Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Estefanía Sokoloff

Bernardo Salcedo

Galería Alonso Garcés

Doce iglesias es una serie que resulta inquietante dentro de la producción del artista Bernardo Salcedo, debido a que se encuentra en las fronteras de un espacio que denominaremos ”la otra cara”, determinado por la contundencia con que indica la importancia de la verticalidad en la concepción de una obra plástica.

El arte, manifiesto que ha utilizado el hombre para hacer señalamientos frente a temas álgidos como la política, el sexo y la religión, encuentra en la propuesta de Salcedo un escenario bien interesante, debido a que ha sido trabajado para mostrar un segundo significado de las cosas. El bricolage y las metáforas visuales son constantes de su producción plástica que resultaban familiares al enfrentar una nueva serie en su obra, y es por esto que Doce Iglesias resulta tan inquietante.

No hay ni bricolage ni metáforas en esta exposición, doce objetos trabajados a conciencia, que convierten la materia prima con que fueron construidos de contenido en caparazón. Una serie que busca la estética individual de cada obra permitiéndoles compartir una misma plataforma de creación: en esencia, conservan y exaltan tres aspectos básicos de la arquitectura religiosa presentes en el altar colonial, fuente de donde surge esta serie:

Exposición Individual: Bernardo Salcedo — imagen 1
Bernardo Salcedo. Sin título, 2006. Fragmentos de altar del siglo XIX. Acrílico y aluminio. 85 x 30 x 50 cm. (33 1/2 x 11 3/4 x 19 1/2 pulgadas).

- La verticalidad, referida específicamente a la relación del ser humano con el ser superior.

- El color dorado, esplendor que direcciona el pensamiento hacia lo sacro.

- La noción de iglesia como espacio contenedor de las almas.

La fuerte presencia estética de los tres aspectos resaltados podría conducir la lectura a un error interpretativo: un buen maquetista de modelos góticos hubiera también trabajado con maestría estas tres variables, pero es en realidad “la otra cara” de la serie de Bernardo Salcedo lo que resulta interesante.

Se trata de la intuición y el manejo del conocimiento a priori con que se conectan estas particularidades estéticas al espectador. Cabe preguntarse ¿por qué cuando se quiere buscar al ser superior se mira al cielo y no al horizonte, es decir, se establece una dirección vertical en vez de horizontal? O ¿por qué la intensidad de un color como el fucsia no me lleva a considerar algún objeto sagrado; por último ¿por qué las iglesias invitan (y obligan de cierta manera) a un control del volumen de la voz?

Este tipo de informaciones aprendidas tienen en común que en muchos casos no han sido enseñadas sino transmitidas sin palabras entre generaciones. Es un planteamiento que destaca la “la otra cara” de los objetos de Bernardo Salcedo.

Curiosamente, y en la misma dinámica, Doce iglesias se instalan en la Galería Alonso Garcés, que resulta ser un espacio que fue adaptado de iglesia a lugar de exposiciones. Surge, por ende, la necesidad de recurrir a la redundancia para transmitir la resultante de esta serie expuesta en este espacio tan particular: contenedor de contenidos, conteniendo contenedores.

Sin duda, un juego interesante de palabras que, entendidas desde la perspectiva artística, adquiere cierto sentido; pero retomando la noción arquitectónica, hay una última variable que de nuevo resulta inquietante.

Salcedo se ha caracterizado por ofrecernos una escala de objetos que nos permite como espectador absorber de una sola mirada alguna de las caras de sus obras. Una lectura que totaliza el objeto para luego invitarnos a recorrerlo.

Pero aun así, las obras de Salcedo mantienen la característica de

“la otra cara” que se viene mencionando.

Se refiere también a la imposibilidad de un artista que trabaja objetos tridimensionales, de dominar la acción del recorrido del espectador frente a sus obras. Una acción que se torna relevante cuando con los objetos se abordan temas tan relevantes como la relación del ser con su divinidad. Doce iglesias es una apuesta muy bien concebida que cuestiona al objeto como tal, debido a que acude a una información contenida en cada espectador y que se refiere específicamente al reconocimiento del objeto sacro, vertical y dorado.

ESTEFANÍA SOKOLOFF

Bernardo Salcedo, por Estefanía Sokoloff | artnexus