Desde hace mucho tiempo, Luis González Palma ha sido reconocido por sus perturbadoras fotografías de figuras solitarias cuyas miradas carentes de pasión hablan de silencio y tristeza. En las fotografías, que son expresiones personales de la gente de su Guatemala nativo que por generaciones han sido las víctimas de conquistas y violencia, cada persona, ya sea indígena, maya o mestiza, representa los conflictos psicológicos y las tragedias personales de toda la humanidad. El artista emplea numerosas referencias simbólicas al catolicismo, los mitos y rituales mayas y la cultura guatemalteca, con el fin de crear un ambiente patético para sus temas. Las fotografías de gran tamaño, con sus saturados tonos sepia pintados a mano y capas de materiales e imágenes de los que se ha adueñado, son tan conmovedoras como visualmente sugestivas. Adoptando un enfoque postmoderno para explorar el medio de la fotografía, González Palma, quien construye, antes que sólo descubrir su mundo, plantea interrogantes sobre la condición humana y la forma en que las imágenes visuales pueden expresar y, a la vez, manipular la conducta. Su conocimiento autorreflexivo de su propio pueblo, históricamente y ahora en un mundo postmoderno, ha llevado a una técnica que les da nuevo significado a sus imágenes. Compleja desde el punto de vista técnico y conceptual, cada obra está compuesta de objetos dispuestos en un collage, en una emulsión de asfalto que incluye transparencias kodalíticas, hojilla de oro y otros materiales arreglados sobre papel rojo y luego incrustados en resina. Con frecuencia también utiliza alcohol para quitar elementos de la superficie, a fin de revelar ciertos detalles, en especial los ojos, para lograr una fascinante interacción con el espectador. Estos efectos le dan a cada imagen una presencia escultórica que intensifica aún más su realidad y vulnerabilidad y nuestra propia participación. Las fotografías son hermosas y, sin embargo, nos preguntamos. ¿por qué son tan perturbadoras? ¿Qué nos revela el artista acerca de sus personajes y su entorno que nos hace sentir incómodos?

Las nuevas obras de esta exposición mantenían el mismo clima de relaciones inquietantes, soledad y condiciones angustiosas. Antes que centrarse en figuras solitarias, las obras eran más narrativas en contexto, y sus construcciones imaginarias, o reinvenciones, asumían una presencia espectral en lugares reales. A González Palma siempre le ha fascinado la estética barroca tan apropiada para entender la cultura de América Latina. Constantemente agrega elementos, bien sea ensamblados en collage o imaginados por medio de la fotografía, para mezclar el pasado y el presente, y para transformar la fotografía misma en un objeto. Aunque estas nuevas obras no eran tan obvias en sus referencias a la historia a menudo surrealista de Guatemala a través de imágenes de su gente, había todavía un recubrimiento que llevaba lo imaginativo a una nueva realidad inventada.
En El goce de lo no dicho, 2005, la oscuridad de una escena interior hablaba de ausencia y presencia. La imagen, una impresión kodalitth sobre papel rojo con hojilla de plata, estaba incrustada en resina, lo que le daba la apariencia de estar congelada en el tiempo. Una solitaria mesa con dos sillas ocupaba un cuarto muy deteriorado. Las paredes estaban peladas y descascaradas, y el misterioso reflejo (?) o fantasma (?) de un candelabro encendido aparecía flotando debajo de la mesa. Era obvio que allí había capas de significado acerca de algo que sucedió en el pasado, un pasado feliz del que ya no se habla y del que sólo quedan fragmentos. Sus títulos son siempre ambiguos y provocadores y tienen el propósito de despertar una respuesta en el espectador, y quizás complicar esa respuesta. Había una fotografía titulada Cuando la verdad es absuelta, 2005, que incluía la misma mesa, con una silla, pero la mesa estaba cortada en dos y, aun así, se mantenía en pie. Otra obra, La ilusión del camino inverso, 2005, retrataba la figura de un hombre parado, y frente a él los largos rizos de una mujer, como si fueran los restos de su presencia. En esta exposición también incluyó obras de su Dreaming Series, que parece relatar la historia, o los recuerdos, en varios eventos de su vida, de una joven de larga y oscura cabellera. En Dreaming Serie 2, 2005, es una criatura inocente con apariencia de niña, cuya imagen se ve dentro y fuera de un cuarto donde hay una torta de cumpleaños sobre una mesa. Capas de significado y recuerdos son reflexiones que visualizan un estado de sueño, una sensación de nostalgia que le permite al artista explorar el pasado en un diálogo personal con el presente.
A Luis González Palma la fotografía le brinda una oportunidad técnica con la cual puede construir una nueva realidad, inventar un mundo para sus recuerdos y para la gente de su país. Las imágenes pueden ser fotografiadas y refotografiadas, recubiertas con nuevos materiales y arregladas por el artista para darles nuevo contexto y significado. Esta exposición de sus nuevas obras demostró que todavía está enfrentando a sus fantasmas e instalándolos en misteriosos entornos que dan una sensación diferente de soledad que no es menos fascinante e inquietante.
CAROL DAMIAN
