Exposición Individualmar 2006 - may 2006· Por Mariana David

Regina José Galindo

Prometeo Gallery

Con motivo de la inauguración de la sede lombarda de la Prometeo gallery, el pasado mes de noviembre la artista guatemalteca Regina Galindo, radicada en República Dominicana, presentó una nueva obra sobria pero cargada de fuerza. Sentada en una silla frente al público, con las piernas descubiertas, Galindo marcó su piel con una navaja, escribiendo la palabra Perra. Sinónimo de prostituta o puta, este vocablo aparece tatuado en los cuerpos de mujeres brutalmente asesinadas en diferentes partes de América Latina, siendo los casos más conocidos los de Ciudad de Guatemala y Ciudad Juárez al norte de México.

Exposición Individual: Regina José Galindo — imagen 1
Regina Galindo. Perra, 2005. Perfomance.

Regina Galindo utiliza en su trabajo las estrategias del arte conceptual de los años 60 y 70 —trabajar a partir del propio cuerpo, con materiales orgánicos y en espacios públicos— para hablar de la realidad en la que vive. El desplazamiento de estas formas artísticas a un contexto problemático como el de Guatemala carga de significado y de sentido las acciones que lleva a cabo, incluso más que aquellas obras producidas en EE. UU. y Europa hace ya 30 y 40 años. Aquí la artista no está señalando un problema abstracto o manifestando su inconformidad con una sociedad que favorece a los hombres. En Guatemala continúa una batalla, después de 36 años de guerra civil que dejó un legado de 260,000 desaparecidos, donde las mujeres son silenciadas, desaparecidas, torturadas y asesinadas sin que los casos se aclaren o se haga justicia. Además, las autoridades judiciales intentan justificar la muerte violenta de las víctimas insinuando que eran prostitutas, delincuentes o mareras (miembros del crimen organizado). Al menos 547 mujeres murieron asesinadas de enero a octubre de 2005, bajo la inactividad del gobierno ante un fenómeno que en los últimos seis años ha cobrado la vida de más de 2000 mujeres.

Cuando Regina Galindo se muerde las uñas obsesivamente hasta sangrar (Autocanibalismo, 2002) o se encierra en una habitación para golpearse tantas veces como el número de mujeres asesinadas en su país (Golpes, 2005) o se introduce dentro de una bolsa de plástico para ser depositada en el basurero municipal (No perdemos nada con nacer, 2000), utiliza el espacio que le ofrece el arte para reclamar la atención del espectador y recordarle —una y otra vez— lo que pasa en ese mundo real, aquel que prevalece fuera de los museos, las galerías y los cocteles de inauguración.

Tomando como punto de partida la imagen por excelencia fabricada para la mujer —la novia—, en Boda Galindo-Herrera (2004) la artista contrata los servicios de un estudio fotográfico especializado en bodas y se retrata vestida de blanco para un evento inexistente. Su rostro denota una sonrisa de ilusión mientras posa ante la cámara sosteniendo un ramo de flores; excepto por un inmenso candelabro, la mujer está sola. En Recorte por la línea (2005), obra realizada con la colaboración del doctor Billy Spence en el Primer Festival de Arte Corporal, Caracas Venezuela, la artista yacía desnuda frente al cirujano plástico que marcaba con diferentes colores los lugares en su cuerpo que requieren cambios estéticos para adquirir una figura perfecta. Ante un público y sus cámaras, Galindo se sometió a que le señalaran “sus defectos”.

En el año 2000 varios artistas fueron invitados a producir una pieza a partir de la pregunta de qué significa vivir en Guatemala. Teniendo en mente la frase de Miguel Ángel Asturias que dice “En este país sólo se puede vivir bien a verga o inconsciente”, Galindo se inyectó diez milímetros de valium y se noqueó a sí misma (Valium 10 ml). Su estado de inercia y la incapacidad de movimiento describían, no sólo la actitud de las autoridades locales ante la violencia y la corrupción, sino a la sociedad en general. Mujeres, hombres y niños son asesinados brutalmente en Guatemala y Ciudad Juárez, pero también en El Salvador, Perú y, probablemente, en el resto de los países de América Latina, mientras la mala conciencia del Primer Mundo lo atestigua ciega y en silencio.

En la Prometeogallery, en Milán, también se exhiben otras conocidas obras de la ganadora del León de Oro como joven artista de la última Bienal de Venecia: la polémica Himenoplastia (2004), documento visual de la reconstrucción quirúrgica del himen de la artista, y ¿Quién puede olvidar las huellas? (2003), donde Galindo caminaba por las calles del centro de la ciudad de Guatemala remojando sus pies en un balde con sangre humana, dejando un camino de huellas sobre el pavimento desde la Corte Constitucional hasta el Palacio Presidencial, donde fue recibida por un cuerpo policial. La Corte acababa de avalar la candidatura presidencial del máximo genocida del país, el ex dictador Efraín Ríos Montt.

MARIANA DAVID

Regina José Galindo, por Mariana David | artnexus