Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Richard Leslie

Alfredo Jaar

Galerie Lelong

Al emplear por primera vez una película, Alfredo Jaar continúa residiendo, como lo ha hecho toda su vida, en la noche de las desigualdades globales y las atrocidades humanas, mientras empieza un nuevo camino hacia lo que esperamos sea la luz que él busca en nombre nuestro. Su giro hacia el cine acepta una nueva conciencia de los límites del arte y el artista, en tanto que confirma una nueva y fragmentada plenitud de la condición humana.

La película de 33 minutos, titulada Muxima, fue editada a partir de un video digital de 25 horas que el artista grabó en Angola y convirtió en diez Cantos de diferente duración y contenido. La inspiración sociopolítica para escoger a Angola fueron los años de colonialismo portugués, seguidos de treinta años de guerra civil postcolonialista. El país fue utilizado como un campo de batalla sustituto para fuerzas globales internacionales enfocadas en su riqueza petrolera. El proceso mató a un millón de angoleños, desplazó a cuatro millones, creó campos de muerte con 18 millones de minas terrestres que todavía están activas, y estableció economías occidentales de cuentagotas que llevaron a una tasa de pobreza del 70% y a un 15% los infectados por el Sida.

El telón de fondo es la pobreza de la promesa capitalista; el primer plano es la consecuente devastación. Pero Jaar ha aprendido que estas realidades son tan poderosas que se tornan abstracciones sin sentido para los espectadores occidentales sumergidos en la cultura visual. Y, más importante aún, no pueden ser refrenadas ni transmitidas de manera afectiva. Esto ha sido una fuente constante de frustración en sus intentos por responder mediante diversas estrategias de representación del sistema del mundo del arte. Su respuesta es volver a formular su conciencia pública, social, mediante un regreso a la curación, iniciada primero dentro del yo y extrapolada ahora a sus inquietudes globales.

Exposición Individual: Alfredo Jaar — imagen 1
Alfredo Jaar. Muxima, 2005. Video digital. Tiempo: 36 minutos.

Jaar tomó el título de la película de la canción folclórica angoleña Muxima —palabra que significa corazón—, creada en la década de 1940 para protestar contra el colonialismo portugués. El artista encontró varias versiones de la canción en su colección musical mientras trataba de sanar su propio corazón, herido a causa de su trabajo centrado en Rwanda (1994-2000). Para el año 2000, su serie Lament of Images, basada estrictamente en textos, perdió las esperanzas de que las imágenes plasmaran por completo la naturaleza de los mundos con los que el artista se había encontrado, o que dirigieran de manera adecuada la conciencia de lo espectadores. La falta de imágenes también negó los propios impulsos estéticos de Jaar.

En Muxima, un selecto aunque rico tapiz de gentes, el paisaje, los colores y la música se compenetran antes que mezclarse. Diversas versiones de la canción, con y sin letra, hacen parte del nuevo texto, escuchado más que leído. Como modelo suyo Jaar se remite a poemas cortos de efecto prolongado, y logra los máximos efectos con el mínimo de recursos. La película fue editada de acuerdo con los ritmos de la música, pero el artista extiende el concepto de ritmo a la abundancia de luz, color y movimiento, aunque no a la exclusión de quietud. La nobleza de la normalidad emerge de los rostros de los hombres que navegan en un bote río arriba, mientras la cámara simplemente queda sujeta a ellos y se escucha música sin palabras en tándem con la escena.

Muchas tomas congeladas de angoleños se intercalaron con el movimiento para permitir que sus rostros hablaran en silencio. Para mí, éstos eran los momentos más emocionales de la película, en especial su decisión de emplear el silencio mientras las madres, con fotos de sus hijos en la mano, testificaban frente a la cámara en nombre de sus familias desaparecidas. Lo mismo puede decirse del hombre que desenterraba minas y cuyo efecto reposaba en la intensidad de su mirada, la parsimonia de sus movimientos y el sudor de su frente.

El corazón de Jaar ha recobrado la fe en la imagen de la gente como su texto para hablar de un modo más claro sobre sacrificios y vivencias personales. Pero el silencio también se empleó para volver a expresar su frustración. El artista congeló el cuadro al final de cada canto con un fundido hacia el negro, para personificar la comprensión de que sólo los fragmentos pueden lograr lo que una sola narrativa unida no logra: la realidad puede ser sugerida o cercada, mas no representada. Uno de los cantos consistía en rápidas y breves tomas del suelo, que de repente cambiaban a los pasos de un individuo no identificado que corría hasta llegar a un estadio vacío al aire libre cuya enorme pantalla estaba en blanco. Angola no tiene representación en la mente occidental, no hay una pantalla en donde pueda repetir su imagen. Para Jaar, ésta es la constante problemática para el artista, pero presentada en nuevos términos para él; mantener una posición socialmente comprometida que ni abandona ni es seducida por el poder de la condición humana o la autonomía de lo estético.

RICHARD LESLIE

Alfredo Jaar, por Richard Leslie | artnexus