La primera exposición individual de Courtney Smith en un museo de Nueva York desestabilizaba el orden de las cosas. Su exposición de esculturas con base en muebles, llevada a cabo en el Chelsea Art Museum, abordó conceptos diametralmente opuestos, como orden y caos, abstracción geométrica y formas orgánicas, repulsión y atracción, unidad y separación. Su obra también sugería un juego de construcción y deconstrucción que nos recordaba las construcciones que hacen los niños con las fichas de Lego. El resultado de este juego puede ser, de cierto modo, ingenuo o extremadamente refinado. En el caso de Smith, ella logró cumplir su tarea al transformar muebles funcionales originales en elegantes piezas de escultura sin una función específica.
En la pieza Você e Eu (2004), la artista recortó una silla original de palo de rosa hecha por el famoso diseñador brasileño Sérgio Rodríguez, y luego incorporó formas geométricas de tríplex a los recortes de madera, creando una superficie plana, abstracta, que desplegó desde la pared hasta el piso. Los oscuros tonos del palo de rosa y el tejido del asiento, ambos de la silla original, contrastaban de manera espectacular con la brillante blancura industrial de los tacos de tríplex, dándole a la pieza una sensación de rareza. El espectador podía reconocer la forma de la silla original en la obra final y, sin embargo, este objeto ya no podía llamarse una silla funcional. Estos juegos conceptuales de Smith suscitaban de inmediato conexiones con las obras de artistas norteamericanos como Joseph Kosuth y Richard Artschwager. El minimalismo también estaba en juego allí, pero en lugar de sacar las piezas de un contexto o significado, la artista dejó que el espectador reconociera sus fuentes originales, e incluso lo indujo para que, por medio de los títulos, encontrara significado en las piezas.

Al escoger títulos como Você e Eu, Sim ou Não (2004) y Tin Tin por Tin Tin (2003), Smith sugería que dos personas estaban sosteniendo un diálogo. El último de éstos llevaba el nombre de una canción del padre brasileño del bossa-nova, Antonio Carlos Jobim. En portugués, Tin Tin por Tin Tin significa explicar todo en detalle, o crear un inventario de cosas. Esta escultura estaba hecha con dos sofás idénticos, de la década de 1960, separados en 110 piezas recortadas y cercadas por módulos de tríplex, lo cual creaba un diseño abstracto de formas geométricas sin una configuración determinada. La artista —actuando como una contrabandista— llevó a Estados Unidos, en su equipaje, los recortes de las sillas originales, y ya en Nueva York, los fusionó con materiales sintéticos como Fórmica y tríplex.
En Reis (2003), un elegante arcón de madera fue invadido por tacos de tríplex que reproducían la forma original de los cajones. Después de que la pieza inicial quedó casi totalmente invadida por los módulos de tríplex, los cajones ya no podían abrirse, y la pieza se convirtió en un objeto de arte decorativo, en lugar de un mueble funcional.
En las series que seguían, en vez de insertar un objeto entre otro después de cortar y pegar con materiales orgánicos e industriales, Smith empezó a jugar con madera tallada. Contrató a un diestro artesano para que tallara diseños barrocos decorativos en muebles originales, como un taburete de palo de rosa titulado Bonito (2002) y una silla, Noir (2002), pero en lugar de verse atractivos, estos elaborados diseños hechos a mano daban la impresión de que las termitas hubieran estado devorando el mueble original. Se veían como una piel tatuada o como si un organismo invasor se hubiera apoderado de ellos y los estuviera destruyendo poco a poco.
La exposición constaba de 16 esculturas que iban desde 2003 hasta el presente. Una de las últimas obras de Smith, Junk House (2006), estaba hecha de 1.000 módulos de ladrillos, todos de materiales desechados de sus piezas anteriores, que estaban yuxtapuestos uno entre otro, creando la forma de una casa. Como en realidad no había nada que sellara la unión entre ellos o que los cimentara al piso o a las paredes, terminaban siendo un castillo de naipes. Al terminar la exposición, estos bloques se empacarán de nuevo en cajas y permanecerán ahí mientras se les encuentra un nuevo destino; la próxima vez que se exhiban estarán transformados en algo totalmente diferente. Al cortar, aserrar, unir, tallar y entrelazar diferentes partes y materiales, Courtney Smith desempeña con gracia el papel de bricoleur, término introducido por Lévy-Strauss para describir a un “hombre orquesta”.
CLAUDIA CALIRMAN
