Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Marta Rodríguez

Clemencia Echeverri

Museo Nacional de Colombia

En los distintos trabajos que ha realizado Clemencia Echeverri, el sonido ha sido un componente importante en sus video-instalaciones. En Casa íntima, las voces de las mujeres y los sonidos domésticos, nos introducían en rutinas cotidianas, en viejas casonas que a causa de la modernización de la ciudad, están en vía de extinción; el ruido de la pólvora, las voces humanas y el chillido del cerdo, en Apetitos de familia, daban el tono a celebraciones culturales donde conviven la fiesta y la violencia; en De doble filo el sonido nos transporta del ambiente doméstico a la amenaza y la zozobra; en Un animal exhausto aún puede pelear, un sonido punzante intensifica el efecto desgarrador de las espuelas de los gallos de pelea; la voz de una pregonera que compra botellas y papel, da cuenta del sonido de esa ciudad específica que es nombrada en Cal y canto. En su última videoinstalación, Voz, resonancias de la prisión, las voces pregrabadas de distintos hombres y mujeres, se convierten en el elemento central de una experiencia que se inicia en 2003 y concluye en 2005.

Dice Clemencia Echeverri: “En el año 2003, viajé a Inglaterra a continuar un proyecto de creación artística. Quería entrar en contacto con población colombiana que se encontrara en circunstancias difíciles en ese país. Inicialmente, sin razones preestablecidas y con un poco de recelo y aprehensión, emprendí unas visitas a algunos presos colombianos detenidos en diferentes cárceles inglesas, y luego en Colombia”1.

Exposición Individual: Clemencia Echeverri — imagen 1
Clemencia Echeverri. Voz / Resonancias de la prisión, 2005. Instalación en el Museo Nacional de Colombia.

De esta experiencia surgen los dos elementos centrales que dan lugar a la videoinstalación: una experiencia sonora y otra experiencia espacial. El ingreso a la cárcel, le hace sentir a Clemencia Echeverri que entra en un “mundo aislado y artificial”, escindido de la vida corriente, en el que prevalece el sonido de “llaves que se agitan”, llaves que suenan a través de un recorrido por largos, silenciosos y herméticos corredores. Luego aparecen las voces de los entrevistados, “voces quizás sin niñez, sin padres, sin afectos, sin educación, llenas de maltrato, llenas de humillación”, que son grabadas a través de largos diálogos entre la artista y los prisioneros.

En sus relatos, Clemencia Echeverri ve un deseo de “establecer algún contacto” con la memoria, con el pasado de esos hombres y mujeres que por múltiples circunstancias están aislados de la vida corriente. “Visitan los lugares de infancia, los padres, la educación, los afectos. A veces es difícil continuar. Lloran, se detienen y relacionan. Borran, evocan encuentros deseados y desafortunados. Por momentos hay quietud. Cuentan unos, revisan otros, salta la risa: 'En mi casa los pisos eran impecables debido a lo estricta que era mi mamá. (…)' De memoria recorren espacios vividos. Pasa el tiempo en silencio. Salen de allí para volver al comienzo, relatan, lo cuentan en detalle, lo trazan, reclaman, aparece la rabia: 'En mi casa era diferente, sólo era pobreza y violencia'. Se devuelven en años, pero regresan y lloran. Encuentran cal en capas, muro, colegio, otro muro, casa, padres, familia. Aumentan los encuentros. (…) Ven a la madre que a veces atiende y al padre que vigila y desatiende. (…) 'yo lo odiaba lo odiaba, lo odiaba. Mi papá le pegaba mucho a mi mamá. Yo le daba gotas de Sinogan para dormirlo”.

Esta experiencia personal de Clemencia Echeverri da lugar a la intervención sonora y visual que se realizó en el primer piso del Museo Nacional, el antiguo Panóptico de Bogotá que fue construido por el arquitecto Thomas Reed en el siglo. XIX. En estas galerías del primer piso, hoy transformadas en parte del museo, vemos ante todo una excelente arquitectura, la memoria de su pasado queda un tanto atrás gracias a la nueva función de este espacio abovedado y blanco. Clemencia Echeverri, al intervenir con su experiencia el lugar, a través de un video que captura la imagen de ese mismo espacio que es proyectada sobre el muro real, evoca ese pasado y literalmente, crea un espacio que se desdobla más allá de los muros físicos y del tiempo real. A medida que el espectador va recorriendo esa galería infinita, en las bóvedas laterales se accionan censores y surgen las voces de esos hombres y mujeres que evocan un pasado remoto, en el que van apareciendo una a una las circunstancia de su pasado y su encierro.

El plegable de la muestra, compuesto de dos cuerpos que se van abriendo, da cuenta exacta de esa experiencia que se quiere transmitir: en primer plano, una reja que se abre, más allá los muros blancos impecables, con su arcadas blancas que se prolongan hacia el infinito, y al abrir, la dos tapas quedan al lado los textos que transcriben las palabras de las múltiples voces. Cuando se abren las dos tapas, aparecen las ruinas de un espacio que en el pasado albergó la experiencia de tantos hombres cuyas voces aún resuenan en la voz de los prisioneros de hoy.

NOTA

1. Las citas son tomadas de textos que hacen parte del proyecto de Clemencia Echeverri.

MARTA RODRÍGUEZ

Clemencia Echeverri, por Marta Rodríguez | artnexus