Sobre Horas y Mapas

Guillermo Kuitca. Sin título, 1992. Instalación. Dimensiones variables. Cortesía: Tate Liverpool.

Exposiciónmar 2006 - may 2006· Por Gabriela Salgado

Sobre Horas y Mapas

Dos exposiciones de arte latinoamericano en Inglaterra e Irlanda

Dos exposiciones de arte latinoamericano contemporáneo se presentan simultáneamente en Liverpool, Inglaterra, y Dublín, Irlanda, representando dos modelos distintos de coleccionismo.En el ámbito privado, Daros-Latinamerica, y en la esfera pública Tate, muestran un compromiso de muy diversa índole hacia la producción latinoamericana que se refleja en su política de adquisiciones y exposiciones.

Invirtiendo el mapa: arte latinoamericano en la colección de Tate

Dado que las políticas culturales están indisolublemente ligadas tanto a las relaciones económicas entre los países como a las agendas políticas de los gobiernos, las colecciones albergadas por los museos públicos reflejan con increíble claridad momentos históricos concretos.

Durante el siglo XX, la Galería Tate se concentró en dar cuenta de la evolución del arte británico, lo cual se fue completando con la incorporación paulatina de las vanguardias europeas.

Sin embargo, a partir de la posguerra, a pesar de no estar motivadas por un interés concreto en la región, sí existieron escogidas incorporaciones de obras de autores latinoamericanos, aunque es importante recalcar que dichas adquisiciones estuvieron siempre determinadas por la probada participación de los autores en las vanguardias europeas.

Así, en 1952 Tate adquirió la magnífica pintura Ibayé de Wilfredo Lam, en el marco de un sostenido interés por el surrealismo que también determinó la compra del tríptico Black Virtue de Roberto Matta en 1970. Con similar motivación, el museo londinense compró en 1959 una pintura perteneciente al período cubista de Diego Rivera, para integrarla en exposiciones de la escuela de París junto a obras de Picasso y Braque. Más tarde, cuando, en detrimento del arte alemán, las resonancias de la invasión nazi se hicieron sentir por más de dos décadas en el Reino Unido, el interés coleccionista de Tate se orientó hacia la producción norteamericana, y la abstracción se instrumentó como un elemento ecualizador universalista que congregó bajo su paradigma obras de Soto, Cruz Díez, Le Parc y Camargo, algunas de ellas adquiridas por mediación de la Galeria Signals, fundada por el crítico británico Guy Brett.

Exposición: Sobre Horas y Mapas — imagen 1
Carlos Garaicoa. Carta a los censores, 2003. Instalación. Dimensiones variables. Cortesía: Tate Liverpool.

Inversiones del mapa en 2005

Según el texto de los curadores en la hoja de doble faz que hace las veces de catálogo de la muestra, Invirtiendo el mapa es la presentación en sociedad de la intención de Tate de “invertir” la cartografía de su geografía hegemónica al incorporar artistas que, aunque bien representados en la esfera internacional, permanecían ausentes en la colección.

El título de la exposición está obviamente inspirado en el mapa invertido de Sudamérica de Joaquín Torres García, pero la “inversión” del mapa que Tate argumenta es, en cambio, una asimilación de discursos globalizadores de producción cultural en el seno de una institución que se convirtió, a partir de la apertura de Tate Modern en 2000, en un centro de entretenimiento de masas, punto obligado en la ruta turística de la capital inglesa, con una oferta de exposiciones para todos los gustos.

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Luis Camnitzer. Frases, 1966. Instalación con frases enmarcadas. Copyright: Luis Camnitzer. Cortesía: Tate Liverpool.

La exposición presenta una selección de obras adquiridas desde que Tate creó un comité de adquisiciones de arte latinoamericano, cuyo asesor principal es el curador independiente mexicano Cuauhtémoc Medina. Según Medina, los principios orientadores de este empeño fueron: no construir una colección histórica-lineal sino enfocarse en el arte contemporáneo y algunos ejemplos emblemáticos de producción minimalista y conceptual post 1960, cuyo legado pueda entreverse en la producción contemporánea.

La exposición incluye una selección de lenguajes artísticos innovadores, con una rica representación de medios, temáticas y conceptos. Las obras, escogidas por su calidad y relevancia en relación con temáticas cruciales de la vida contemporánea —la ciudad, el cuerpo, la violencia, la censura y la represión—, convierten la exposición en una muestra que parece resumir la percepción foránea de América Latina y sus complejidades sociales.

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Wilfredo Prieto. Apolítico, 2001. Instalación con banderas en blanco y negro y astas. Dimensiones variables. Toma de la instalación: Dublin City Quays. Cortesía: Daros-Latinamerica Collection, Zürich. Foto: Irish Museum of Modern Art.

Cabe destacar la presencia de dos obras de Luis Camnitzer, la instalación Leftovers, de 1970, y la obra escultórica Sentences, de 1966. Camnitzer es una figura fundamental de la producción conceptual latinoamericana, por su alineación con un modo de conceptualismo arraigado en lo local y nutrido por la coyuntura social. Camnitzer, además, contribuye al pensamiento artístico con un cuerpo teórico y pedagógico invaluable a través de sus escritos y su sostenida tarea docente. La incorporación de su obra en Tate posibilitará un enmarcamiento de amplio espectro, ya que integra el conceptualismo latinoamericano entre los anales del concept art internacional, ampliando su discurso autorreferencial a terrenos más amplios del pensamiento.

En la sala principal se presentan sin orden lógico aparente obras emblemáticas de Doris Salcedo, Valeska Soares, Guillermo Kuitca, Gabriel Orozco, Francys Alÿs, Adriana Varejão, Cildo Meireles, Eugenio Dittborn y Leonilson, junto a las de artistas de reconocimiento más reciente como Jorge Macchi y Daniela Rosell. En una serie de salas adyacentes se pueden ver videoinstalaciones de Sebastián Díaz Morales y Jorge Macchi, y en dos salas especiales, la instalación Mesas de trabajo y reflexión de Víctor Grippo y la maqueta de gran formato Carta a los censores de Carlos Garaicoa.

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Víctor Grippo. Mesas de trabajo y reflexión, 1994. Instalación. Dimensiones variables. Cortesía: Tate Liverpool.

Las horas: artes visuales de América Latina contemporánea

La exposición curada por Sebastián López en el Museo de Arte Moderno de Irlanda (IMMA) presenta una selección puntual de obras provenientes de la extensa colección de Daros-Latinamerica bajo una temática que —aunque simbólica y elusiva— es de gran relevancia para la práctica cultural de nuestro continente: la visión calidoscópica del tiempo del escritor argentino Jorge Luis Borges.

Tomado este tema como punto de partida, las obras instaladas en el IMMA y sus inmediaciones rindieron protagonismo a un interesante grupo de artistas latinoamericanos en Irlanda.

El edificio del museo fue construido en el siglo XVII para albergar a soldados retirados, función que cumplió durante 250 años. El gobierno irlandés lo restauró en 1984, y se convirtió en el Museo de Arte Moderno en 1991. La arquitectura del edificio se asemeja a la de Los Inválidos de París, con un patio central de magnas proporciones, rodeado de una serie de pasillos coronados por arcadas y enmarcados por columnas donde actualmente resonó la instalación sonora Vesper de Oswaldo Macià. En el enorme patio central, el Ayate car de Betsabée Romero encontró refugio temporal al final de un largo camino que lo llevó de la ciudad de México a la colonia Libertad en Tijuana, pasando por Houston como un cruzador de fronteras ilegal y, finalmente, a Dublín, desde donde partirá a su destino final en la colección Daros de Zúrich.

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Lázaro Saavedra. El espectador y la obra, 1998. 66 cuchillos, 66 puntillas y 66 lavabos. Dimensiones variables. Cortesía: Daros-Latinamerica Collection, Zürich.

La ciudad de Dublín también sirvió de escenario para algunas de las obras de la exposición: las treinta banderas que componen la pieza Apolítico de Wilfredo Prieto se instalaron en los mástiles erectos a lo largo de una sección del río Liffey en el centro de Dublín. La animación A Logo for America, originalmente creada para Times Square por Alfredo Jaar en 1987, se presentó en una plaza de la céntrica Temple Bar durante la semana de apertura de la exposición, y el performance Destierro de Tania Bruguera también salió del museo al espacio público la noche de la apertura.

Los treinta artistas de la exposición representan diferentes manifestaciones del tiempo.

El pensamiento de Borges alrededor de la localidad y el destierro, la muerte, la belleza y el olvido provee un sustento poético a las instalaciones, fotografías, videoproyecciones y obra en papel de treinta artistas de diversos orígenes y tendencias de la colección.

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Tania Bruguera. Destierro, 1998-1999. Video de 5 minutos. Edición de 5. Cortesía: Colección Daros Latinamerica Zurich.

Es de destacar la sala dedicada a la obra de Vik Muniz, cuyas composiciones fotográfícas constituyen un magistral antídoto contra la indiferencia producida por la superpoblación de imágenes en el mundo contemporáneo. Sus emblemáticos retratos del Che, Sigmund Freud y Marilyn Monroe realizados a partir de asociaciones de orden material-filosóficas fueron completadas por la presentación de su obra temprana Soy lo que leo (1989) magnificada en esta exposición por su acertada referencia a la cultura enciclopédica de Borges.

Lázaro Saavedra presentó su intimidatoria instalación El espectador y la obra, una elocuente alusión a la imposibilidad de penetrar el significado último del arte que en el contexto cubano funciona también como crítica a la verticalidad del poder. La instalación, impenetrable para el espectador, consiste en una sala pintada de negro en la que decenas de cuchillos afilados cuelgan del techo apuntando hacia abajo, al suelo poblado de clavos erectos.

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Betsabée Romero. Carro Ayate, 1997. Ford Victoria 1955, cubierto con tela de Ayate pintada al óleo, 10,000 rosas secas. Instalación en el patio del Irish Museum of Modern Art. 152 x 488 x 183 cm. (59 4/5 x 192 x 72 pulgadas). Cortesía: Daros-Latinamerica Collection, Zürich.

Otra joya de la exposición fue la sala dedicada a los libros objetos realizados en los últimos treinta años por el brasileño Waltercio Caldas, por su magnífica variedad material y visual, y la capacidad de entroncar armoniosamente en el discurso fantástico borgiano.

El diálogo abierto con Tania Bruguera, Betsabé Romero, Oswaldo Macià, Gonzalo Díaz y Lázaro Saavedra durante el simposio realizado después de la apertura sirvió de plataforma para expandir las ideas contenidas en las obras, y abrir la discusión sobre temas tan relevantes a la práctica contemporánea como la autoría, la participación y la preservación de lo efímero en el contexto de un tiempo de acelerados cambios.

El tiempo resultó un tema alternativo potente para exponer obras de múltiples significados en un contexto donde lo global y lo local parecen hacer eco de ese ejercicio tán borgiano:la intertextualidad.

GABRIELA SALGADO

Curadora de arte latinoamericano. Vive y trabaja en Londres.

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