En la sala principal de la galería de Florencia Braga Menéndez, las pinturas recientes de Juan Tessi impusieron durante semanas un clima inquietante construido con base en la mixtura de belleza y dolor. Bajo el título * All models 18 and over (Todos los modelos son mayores de edad), acaso la advertencia más utilizada por el mundo del porno legal), Tessi presenta un conjunto integrado por unos pocos cuadros de gran formato y una serie muy numerosa de pequeñas piezas en las que recrea —con su habitual estilo figurativo hiperrealista, generado a partir de fotografías retroproyectadas y luego pintadas— un repertorio de jóvenes heridos, angustiados, perdidos. Exhibidas a modo de friso, una a continuación de la otra, las imágenes adoptan una hipotética lógica secuencial: las edades y estilos físicos de los retratados, el tipo de composición e incluso los contenidos emparentados entre sí de estas escenas pueden llevar a suponer que el artista está narrando una única historia desarmada en fragmentos. Es posible, y al mismo tiempo no. La continuidad de esa supuesta trama parece desviarse todo el tiempo sumando mayor tensión a la serie; se mantienen algunos hilos estables —rostros atemorizados, situaciones de violencia, marcas de golpes o manchas de sangre— pero no es posible leer un relato lineal.

En la producción de estas pinturas, Tessi da un paso más allá desde el punto de vista técnico, intercalando fotos tomadas por él mismo en lugar de acudir únicamente a imágenes mediáticas extraídas de la moda, la publicidad o internet, como había hecho en la mayoría de sus trabajos anteriores. Esta vez, el artista complejiza la etapa previa al momento puro de la pintura, destinando buena parte de sus energías a la construcción de sets en los que dirige a sus modelos-actores en la búsqueda de las escenas que desea reproducir. Se trata de escenas relativamente simples que incluyen de una a tres personas, enfocadas en planos cortos y medios, escenas verosímiles que remiten a situaciones en cierta medida ambiguas, en tanto no nos es dado acceder al antes y después de esos cortes, y también inequívocas: un halo de violencia, contenida o explícita, las recorre.
Tessi recorta un mapa social y generacional en el que cada mínimo gesto contiene la amenaza de volverse terriblemente sexuado. Las miradas de sus personajes adolescentes se debaten entre la provocación y la orfandad, exacerbadas ambas por cierta dosis de languidez que no es difícil identificar con un estereotipo actual, también mediático, hecho de cuerpos anoréxicos y desaliñados. Las imágenes recorren un abanico amplio que va de la aparente vacuidad de una adolescente quitándose la camiseta a un acto concreto de sometimiento en el que dos personas parecen estar forzando a otra a hacer algo que no desea. Sin embargo, golpeados o atemorizados, los jóvenes de Tessi nunca dejan de ser hermosos, y allí reside tal vez buena parte de la potencia perturbadora de la serie.
El borde entre placer y delito, profusamente explorado por el lenguaje audiovisual de la pornografía al que muchas de estas imágenes hacen referencia, se ha convertido en uno de los temas más desarrollados por el arte contemporáneo en todas sus expresiones. Del cine de Larry Clark o Gus Van Sant a la literatura de J. G. Ballard (quien en Noches de cocaína analiza esa corta distancia que va del ocio a la delincuencia, y que garantizaría la supervivencia de las microélites adineradas sacándolas de su destino de aburrimiento), pasando por todo el imaginario del rock con su corte de rebeldes y suicidas, el tema no pierde vigencia y soporta las más disímiles aproximaciones. En este sentido, a diferencia de lo que sucede con algunos artistas fascinados con esta cultura que asocia goce y violencia —tanto los que se atreven a ensalzarla como los que la condenan encarnizadamente—, Tessi se abstiene de explicitar un veredicto, no emite juicio moral ni deja entrever una apología. En sus escenas, pintadas con la maestría que ya es su sello, las nociones de peligro y sufrimiento simplemente conviven con las más dulces y luminosas apariencias. Queda para el espectador la opción de juzgar o pronunciarse acerca de un fenómeno tan cercano como tabú.
EVA GRINSTEIN
