The (S) Files 2005

Nicola López. Gigantes caídos, 2005. Bloque de madera sobre Mylar. 274,3 x 365,7 cm. (108 x 144 pulgadas). Colección de Filemon y Rose Vela. Cortesía: Irvine Contemporary Art, Washington, DC y Caren Golden Fine Art, Nueva York.

Colectivamar 2006 - may 2006· Por John Angeline

The (S) Files 2005

En años recientes, El Museo del Barrio ha capeado cambios en su dirección y en lo que algunas partes han considerado un ajuste en su misión, y ha logrado lo que parece ser un precario aunque exitoso acto de equilibrio. Por estos días, El Museo del Barrio se esfuerza por responder a las exigencias de actuar como una organización comunal de origen popular, vitrina del talento latino emergente e institución profesional de arte contemporáneo internacional. Quizás la exposición que mejor refleja estas múltiples identidades es la serie bianual de exposiciones del museo titulada The S-Files.

Colectiva: The (S) Files 2005 — imagen 1
Patricia Zárate. De la serie Líneas #1-8, 2003-2004. Grafito sobre fórmica montada sobre masonite. 27,9 x 27,9 cm. (11 x 11 pulgadas).

S-Files 2005 es el cuarto capítulo de la serie y revela de inmediato su crecimiento e importancia al incluir un curador de Santa Bárbara y un curador invitado de Puerto Rico. Esta exposición, que busca mostrar a prometedores artistas latinos seleccionados, en buena parte, de los archivos en permanente expansión que mantiene el museo, es vista como un barómetro para la siguiente ola de artistas emergentes. Como sucedió con el capítulo original de esta serie, la exposición actual es notable por la pluralidad de estilos, estrategias y temas que ofrecen los artistas escogidos. Esta diversidad, aunque raya en parecer autorreflexiva más que orgánica, es, sin embargo, refrescante a la vista. Por supuesto que existirán voces críticas que cuestionarán el hecho de agrupar artistas que aparentemente no tienen nada en común, excepto una herencia étnica —y emplear esto como el único punto de unión sería tomar algo diverso y multifacético como las culturas encontradas en el mundo latino y reducirlas a un común denominador monolítico— en especial si gran parte del arte no se relaciona explícitamente con temas de identidad cultural. Sin embargo, parece halagüeño ver talento joven exhibido en toda su variedad antes que encajonado prematuramente dentro de ciertas etiquetas preconcebidas por críticos/curadores.

Colectiva: The (S) Files 2005 — imagen 2
Nancy Friedemann. Sin título, 2003. Tinta sobre Mylar. Detalle. 228,6 x 457,2 cm. (90 x 180 pulgadas).

Tradicionalmente, en sus selecciones, los curadores de The S-Files han evitado ser demasiado obvios o muy determinados desde el punto de vista cultural, y vale la pena continuar con esta tradición casual.

Por supuesto que el hecho de evitar una agenda preestablecida en una exposición como ésta también puede llevar a una posible imprevisión. Los curadores explican la pluralidad del arte y la diversidad de los artistas latinos incluidos invocando el tema poético de Destinos Imposibles, que sugiere la complejidad de la existencia nómada y el poscolonialismo y la aldea global y cosas así. Debido a que éste no es el soporte más fuerte para realizar una exposición colectiva, el catálogo ofrece otros subgrupos como Ritual and Repetition, Nomadism y Hope and Exaltation. Sin embargo, la naturaleza abierta de la muestra y la forma en que diversas obras generan diferentes grupos dentro del mismo espacio, indica que uno puede hacer otras relaciones según lo desee.

Colectiva: The (S) Files 2005 — imagen 3
Carlos Aponte. Mujer, 2005. Hombre, 2005. Conceptos gráficos, bordados sobre tela e impresos sobre camisetas. Dimensiones variables.

Es interesante observar que, dentro de toda la diversidad, ciertas selecciones parecen repetirse. La fusión de estilos y sistemas codificados es, desde luego, una estrategia importante, como puede verse en las obras de Christina Hernández-Botero, cuyos Pectorals of Light combinan pectorales precolombinos con pinturas corporales de Yves Klein, de la década de 1960; o en Carlos Aponte, cuya obra fusiona petroglifos taínos con logotipos empresariales y anime japonés, en una forma similar a la de Malcolm Morely o Ashley Bickerton.

Colectiva: The (S) Files 2005 — imagen 4
Delia González y Gavin Russom. Momento colorado, 2005. MDF, laminado de metal, aluminio, componentes electrónicos, parlantes, 5 formas modulares reorganizables. Dimensiones variables. Cortesía: Daniel Reich Gallery.

El uso de instalaciones tecnológicas también está presente en toda la exposición. Con Landing, Graciela Fuentes proyecta un video en blanco y negro de una vista aérea de la ciudad de México sobre un montón polvo reunido en un cuadrado, recordando la propia identidad migratoria de la artista y el estado de desprendimiento en el que existen muchos inmigrantes. Entretanto, Delia González y Gavin Russom hacen una instalación posminimalista cuyas superficies reflectivas y acompañamiento de música de sintetizador mencionan una variedad de referencias tecnológicas y pop-culturales.

Colectiva: The (S) Files 2005 — imagen 5
Cristina Hernández-Botero. Pectorales de luz, de la serie Híbridos al interior de las culturas, 2005. Cajas de luz con pigmento dorado de Colombia. 5 obras. 48,2 x 48,2 cm. (19 x 19 pulgadas).

Quizás lo más interesante es lo mucho que estos artistas han invertido en el dibujo. En las manos de artistas como Raymond Saa, Chio Flores, y Patricia Zárate, el dibujo está bien representado en términos de su fluidez visual, modalidades de discurso visual de las que puede apropiarse, e incluso en su presencia física como arte de instalación. Uno de los proyectos más fascinantes es la obra titulada Fallen Giants, de Nicola López, quien hizo una serie de grabados con adoquines de madera sobre láminas de mylar a las que dio forma, recortó y dispuso en capas hasta que tomaron su espacio en la galería como una escultura deconstruida que, aunque de una delicada belleza, sugería destrucción y decadencia industrial. Nancy Freidman también fusionó modalidades de representación en su pieza Untitled. Este dibujo en tinta sobre mylar fue ejecutado en forma meticulosa para que pareciera un tapiz de encaje y crochet en cuya confección las mujeres colombianas se han destacado durante generaciones. Al igual que muchas artistas feministas, Freidman cuestiona la forma como este tipo de artesanía ha sido empleado para menospreciar el trabajo de la mujer, a la vez que alaba la riqueza visual de estas tradiciones. Al traducir el tejido en dibujo, Friedman convierte los diseños en líneas y formas seriales repetidas, creando una fusión entre el posminimalismo y la artesanía colombiana.

La mayoría de los artistas de esta exposición han demostrado que no temen mirar las historias —tanto étnicas como de la historia del arte— que los han precedido, y con esto han desarrollado territorios visuales que son en buena parte suyos. Sería interesante ver adónde van a partir de aquí.

JOHN ANGELINE

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