel, quien interpreta la canción Hasta que te conocí (cuyo título aparece en el lateral de carrito de los Hot Dogs); más adelante, y en segundo plano Alejandro Benasini, y en el extremo derecho, la Virgen de Guadalupe…

Exposición Individual: Daniel Lezama — imagen 1
Daniel Lezama. La grande noche mexicana, 2005. Óleo sobre lino. 240 x 300 cm. (94 1/2 X 94 1/2 pulgadas).

La pieza trata indudablemente el tema de la búsqueda del pueblo mexicano por identificarse con algo, de ahí que la canción que interpreta Juan Gabriel sea justamente Hasta que te conocí pues, a decir del propio Lezama: “… en el pueblo mexicano hay una profunda sabiduría incluso dentro del analfabetismo. Es un pueblo que vive a diario la otredad buscada, la posibilidad de ser otro a partir del rechazo a sí mismo, de negar lo propio; pero sin que termine la búsqueda, pues esa búsqueda es ya en sí una actitud artística, por eso la represento como el recorrido que se debe hacer hasta llegar al origen, es decir, a la madre representada por la Virgen María y a la que se llega sobre un camino de pétalos de rosa”.

Más que ser símbolos inmóviles cuya carga significativa está quieta, o simplemente otorgada a cada uno de los integrantes de sus conjuntos de personajes, se trata más de que esos seres están cargados de simbolismos en movimiento que interactúan entre sí, cambiando y mutando no sólo dentro de una misma pieza sino incluso prestándose significados entre el conjunto de la producción.

Lezama tiene claro que hablar de identidad a estas alturas puede ser un tema con tantas aristas como orígenes culturales se puedan imaginar, por ello asegura que aquello que nos identifica, refiriéndose a las piezas de su muestra, es la búsqueda de un “yo que es el otro; el yo que es la promesa, el yo que es lo que está por descubrirse…” A sus ojos, la parte de la festividad en México y en nuestra cultura es algo plagado de fantasía, de cuerpos que están pariendo mientras la celebración tiene curso, de hombres borrachos, de mujeres desnudas que han pintado sus cuerpos y de una corte de individuos que unas veces participan de este maravilloso caos, y otras, simplemente lo ignoran dejándolo seguir su libre curso.

Hablar de Daniel Lezama es referirse a uno de los pintores más radicales de la escena visual mexicana de los últimos diez años. Con esta individual ha vuelto a incomodar a las buenas conciencias y, sin proponerse en su trabajo más allá de complacer sus íntimas necesidades expresivas, hace que el ojo del espectador se enfrente a través de su pintura a fundadores pictóricos como Rafael, Caravaggio y Tintoretto, quienes aparecen en su trabajo como los maestros que les da pie a la estructura, iluminación, dramatismo e incluso paleta ya tan identificable.

Esta admiración se refleja en sus telas, pero hay otra más evidente, que es la de pintar dentro del conjunto de personajes a otros dos de sus admirados creadores visuales: Van Gogh y Gauguin. Ellos son ahora parte del elenco de piezas como La gran noche mexicana, y por supuesto, la muy directamente nombrada Vincent y Paul en América.

Sin embargo, estas referencias, a veces directas y otras veladas, parecería que se nos esconden cuando encontramos que los sueños sublimados que se presentan en las obras de Lezama son situaciones llevadas hasta su más extrema realidad, si por extrema entendemos la reconstrucción fiel de la estética corporal de la mayoría de los mexicanos, incluído un amplísimo catálogo de gestos, actitudes y posturas.

Daniel Lezama ha recurrido en su última época a las composiciones de grandes grupos de personajes. Esta evidente libertad compositiva, que antaño no existía en un trabajo donde había grupos de cuando más tres personas por tela, otorga a la lectura de la muestra una singular fuerza. Se trata en todo caso de obras que soportan revisiones cuidadosas y que han salido de la mano de uno de los pintores actuales más provocadores.

SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS

Daniel Lezama, por Santiago Espinosa de los Monteros | artnexus