Un merecido homenaje ha rendido la Galería de Arte Nacional de Caracas a un maestro del arte en Venezuela, Alirio Oramas (Venezuela, 1924), organizando una muestra antológica con obras realizadas entre 1946 y 2005. Ciento diez obras dieron cuenta del trabajo del artista; el día de la apertura presentó el performance Eva-Adán. Desde sus inicios como estudiante de la Escuela de Artes Plásticas de Caracas (1943), Oramas se mostró rebelde ante la rigidez de los cánones académicos de la enseñanza artística, abogando por la libertad creadora y personal, asunto que traducirá en una obra desarrollada a lo largo de muchas décadas, así como en la intensa actividad desplegada como promotor y docente en el campo de la actividad artística del país, especialmente en la rectoría del Taller Libre de Arte, 1948, espacio creado para la reflexión y práctica de la actividad artística que dejará profundas huellas en el desarrollo del arte local; en 1974 es nombrado director del Museo Armando Reverón, Macuto, y de más está decir que tiene en su haber numerosas exposiciones personales y colectivas.
Verdadero protagonista de una historia, la versatilidad de la obra de este aún joven artista, capaz de incursionar en lenguajes como las acciones-performances (por ejemplo La creación de Adán y El camino a las estrellas, y otras más actuales de la contemporaneidad como la instalación), muestra los aportes que en diferentes momentos ha hecho a la plástica en Venezuela. Por un lado, podría considerarse entre los pioneros de la toma de la abstracción geométrica como un camino hacia la universalidad al principio de la década de los cincuenta; precisamente, en 1951 le es otorgado el premio Nacional de Artes Plásticas por el envío de cuatro obras, destacándose Cometas y papagayo, y por el otro enrumba sus intereses hacia tendencias en boga en los sesenta, como el informalismo, para más tarde, a partir de los ochenta, sumarse a movimientos contemporáneos de vanguardia. Aunque podría pensarse que este proceso sea de saltos entre diversos ismos, en el caso de Oramas, es una continuidad en el discurrir de un proceso creativo en el que existen coordenadas fundamentales que permiten observar una absoluta coherencia en el resultado del cuerpo visual y tangible revelado en la obra del artista.

Uno de los puntos importantes es la exploración que Oramas práctica en el universo más íntimo de la pintura. Sus propuestas plásticas estriban en hechos fundamentales de su vida personal y artística, cuando hace uso de todo un inmenso equipaje intelectual y de conocimientos sobre la historia del arte, el arte mismo y sus misterios. Lo más íntimo de sus intereses existenciales, y hasta domésticos, se concentra en cada una de sus obras. Cuándo titula la exposición antológica Del misterio a las revelaciones, está aportando claves para una lectura de un discurso plástico visual y conceptual. Es evidente que aquí plantea sus intereses en el universo esotérico como fundamento hacia una vida espiritual profunda. Esto lo ha llevado a producir una obra cercana a paisajes, naturales o urbanos, de carácter fantástico y de atmósferas poéticamente simbólicas. Sin embargo, podría enfatizarse que Oramas no es un pintor figurativo per se. Su obra comulga con una abstracción que, si bien muchas veces las formas son reconocibles, tiende más hacia planteamientos conceptuales expresados en un metalenguaje de formas entrelazadas entre lo geométrico y lo figurativo. Cuando se habla del interés de Oramas por temas ligados a un universo metafísico, no necesariamente se plantea en su pintura descripción o narración. El contenido de ellas tiene los límites de ellas mismas, el espectador busca en la superficie que tiene enfrente las señales que le permitan descifrar el mensaje oculto en las formas y los colores.
Las imágenes, abstractas o figurativas, en Oramas no tienen tiempo, pero sí espacio y color. Estos dos últimos elementos fundamentales en la configuración de la obra, sea ésta la que sea, demuestran su dependencia del color, no necesariamente estridente ni visualmente ruidoso. Para él, el color lleva la composición a su clímax y resume el tema en toda su extensión expresando la poética pictórica emblemática de sus intereses estéticos. A lo largo de su vida, este artista venezolano ha sido protagonista y espectador de hechos fundamentales que han incidido en su vida como ser humano y como artista, y también en la de sus contemporáneos.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
