Exposición Individualmar 2006 - may 2006· Por Alberto Barral

Tomás Sánchez

Marlborough Gallery

La nueva exposición de obras de Tomás Sánchez es una ventana hacia una interpretación muy personal del paisaje en la que el artista ha estado trabajando por mucho tiempo y que ahora ha madurado en un tema seriado y con estilo propio.

Sánchez ha trabajado y desarrollado el tema del paisaje imaginario dentro de un marco espiritual que ha sido comparado, de manera acertada, con la pintura tradicional china de paisajes. Este rasgo también fue observado en su carrera desde muy temprano (por críticos como Gerardo Mosquera en Sus paisajes son claros, una introducción para el catálogo de la exposición en la Galería Arvil de México D.F., en noviembre de 1989). Al igual que los pintores orientales de paisajes, Sánchez no representa un sitio específico; sus imágenes son más bien el destilado de una serie de lugares que él ha visto y a los que les ha agregado o suprimido algo para construir otro paisaje completamente nuevo. De ahí la sensación de experiencia alucinógena que pueden evocar algunos de los lienzos; sentimos que hemos estado antes en esos lugares pero que, por alguna razón, eran muy diferentes de las pinturas.

Exposición Individual: Tomás Sánchez — imagen 1
Tomás Sánchez. From the Cave of the Heart, 2005. Oil on canvas. 78 3/4 x 98 3/8 in. (200 x 250 cm.).

Tomás Sánchez es un pintor contemporáneo cuya obra refleja un interés por el medio ambiente que puede interpretarse como ecológico pero que, en el fondo, está sincronizado con una fuente espiritual interior que, de manera muy similar a como sucede con la pintura china clásica de paisajes, conjura al espectador a poner un pie en la pintura y descubrir algo de sí mismo durante el viaje imaginario.

Otro elemento importante en su composición es el agua. Ésta aparece en sus pinturas en forma de pozos reflectantes, ríos y cascadas, y siempre forma parte integral de sus composiciones. Todas las obras de la exposición, (excepto una) demuestran la presencia de una masa de agua. Una vez más, éste es un tema particularmente conectado a la pintura de paisajes china y japonesa, en especial ésta última; se le asocia con Kwanon, la diosa budista de la misericordia, en la que el agua misma es uno de los atributos de esta importante deidad del panteón budista, como lo afirma Ernest F. Fenollosa en Epochs of Chinese and Japanese Art, Vol. 2, de Dover Publications, Nueva York, 1987.

En realidad, una descripción de un paisaje chino tradicional hecha por Fenollosa en este autorizado libro, que se refiere específicamente a Hsia Kuei (Kakei), uno de los pintores clásicos chinos más importantes de la dinastía Sung (siglo XII), podría perfectamente estar describiendo un paisaje de Sánchez: “El dibujo de árboles que coronan las crestas a la izquierda muestra una espléndida disposición generalizada, a una distancia media, con la cual se logra una orla incipiente, como la que revela una fotografía de una formación natural similar cerca de Kamakura”; y, más adelante, sobre el tema del agua, dice: “Kakei también pintó magníficas cascadas con bruma que flota entre las montañas… El brillo de la luz del sol a través de la neblina y desde el agua difícilmente puede ser mayor” (tomado también de la obra Epochs of Chinese and Japanese Art, Vol. 2).

Las pinturas de Tomás Sánchez tienen a menudo esta misma familiaridad con la fotografía y, al igual que un pintor de paisajes chino, adapta esta proximidad a la realidad para dar la ilusión de un lugar existente cuando en realidad la pintura está tratando de llevarnos a comprender un estado de ánimo con un marcado énfasis en el conocimiento espiritual.

También es común en los paisajes chinos y japoneses clásicos ver una pequeña figura, que representa a un sabio o un erudito, contemplando el paisaje, en el que parece reflexionar sobre los misterios de la creación o simplemente buscar iluminación por medio de la meditación. El mismo Tomás Sánchez ha sido durante muchos años adepto al yoga, y la pequeña figura solitaria, retratada siempre en poses de meditación de esta disciplina, que aparece sistemáticamente en todas las pinturas de esta exposición, hace referencia a esa comunión (comentario del profesor Edward Sullivan en el ensayo del catálogo para Nubes sobre la laguna, publicado por Christie’s New York, junio de 2000, p. 114).

Otro aspecto importante de la obra del artista que lo conecta con los pintores tradicionales de Oriente es la repetición de los temas. También es interesante que las meditaciones de Tomás Sánchez, como los mandalas, pinturas empleadas para la meditación budista, son a menudo producidas en serie. (Denise Patry Leidy y Robert A. F. Thurman, Mandala, The Architecture of Enlightenment, Asia Society Galleries, Nueva York, septiembre de 1997).

La repetición de temas también hace inevitable la alusión al torrente de copias de famosas obras maestras que se hacía en Oriente de una generación a la siguiente. (Fenollosa, pp. 128-129). En la obra de Tomás Sánchez se puede ver una conexión con este acto de perpetuar, así como el deseo de proyectar una continuidad de iluminación espiritual que persiste de un lienzo a otro.

Es precisamente esa fusión de lo espiritual y lo realista, y la búsqueda contemporánea de la espiritualidad en el arte, lo que hace que su obra sea tan atractiva y deseable para los coleccionistas. Cuando terminó la recepción de inauguración se habían vendido todas las obras de la exposición, con excepción de una.

ALBERTO BARRAL

Tomás Sánchez, por Alberto Barral | artnexus