Exposición Individualmar 2006 - may 2006· Por Luz Sepúlveda

Rocío Infestas

Nina Menocal

Una docena de estatuillas de pequeño a mediano formato se exhiben sobre pedestales en las salas de la Galería Nina Menocal. Se trata de las esculturas en plastilina epóxica de la joven artista chilena Rocío Infestas, radicada en Chihuahua, México.

Las figuras representan preadolescentes del sexo femenino cual ninfetas en busca de saciar la sed de escopofilia innata en el ser humano. Con poses sugerentes y pechos exuberantes abren las piernas y se explayan coquetamente con miradas de inocencia hipócrita. El material burdo provoca una mayor tactilidad en las piezas, debido a una textura casi rugosa en los desordenados peinados de las chicuelas. Sin embargo, la piel está pulida tan suavemente que da la idea de que en realidad se trata de una frágil muñeca de porcelana.

La artista se adentra en la cultura japonesa del dibujo manga y más específicamente del hentai, en el que se representan animaciones eróticas o pornográficas. Las efigies de Rocío Infestas son perversas, tanto como se ha visto en la tradición japonesa del cómic erótico. Las poses de las niñas que muestran descaradamente sus genitales son, sin embargo, juguetonas y no causan más que hilaridad, en lugar de ofensa. Aunque algunas esculturas muestran a la muñeca en francas actividades onanistas, el color de su vestimenta, su cuidado desaliñado y su tipo irremediablemente infantil provocan jocosidad aun cuando los títulos son igualmente directos y no utilizan eufemismos.

Exposición Individual: Rocío Infestas — imagen 1
Rocío Infestas. Sin título, 2005. Plastilina epóxica.

Por ejemplo, Aquí estoy es una pieza en plastilina epóxica de apenas 11 centímetros de altura en la que una chica abre las piernas y ofrece su cuerpo al espectador quien la observa, escudriña y descubre que aunque los pechos desarrollados estén al aire, la pudorosa muñeca se cubre con un calzón. No obstante cierto recato en el ejemplo anterior, en Dulce placer, Pista trasera o Consuelo, las piernas de la estatuilla se abren, mientras la nena se palpa los órganos sexuales con la mano.

Una obra podría resumir la totalidad de la intención que se maneja en Moods —el título de la exposición—, además de ser la de mayor formato. De 50 centímetros de altura, una niña se yergue verticalmente en una pose provocativa en la que presume unos grandes pechos que ofrece a la vista del espectador, aunque su cara y torso se encuentran prácticamente cubiertos por una maraña de pelo rosa. Se alcanza a distinguir una sonrisa un tanto perversa de la chiquilla en calzones que nos dice convencida: “¿A quién le importa?”.

Otra de las piezas que destacan es Buscándome, en donde únicamente aparece el cuerpo de la muñeca de la cintura para abajo, como si estuviese enclavada de cabeza en el piso, y sólo se alcanza a ver su sexo desnudo con las piernas abiertas como forcejeando para poder emerger a la superficie.

Las muñecas de Infestas parecen extraídas de alguna historieta encadenada de los cómics y, al igual que en el hentai, pueden realizar actividades sexuales fantásticas, pues se trata de personajes de ficción. Los personajes masculinos poseen órganos sexuales de dimensiones desproporcionadas con sus delgados cuerpos, y las mujeres poseen pechos descomunales que solamente pueden ser posibles mediante la cirugía estética. Los personajes de ambos sexos poseen los rasgos que han sido característicos en las animaciones japonesas: ojos grandes y redondos, facciones delicadas, pieles rosas y suaves y una expresión en general, inocente, de petición, de súplica, enmarcada en sofisticados peinados en colores y que parecen desafiar la ley de gravedad.

Una muñeca de Rocío Infestas está desposeída de cabeza. Solamente un cuerpo moldeado con precaución y delicadeza se presenta vestido, aunque se acentúa la incertidumbre cuando descubrimos que la misma chica carga su propia cabeza con una mano y que además, sin remedio, exclama en su título: ¿Qué chingados?

En Peleando por una razón o ¿Hacia dónde?, las figuras femeninas fusionan su organismo como si fuesen siamesas sin cabeza, en el caso de la primera en que se funden ambos cuellos, o más perturbadora aún, en el segundo caso se encuentran unidas por la cintura, lo que las deja sin piernas y con un tronco común que remite a la caricatura estadounidense del perro-gato que posee ambos animales en un solo cuerpo.

Haciéndolo fácil una escultura casi clásica en la que una muchacha se sienta como una diosa antigua de la fertilidad y muestra un sexo estilizado solamente por una rayita vertical. Sin embargo, de la cintura para arriba, se asemeja más al concepto occidental de pin-up o modelo bimbo de las tradicionales publicaciones pornoeróticas. Posee enormes pechos, cintura diminuta, vientre plano, cara perfecta y una abundante peluca rubia sobre su pequeña cabeza. En cierto momento recuerda las nanas de Niki de Saint-Phalle de los años 50 y 60, en las que las muñeconas eran mucho cuerpo y poca cabeza.

La exposición permaneció exhibida en la Galería Nina Menocal de la ciudad de México durante los meses de noviembre y diciembre de 2005.

LUZ SEPÚLVEDA

Rocío Infestas, por Luz Sepúlveda | artnexus