Exposición Individualjun 2006 - ago 2006· Por Ana Fernández

Alejandro Aguilera

Georgia College and State University

Alejandro Aguilera ha sido invitado a exponer en GCSU por Richard Lou, artista chicano, jefe del departamento de arte que ha ido desarrollando un nuevo currículum de estudios y un programa de artistas invitados inédito en esa institución (Guillermo Gómez Peña fue el artista anteriormente invitado).

La exposición Forty One Yards of Lines de Alejandro Aguilera es representativa del desarrollo que ha experimentado un grupo de artistas cubanos (vinculados a la renovación artística de los ochenta en Cuba) que formaron parte del éxodo masivo de intelectuales y creadores a principios de los años noventa, consecuencia directa del colapso institucional de la cultura en la isla. Este desarrollo consiste en una apertura formal y conceptual hacia un espacio expresivo diversificado, más inclusivo o abarcador. En Cuba, Aguilera se interesó por las grandes narrativas de la Historia, el Mito y la Política como fuentes y materiales de su trabajo, creando propuestas que aspiraban a tener amplias implicaciones sociales. Más tarde en México, sus intereses se orientaron gradualmente hacia el estudio sistemático de fuentes literarias (la obra de Octavio Paz fue entonces su fuente más importante) y hacia búsquedas formales que lo llevaron a incorporar soluciones abstractas en su obra. La presente exposición reúne esculturas, acuarelas de gran formato que combinan el dibujo en medios diversos, e instalaciones transitorias de pared, especie de murales efímeros que incluyen materiales y objetos tridimensionales.

Exposición Individual: Alejandro Aguilera — imagen 1
Alejandro Aguilera. Paisaje de la frontera, 2006. Tierra, maleta de cuero azul, aguja, huesos para pedir deseos, tinta y fibras. 273,6 x 608 cm. (108 x 240 pulgadas). Cortesía de Travis Linville.

La instalación de pared Border Landscape (2006) es como una visión hecha paisaje o, simplemente, un paisaje subjetivo (¿morada de espíritu?). Tal como su título sugiere, esta obra se inspira en los paisajes recorridos a diario por los inmigrantes ilegales que cruzan las fronteras nacionales en busca de una mejor vida. Está hecha a base de materiales extra artísticos. Aguilera usa tierra como pigmento, diluida en agua y mezclada con goma; fibras vegetales naturales entretejidas para formar un círculo (¿centro místico?) situado en lo alto y en el medio de la composición; fibras de pino con las que dibuja dos puentes (¿conectores simbólicos de mundos diferentes?); y ramas de árboles con forma de horquetas pegadas en la pared (¿amuletos para la protección y buena suerte del viajero caminante?). Formalmente, el paisaje se desarrolla a partir de una diagonal que atraviesa de arriba hacia abajo y de un lado al otro la composición. En el triángulo mayor dominan el gesto pictórico y el color ocre de la tierra; mientras que en el menor sobresalen como elemento expresivo las líneas negras, finas y ondulantes, que se desarrollan sobre un fondo blanco. La diagonal deviene elevación cubierta por montículos y lagos. En el nivel bajo, a lo lejos, el terreno se transforma en orilla y en mar. Árboles defoliados y figuras humanas anónimas, esquemáticamente representadas, habitan el paisaje.

En la misma galería el artista aprovechó tres ventanas clausuradas para recrear sobre ellas tres vanos típicos de la arquitectura medieval románica y gótica. El dibujo de las ventanas crea la ilusión de que estamos parados en un interior, mirando a través de los vanos hacia un exterior que es todo luz omnipresente sin dirección ni fuente. Los ejes que aparecen soportando las aperturas forman cada uno una cruz. Con ello el artista nos sitúa definitivamente ante un universo metafísico, espiritual.

Las seis esculturas presentes en esta muestra forman parte de un cuerpo más amplio de obras tituladas Ornamentos (2001), que tuvo en la naturaleza, específicamente en los árboles, su inspiración. Aguilera trabaja en un estudio abierto rodeado de árboles. En general, sus esculturas-ornamentos celebran su experiencia diaria en ese medio, así como la significación cultural básica (o función simbólica) que el ser humano  ha dado a los árboles: el ser vehículos de comunicación entre la tierra y el cielo, y viceversa. De ahí el carácter de estelas o la marcada verticalidad de estas piezas.

Los dibujos son también parte de la serie mayor Black Drawings, comenzada en 1997 y que se prolonga hasta hoy. Las serie tiene como característica esencial la autorreferencialidad del arte y una riqueza visual que abarca de la representación figurativa a la abstracta, de lo acromático a lo monocromático a lo policromático; una riqueza visual sostenida, además, por el uso mixto de técnicas de dibujo y pintura. Black Drawing (Homage a Bill Traylor) incorpora como tema un personaje (específicamente tomado del dibujo Man with Umbrella) creado por este artista autodidacta americano, y Black Drawing (African Shield) se inspira en un escudo perteneciente al grupo étnico africano Kikuyu. Por último, Black Drawing (Paisaje Japonés. Homenaje a Pedro Vizcaíno) recrea una pintura de biombo japonesa del siglo XVII en la representación de un valle atravesado por un río y sus afluentes. Un valle habitado por embarcaciones y elementos escultóricos que nos recuerdan en su estructura al sistema constructivo chino conocido como column-beam-bracketing. La representación del agua en los tres dibujos actúa como motivo unificador del conjunto. Aguilera incorpora técnicas y expresiones culturales y artísticas de un reservorio extraordinariamente variado, con la intención de crear un espacio de intercepciones emancipadoras que nieguen todo intento de categorización definitiva.

ANA FERNÁNDEZ

Alejandro Aguilera, por Ana Fernández | artnexus