Exposición Individualmar 2006 - may 2006· Por Caridad Blanco de la Cruz

Roberto Fabelo

Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba

Con una asistencia de público que rompió el récord en cuanto a inauguraciones —según la prensa cubana— se presentó la exposición Mundos de Roberto Fabelo, en la sala transitoria de Arte Cubano en el Museo Nacional de Bellas Artes.

El artista había sido merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas 2004, que es el máximo reconocimiento otorgado a un creador de las artes visuales en Cuba por la obra de toda una vida, y del cual se derivó esta nueva exposición de Fabelo.

Mundos pudo ser una cómoda exposición antológica. Sin embargo, el artista se atrevió a correr el riesgo de darnos una imagen diferente acerca de su trabajo. Presentó obras, en lo factual y en su poética de la parquedad, distantes del discurso elocuente que hasta ahora él había mantenido, sin perder por ello la coherencia y la lógica continuidad de las nuevas piezas, en relación con la corriente esencial del discurso que lo ha caracterizado.

Exposición Individual: Roberto Fabelo — imagen 1
Roberto Fabelo. Mundo K, 2005. Crayón sobre masonite. 155 x 122 cm. (61 x 48 pulgadas).

Mundos estaba conformada por seis esculturas instalativas y dieciocho dibujos (sobre masonite, textiles estampados y cazuelas de aluminio). En el área exterior de la sala transitoria del museo estuvieron cinco grandes esferas independientes —de igual tamaño— suspendidas desde el techo, pero al alcance del público. Cada una de ellas fue recubierta de modo diferente, acentuando su fuerza expresiva a partir del carácter simbólico de los materiales empleados. Petromundo, conformada por grandes casquillos de balas, era una clara alusión a la crueldad de las guerras por el control del petróleo. Mundo K tenía un color áureo viejo procedente de los cuerpos de más de 17 mil cucarachas empleadas en su realización, espécimen éste que sería el único en sobrevivir al exterminio atómico.

Un silencioso patetismo fue una cualidad de ese conjunto completado por Mundo cero, concebido a partir de huesos de animales, entre los que se incluían los humanos, cual premonición acerca de las consecuencias de esa catástrofe a la que la humanidad se acerca a pasos agigantados, dada su irresponsable y agresiva forma de “desarrollarse”, antagónica ya con el cuidado y respeto que merecen la vida y su medio natural. Las cucharas, tenedores y cuchillos de Mundo del día a día clamaban por ese bocado ausente, que es en muchas partes del planeta la realidad de millones de seres. Una esfera de carbón vegetal señalaba esa encrucijada en la que se encuentra el hombre actual, tras haber desmantelado y asfixiado su universo, desastre que puede ser definitivo e irreversible. La riqueza expresiva del material dejaba sutilmente entrever la posibilidad de que el raciocinio alcance y no se incinere algo, que, de suceder, arrasaría definitivamente con todo, quedando sólo despojos de nuestra existencia, como en la escultura Ración de mundo.

Los dibujos fueron colocados en el interior de la sala transitoria y eran sintéticos y lacónicos, a diferencia de los que habitualmente realiza Fabelo. El amplio conjunto reiteraba también a la esfera y al círculo como metáfora de la totalidad, en medio de esa alegoría mayor acerca de nuestro mundo —que fue la muestra—, territorio donde se llamaba a la reflexión sobre la crisis que, amenazante, se cierne sobre el planeta; exterminio posible del cual la especie humana no podrá escapar, de continuar sus desafueros en contra de sí misma y el entorno que la cobija.

Mediante incisiones, múltiples rostros anónimos fueron dibujados sobre el añejo hollín de calderos, donde se cocinó por años para saciar el apetito de muchas personas. En las piezas sobre masonite se destacaban: Medio mundo, visión de nuestro Sur, zona geográfica de latentes tensiones y conflictos como el hambre y la pobreza; Mundo de luz, homenaje al humanismo y a la espiritualidad de José Martí, donde la frente del apóstol cubano concentraba toda la luminosidad de su pensamiento, en tanto, el coraje y la valentía tomaban cuerpo en un inusual Retrato de Antonio Maceo, donde dos esferas negras —que ponderaban sus testículos, su hombría— fueron el más exacto resumen de su imagen heroica.

El dramatismo de esta muestra tuvo en los textiles una zona esperanzadora y de cierta distensión. En La fuente, un seno femenino fue convertido en surtidor universal, mientras en Mundo de reciprocidad, se aludía al círculo configurado por una pareja en singular postura erótica, destacando la entrega y el goce pleno de la sexualidad y de la vida.

Mundos, como exposición, además de hacer ostensible el desafió en cuanto renovación y nuevas búsquedas que Fabelo se ha trazado, fue reclamo de atención; denuncia de las tensiones acuciantes de la contemporaneidad, conminándonos más que a elevar una plegaria, a hacer algo para salvar al mundo. El real, el de todos los días, ese que es el mundo nuestro.

CARIDAD BLANCO DE LA CRUZ

Roberto Fabelo, por Caridad Blanco de la Cruz | artnexus