Oswaldo Maciá

Vesper, 2003. Dibujo relacionado con la instalación sinfónica compuesta por narraciones grabadas por mujeres sobre sus recuerdos más felices. 100 testimonios diferentes en nueve lenguajes originales. La pieza utiliza arreglos ortodoxos de coros y llamados con cantos o recitados alternados por dos grupos de individuos que se responden entre sí.

Monografíamar 2006 - may 2006· Por Carlos Jiménez

Oswaldo Maciá

La memoria inagotable de las voces

Oswaldo Maciá se juega su obra entre recuerdos, olvidos, archivos, imágenes, auras, armonías y disonancias.

“Es que no me oyen o es que no me ven”, pregonaba hace muchos años un hombre enorme en la puerta de una escuela de Cartagena de Indias, cuando todavía Oswaldo Maciá era un niño y no imaginaba siquiera que habría de convertirse en el excelente artista que ahora es a los 44 años de edad. Artista acústico, olfativo, visual. El hombre añadía: “Yo soy el griego con las griegas”, aunque no era griego sino cartagenero y aunque no fueran griegas las obleas tostadas y crujientes que ofrecía en una gran bandeja. Maciá quedó tan fascinado por su pregón que todavía lo recordaba cuando bautizó a una de sus piezas acústicas más recientes precisamente así: Es que no me oyen o es que no me ven. La estrenó en la Octava edición de La Habana, y consiste en una sinfonía compuesta de cantos de murciélagos británicos, tan inaudibles para nosotros como los de cualquier otro murciélago.

El recuerdo de esta escena infantil remite, además, a dos asuntos cruciales, la memoria y la voz, que en la obra de Maciá aparecen muy íntimamente entrelazadas, hasta el punto que para él la memoria es sobre todo memoria de la voz. Él recuerda a ese pregonero anónimo ante todo por la voz con la que entonaba su pregón. O sea por el tono, el timbre, el color y la potencia y de una voz que para Maciá son tanto o más importantes que el sentido o el contenido transportado por ella. De hecho, otro de sus trabajos acústicos maá recientes, Vesper, es una sinfonía compuesta de 55 voces femeninas elegidas entre las de 120 mujeres del Caribe que le contaron cuál era el recuerdo más feliz de sus vidas. Aquel que las mantiene en pie, incluso en los momentos más amargos o difíciles. Cada una de estas mujeres, de las más diversas clases sociales y de las más variadas razas y nacionalidades, le contó en su propio idioma historias apasionadas, conmovedoras, fascinantes, pero a Maciá lo que más le atrajo de todas ellas fue cómo la habían contado, la calidad irrepetible de la voz con que las habían contado. Y junto a esa calidad, e inseparable en la práctica de ella, la calidad del idioma al que cada una de esas voces actualiza y que Macia aprecia mas por lo que tiene de sonoro que de significativo. Para él cada idioma es sobre todo una melodía. O mejor, una clase entera de melodías emparentadas en sus consonancias y sus disonancias.

Monografía: Oswaldo Maciá — imagen 1
Vesper, 2003. Composición gráfica de la obra sinfónica.

El interés de Maciá por la memoria sufre el mismo sesgo acústico porque surge de su preocupación por el olvido en el que están cayendo o han caído las tradiciones orales en su Caribe natal, en Inglaterra, Noruega o China. Él advierte en el olvido de éstas la intervención de un pie de fuerza a la vez imperioso y traumático. Algo debe ser olvidado porque recordarlo actualiza una amenaza, un castigo o la experiencia dolorosa de un agravio, una herida o una pérdida. Se comprenden entonces las dificultades de la mayoría de las entrevistadas en el Caribe para responder a la pregunta por su mejor recuerdo, que ninguna no lograban disociar de un mal recuerdo. La excepción: una joven de Aruba, hija de árabe y de holandesa, bella y rica, que respondió a Maciá diciéndole que ella no podía relatarle su mejor recuerdo simplemente porque ella no tenía malos recuerdos.

La memoria, además, se articula en la obra de Maciá con dos asuntos conexos. El primero el archivo, que para él es uno de los remedios posibles para el olvido y al acallamiento de otras voces y lenguas, causados por la actual saturación mediática que amplifica y multiplica hasta ensordecernos las voces de muy pocas estrellas políticas, artísticas y culturales. Esas voces que ya nadie escucha logran, sin embargo, sobrevivir en los archivos sonoros donde Maciá ha ido a buscarlos para hacer obras como Cleanaway, una pieza expuesta en 1995 en la Lisson Gallery de Londres, que consistía en un reluciente contenedor de basura lleno con 50.000 palitos de plástico rematados en un copito de algodón, utilizados para limpiarse los oídos. En el fondo del contenedor un par de altavoces transmitían una selección de testimonios orales sobre su propia experiencia, rendidos por inmigrantes llegados en los años 50 desde la provincia a la capital británica, y conservados en el archivo sonoro de la ciudad. Los palitos invitaban al espectador a limpiarse los oídos para escuchar las voces ignoradas y olvidadas que habitualmente no está dispuesto a escuchar.

Monografía: Oswaldo Maciá — imagen 2
El sonido del olor. Grabación en disco compacto que reproduce los sonidos emitidos por el aroma del pino. Duración: 11´36´´.

El otro asunto tiene que ver con voces que no escuchamos, pero no por censuras políticas o psicológicas o por ensordecimientos mediáticos, sino por el antropocentrismo tan dado a prestar oídos sordos a la prodigiosa polifonía de la Naturaleza. A la atención que Maciá ha prestado a este asunto pertenecen —aparte de Es que no me miras… que permitía escuchar los cantos inaudibles de los murciélagos— otras piezas como The Sound of Smell, una obra de 11´ 36” de duración grabada en unos laboratorios de Hamburgo, que reproduce los sonidos emitidos por el aroma del pino. O como Something going on Above my Head, “Algo pasa por encima de mi cabeza…”, una muy notable sinfonía narrativa compuesta a partir de la edición de más de 2.000 cantos de pájaros de todo el mundo, distribuidos siguiendo la misma disposición de instrumentos de las orquestas sinfónicas.

Habría que añadir que entre los intereses de Maciá figura también la sinestesia, esa capacidad de un estímulo visual de causar una respuesta auditiva u olfativa. O viceversa. Ese interés le llevó a realizar una pieza como Memory Skip, expuesta en 1995 en el Museum of Installation de Londres, que consistía en un contenedor de escombros repleto con una tonelada de esencia de aroma de pino, cuyo olor era tan potente y penetrante que alteraba el funcionamiento normal del resto de los sentidos del visitante. O más recientemente, Provoke/Evoke, una obra que es la versión olfativa de una pieza acústica realizada un poco antes: Tomorrow cloudy. El origen de ambas piezas es la lista de 52 especies animales que según John Wilkins, el filósofo inglés del siglo XVIII, fueron las que abordaron el Arca de Noé en vísperas del Diluvio Universal. Sólo que Tomorrow clowdy, era una sinfonía compuesta con los aullidos, los ladridos, los rugidos, los maullidos, los trinos, etc., de esas 52 especies, mientras que Provoke/Evoke es un perfume compuesto con las excrecencias de los animales de esas mismas especies.

Oswaldo Maciá vive y trabaja en Londres.

Monografía: Oswaldo Maciá — imagen 3
Algo pasa por encima de mi cabeza, 2003. Disposición gráfica a manera de orquesta para las fuentes que emiten cantos de más de 2000 pájaros.

¿Qué relación encuentras entre tu obra y la de John Cage?

Si hay que relacionar mi obra con alguien, yo preferiría hablar de Olivier Messian y de sus libros de notas tomadas del canto de los pájaros, por cuanto se relacionan evidentemente con las piezas que yo he hecho con estos mismos. Pero él usaba sus notas para componer piezas destinadas a su interpretación con instrumentos musicales clásicos. Yo, en cambio, gracias a las grabaciones utilizo directamente el sonido de los pájaros, sin ninguna mediación instrumental.

La critica a la oposición entre música y sonido es central en el pensamiento de Cage.

Yo estoy de acuerdo con los especialistas que exaltan el concepto de happen utilizado por Cage en cuanto propone la liberación del sonido del control del compositor y de su sujeción al tipo de pensamiento musical que en Occidente ha imperado durante doce siglos o más. Pero nunca me ha interesado profundizar en Cage. Leo su filosofía como cualquiera otra que se refiera a la libre expresión. Me interesan tanto sus teorías como las de Free association de Freud o cualquier otra teoría que hable de la liberación de la voz humana.

¿Por qué das tanta importancia a la voz?

Yo creo en la voz, en la voz de cada cual, en la voz de los que no tienen voz en la historia y que, sin embargo, disponen de ese instrumento portentoso que es la voz humana. A la voz hay considerarla más que como una herramienta del diario vivir, como el más fino instrumento sonoro que poseemos, el más polifacético y recursivo, capaz de dar saltos instantáneos de lo positivo a lo negativo con sólo un cambio de entonación y capaz de seducir en todas sus facetas. Los seres humanos somos maestros en su utilización.

Monografía: Oswaldo Maciá — imagen 4
Afiche del Museo de Arte Reina Sofía de Madrid para la presentación de Algo pasa por encima de mi cabeza, 2003.

En tu pieza Vesper sólo hay voces femeninas. ¿Por qué?

Vesper es un proyecto sobre la memoria que tiene como punto de partida la pregunta hecha a más de cien personas sobre su mejor recuerdo. Y elegí sólo mujeres porque las investigaciones sociológicas y antropológicas han demostrado que son precisamente las mujeres las que responden con más veracidad las encuestas. Los hombres nunca revelan realmente sus sentimientos personales en las entrevistas. Saben que tienen el micrófono al frente y usan mucho el Yo, Yo, Yo… En cambio las mujeres usan mucho el “nosotras”, “entre nosotras”, hablan más por la familia. En inglés utilizan “We”, “Us”, en cambio entre los hombres es “Me,”

“Me”, “Yo”, “I”, “I”, “Yo”, “Yo” ¡el capitán de la Verga!, me entiendes… Y lo único que me faltaba después de viejo era componer una sinfonía al ego del macho, que estoy hasta los huevos de él. Las mujeres por el contrario pueden admitir que “me dejó”, “lo perdí”, “lo asimilé, sufrí, sobreviví, seguí, empecé nuevamente…”. Y sus historias me parecieron simples, claras, honestas y reales.

¿Por qué el título de Vesper?

Vesper viene de vespertina, que a su vez viene de Venus, que es tanto la primera estrella que sale en la tarde como la de la célebre diosa de la belleza. También se llaman así los cantos que se interpretan en las iglesias cuando esa estrella aparece en el cielo. Además mi pieza es una antífona, que es una forma musical de la época gregoriana, cuando los coros eran sólo de mujeres y cantaban las cosas que iban a suceder en el escenario.

Cuenta Ovidio en Las metamorfosis que cuando a las Vesper, “las rebeldes hijas de Mineo”, se les enredaron por castigo divino los tejidos, también se les enredó la memoria. Lo que tejían era el recuerdo de un modo de vida.

El enredo de la memoria consiste en que tú no puedes separar fácilmente la memoria positiva de la negativa. Tú siempre te acuerdas primero de tus malas memorias y después de tus buenas memorias. La buena memoria casi siempre viene acompañada del doloroso recuerdo de alguno de los choques que hemos sufrido en la vida y que son los que causan las memorias más fuertes, al lado de las cuales aparecen las memorias positivas. Freud llamaba Memory Screen a lo que tendemos a recordar en los momentos difíciles para poder balancear así nuestros malos momentos. A la gente que secuestran, a la gente que está en dificultades, que se está muriendo, que se está ahogando, lo que la sostiene viva es la memoria de la sobrina, la foto no sé qué, la tía querida, la mujer, el hermano, la persona más amada… Esa memoria les hace sacar una fuerza adicional para seguir sobreviviendo. Esa fuerza positiva los mantiene a flote. Yo investigué eso en el Museo de Freud, guiado por los encargados de su biblioteca, que me aconsejaban: léete aquí, lee este capítulo, fotocopia esta página, mírate esto, que esto suena bien…

Monografía: Oswaldo Maciá — imagen 5
Limpieza, 1995. Contenedor de basura con 50,000 palitos de plástico rematados con un copito de algodón y parlantes que emiten grabación de narraciones de inmigrantes a Inglaterra.

O sea que preguntar por los mejores recuerdos no es nada inocente.

Sí, porque lo que estás haciendo es darle a la gente una oportunidad de hablar y de alcanzar ese punto en el cual se abren y te cuentan con honestidad su vida personal. Es difícil de lograr, pero cuando llega te das cuenta de que alguien te está contando sus mejores memorias adoptando un tono de voz que por sí mismo quiere comunicar lo agradable que es esa memoria. Comunicarlo fonéticamente, por decirlo así. Cuando escuchas una grabación de este tipo puedes encontrar diferencias entre los primeros 15 o 20 minutos y los que siguen después, cuando la persona entra en confianza y empieza a comunicarse con ese tipo de aura. La gente que se dedica a la ópera se pasa todo el día investigando cómo lograr el aura que pueda envolver a la audiencia. Y yo la busco preguntándole a la gente por sus mejores memorias, para poder componer una sinfonía contemporánea. Es un aura muy especial, te la da la gente común y corriente y no te la da un cantante profesional, ya que todos estos últimos, en definitiva, ofrecen lo mismo. Si me interesa trabajar la voz, si me interesa trabajar con testimonios que revelan honestidad, es porque me interesa el aura de la voz de quien te cuenta una historia y te conjuga cuerdas vocales y sonidos para generar un sonido singular. Incluso la palabra fonética se queda corta en este caso para describir lo que es el sonido dentro del cuerpo de la palabra. No me interesa la música, no me interesan las corales, no me interesa un carajo lo que dice Rachmanino: a mí lo que me interesa es el aura de la persona del común y corriente cuando cuenta su historia.

Evidentemente te interesa mucho el Free Speech

Te repito. A mí no me interesan ni Blair ni Bush, ni que se acuesten o no con la secretaria o con su señora. Me importa un pito. Para mí lo importante es esa persona común y corriente que cuenta una historia que también es apoteósica. Por eso me interesa darle a la gente la oportunidad de que haga un Free Speech, un discurso libre, un discurso de libre asociación. Son gente que no tiene el derecho, que no tiene la oportunidad de expresar en público lo que piensa y está desesperada por expresar lo que piensa. Si tú les das un micrófono a la gente en la calle se sienten súper felices de poder decir lo que piensan, creen que es un fenómeno. Te encuentras con personas con una facilidad increíble de comunicar y de compartir lo que son momentos felices para ellas. Para otras personas, por el contrario, la comunicación oral es difícil. No saben relatar, sus léxicos son bastante cortos. Uno siente cuando los escucha: hmm… ah, ah… yyy… eeehhh… ¡Y están los que lloran!

Estoy hasta los huevos de los cuatro medios de comunicación que controlan el mundo y que nos obligan a escuchar lo grandes y lo célebres que son cuatro o cinco personajes en el mundo, diez si quieres. Pero, ¿qué es de la vida de nosotros? Y ¿qué es de tu vida? Empecemos por el principio: si no cae una bomba en tu pueblo nunca va la cámara a grabarlo. Y si no ocurre lo que está ocurriendo ahora en Colombia no apareceríamos nunca en la televisión británica. Así de sencillo. Habiendo, como hay, unos decires populares tan ricos.

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Cazador de hierbas salvajes, 2003. Registro fotográfico de instalación. Dimensiones variables.

Supongo que para ti fue una gran experiencia escuchar relatos de mujeres contados en los idiomas del Caribe.

En términos de variedad lingüística, el Caribe es una metrópoli, allí tenemos de todo. Tantas inmigraciones, tantos secuestros masivos que llevaron allá a la gente a la fuerza, tantos amenazados de fumigación aquí que se fueron para allá. Al Caribe han ido ha parar gente de todas las razas y de muchas lenguas y eso ha producido situaciones como las de los maroon, que son una minoría de Jamaica resultado de una mezcla de indios y de negros insurrectos que buscaron refugio en las montañas, fuera del alcance de los esclavistas ingleses. Tú ponte a hablar con un maroon en inglés para que veas tú que problema! Alucinas! Eso no lo entiende nadie. Una de las entrevistas del proyecto Vesper se ha hice a una mujer que vivía en uno de los tugurios de la parte baja de Kingston, cerca del puerto, y era de las pocas personas que crecieron y vivieron en las partes altas de la isla, donde todavía se cultivan tradiciones morunas. Allí hablan un papiamento bastante particular. Denso, pero hermosísimo. ¡Hay que escucharlo!.

La riquísima cultura oral de España está siendo ahogada en los cafés y en los bares por el ruido de la televisión, el hilo musical, las maquinitas de juego…

El cortocircuito de lo oral es un problema inmenso, gravísimo. Además de que ya tu no tienes actualidad, porque cuando llegas a los 50 años ya nadie te para bolas porque tú eres viejo y desechable, no como antes, que a los viejos los escuchábamos y los viejos tenían la última palabra. Ahora, desde que Thatcher pasó por acá y llegaron los yuppies de 20 y todo mundo se jubila a los 40 años, en Colombia adoptaron también la misma norma y a los pobres viejos ¡no los dejan ni hablar! Y no sé por qué nosotros tenemos que adoptar unas políticas que son totalmente frías, que no tienen nada que ver con nosotros. Es pura imposición del new colonialism. ¡Cómo es posible que haya desaparecido el cazabe y el ñame del Caribe! En Cuba tienes que ir al Hotel Nacional, uno de los más caros, para que te pongan unos tostones de plátano dizque porque son exóticos. ¡Es el colmo! A mí la harina de trigo lo que me produce es moco y lagañas. Y lo peor es que nadie va a venir a cuidar por nosotros nuestra propia cultura.

Monografía: Oswaldo Maciá — imagen 7
Provoca/evoca, 2002. Aparato para esparcir el rastro del olor de los animales del Arca de Noé, hecho con esencias de excremento animal en colaboración con profesionales químicos del Imperial College de Londres.

¿Crees que los archivos orales pueden remediar la crisis de la cultura oral?

Para mí los archivos orales, que son bancos de información de la memoria, son las únicas formas físicas de archivar la memoria. La memoria es una cosa que se te olvida y te jodiste. Te jodiste y te la llevaste. Pero con la grabación tienes un medio de conservar tu versión oral, que para mi son las mejores porque yo dudo de las traducciones y las interpretaciones. Cuando tú escuchas a la gente hablar es totalmente distinto de lo que puedas leer de esa misma persona. Tú la escuchas y puedes imaginar aspectos de su carácter que no puedes imaginar si sólo la lees. La voz tiene su posición en la historia y en la vida social, que no se puede reemplazar por otro medio, por mucho que nos pongamos seudointelectuales en los escritos. La voz es la voz y tiene que ser grabada.

Tampoco se trata sólo de grabar y archivar, se trata también de utilizar y de activar esos archivos. Recuerdo que cuando en el 95 hice para la Lisson Gallery Cleanaway utilicé historias grabadas en los 50 sobre cuestiones como “¿Los huevos cómo le gustan?”.

“Con cebollín y tomate son mis preferidos los domingos”. No sé si serán mis obsesiones, pero para mí las historias orales están más llenas de imágenes que cualquier video. Cuando la señora me dice cómo quiere los huevitos, yo ya los veo, ¡yo la película ya la tengo hecha!

Las adaptaciones cinematográficas de novelas normalmente decepcionan a quien previamente las ha leído porque considera que la película hecha por el director no es la misma que él se hizo en la cabeza mientras leía la novela. “No, esa no es: ¡Me han cambiado la película!”

Cuando estaba investigando sobre la sinestesia, García Márquez me invitó un día a su casa de Cartagena y yo le dije: a mí me interesa la parte olfativa. Cuando escribes sobre el olor de la guayaba y eso es traducido en Noruega, por mucho que tú describas la fruta, con todas sus pepitas ¿cómo lo puede asimilar un lector de allí? ¿De qué manera? Porque tú nunca podrás tener la visión olfativa de algo que yo simplemente describo. Por más que tú la describas como la quieras describir, no te asomas ni de lejos al olor de la guayaba. A ti, en Noruega, te sonó el olor a la guayaba como el nombre de un pescado, como herring, y resultas creyendo que la guayaba huele a pescado. ¿Cómo carajos tú controlas en la literatura el concepto del olor? ¿Cómo funciona en la memoria el olor? Gabo se quedó mirándome y me dijo un par de cosas sobre el olor, pero como él es tan él, tan Yo y mis historias, no quería oír sino las de él y yo le dije ¡espérate!, que yo voy a echarte el cuento mío. Pero él no quería que le enredase la cabeza con mis historias porque, como todo artista, sólo le interesan las suyas.

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El fin de la diversión, 2005. Detalle. Instalación sonora de 100 animales en su ambiente natural, a partir de archivos de la British Library.

En la Bienal de Liverpool de 2004 participaste con una pieza acústica realizada en colaboración con Michael Nyman. Tenía cuatro partes, cada una de las cuales se emitía desde cuatro sitios distintos de la ciudad. ¿Por qué elegiste llantos del archivo sonoro de la BBC para componerla?

He elegido el sonido del llanto porque creo que es un lenguaje que por imposiciones culturales no hemos aprendido a escuchar. Hoy día, cuando la imagen por pura saturación no comunica, tenemos que aprender a comunicarnos el dolor, por ejemplo, por medio de lenguajes y sentidos que en su momento descartamos para concederle toda la primacía a la imagen.

¿Qué eres en definitiva?: ¿Músico? ¿sonidista?

A mí lo que me interesa es el sonido y no la música, porque la música se escribe y el sonido no. La música se puede leer y el sonido no. Habrá muchas diferencias, pero para mí ésa es la decisiva. Por eso me interesa la música del siglo XIII para atrás, cuando no se escribía la música ni se leía, la música era totalmente oral, se cantaba y se repetía y se aprendía de oído. Son esos momentos los que tengo de referencia cuando compongo, si se puede decir que compongo… En realidad, a mí no me gustan las palabras que encasillan a la gente. A mí me gusta la palabra artista, que allí cabe todo el mundo.

Kafka hablaba del artista del hambre. ¡Cuántos artistas del hambre no habremos conocido tú y yo!

¡Los que quieras! A mí que me pongan en esa lista, que cabe gente del mundo entero. Que cuando llegó la hora de casarme me casé con la pobreza.

CARLOS JIMÉNEZ

Escritor y crítico de arte. Autor de los libros Extraños en el paraíso. Miradas al arte de los 80 y de Los rostros de medusa. Estudios sobre la retórica fotográfica.

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