Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Ingrid María Jiménez Martínez

Annex Burgos

Galería Raíces

La Galería Raíces de San Juan presentó la exposición titulada Transcorpus de la artista puertorriqueña Annex Burgos. Tres esculturas de tamaño natural se dispusieron en una sala de paredes blancas desprovistas de adornos y distracciones. La muestra sucinta y sobria resume la propuesta sobre el cuerpo femenino mediante una metonimia evocadora. Ausente está en las tres esculturas la parte inferior del cuerpo que es sugerida por faldas hechas de metal y de varillas de hierro. La corporalidad en Transcorpus no se somete a un intenso escrutinio, sus formas son, en parte, fragmentos de maniquíes en escayola y volúmenes logrados por planchas de metal o por los contornos de las varillas que conforman unas faldas y una jaula. El cuerpo para Annex Burgos es ausencia y vacío.

Imaginar una comparación entre estas esculturas y el auriga de Delfos, por ejemplo, genera un contraste agudo. Mientras el artista griego se esforzó en el agalma sacrificial sugerir debajo del peplo los pies desnudos de Polízalo de Siracusa, vencedor de los juegos del año 470, Burgos rehúsa describir las piernas y los pies, darles forma a las partes sugerentes de movimiento. El cuerpo más allá del cuerpo, como sugiere el título de la exposición, ha desaparecido, en parte, para ser reemplazado por una envoltura lineal, contorno exterior, vestido de metal o de hierro. No obstante, no es una indumentaria restrictiva y ocultadora, a excepción de la falda de la obra titulada igual que la exposición, las otras, Metacorpus e Ímpetu muestran un interior donde no hay nada para ver. Símbolo de contención, el armazón metafórico, la jaula como falda, regula lo que podría verse de la parte baja del cuerpo asociado con la sexualidad femenina y la movilidad.

Exposición Individual: Annex Burgos — imagen 1
Annex Burgos. Ímpetu, 2005. Escultura en técnica mixta. 208,2 cm. de altura (82 pulgadas).

La división formal establecida por los torsos en escayola y las faldas de metal o hierro podría suponer una jerarquía corporal en la que la parte inferior asociada a la sexualidad, a las necesidades y funciones básicas y al movimiento se desdeña, porque no se define, mientras que la superior, regida por la racionalidad y el verbo, se privilegia, porque se le da forma. Si las esculturas de Burgos pretendieran recalcar dicha jerarquía, reiterarían la visión que desde Descartes se instituye en el pensamiento occidental y que hunde sus raíces en el pensamiento griego, es decir, el modelo de clasificación binario basado en la oposición psique y cuerpo. Sin embargo, la propuesta de Burgos se puede concebir como contraria a la visión homocéntrica porque recupera para la mujer los valores positivos de la mente que eran asociados principalmente con los atributos masculinos.

Contrario a lo expuesto, la cabeza y el torso son, en otro sentido, recuerdo de la concepción tradicional del cuerpo en la escultura del arte occidental y de la visión patriarcal que la fundamenta. Las escayolas, trasunto de las esculturas marmóreas, connotan el arte renacentista y el neoclásico dieciochesco. Sus superficies duras y lisas controlan la potencial falta de docilidad del cuerpo femenino, convirtiendo y conteniendo su carne voluptuosa y sensual en formas blancas, artificiosas y decorosas. Burgos sitúa su concepto del cuerpo femenino en la tradición modernista, entre los maniquíes de los surrealistas y de los modistas de alta costura y el ready made de los dadaístas. Esa convergencia del ready-made y los maniquíes hace del cuerpo femenino en estas obras de arte una entidad densa de significado y de sentido. No obstante, no hay un interés por la visibilidad plena, puesto que no todo el cuerpo se convierte en imagen. Parte del cuerpo no es cognoscible. Pareciera que la visibilidad plena pudiera conducirnos a una apreciación sobre el cuerpo sexual femenino, más que hacia una meditación sobre el cuerpo en el arte y como arte.

 Transcorpus nos remite a la ambivalencia actual entre lo permisible y lo prohibido en la representación de la figura femenina. El cuerpo vestido por la falda-jaula hecha de materiales industriales sugiere la protección de la parte más privada de la mujer, de aquello que siempre ha sido una amenaza para el arte del desnudo femenino. La incomodidad y la ansiedad con lo prohibido se resuelven mediante la alquimia del arte que transmuta la materia en vacío. Lo censurado del cuerpo artístico en su exhibición decorosa para el otro se limita a lo que puede ser parte de la representación y está doblemente protegido de la mirada y del tacto; visualmente no puede apreciarse, como tampoco físicamente puede tocarse. Según la artista ha expresado, el hierro y el metal conforman un escudo protector de la parte baja del cuerpo femenino, de esa parte destinada a la imaginación. Las siluetas de las faldas delineadas con el hierro y metal son de una dureza no comparable a las líneas dibujadas o pintadas que recrean los contornos de los desnudos; o a las líneas imaginarias de los contornos escultóricos marmóreos.

Annex Burgos, al repensar el cuerpo en el contexto de la crisis de valores, creencias, conceptos y definiciones en la postmodernidad, reconstituye el cuerpo femenino fragmentariamente a la manera efectuada por los ingenieros y científicos. La escayola, el hierro y el metal son metáfora de la hibridez orgánica, de un cuerpo que hace ya tiempo dejó de ser sólo carne y hueso.

INGRID MARÍA JIMÉNEZ

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