Inaugurada el pasado 20 de octubre de 2005 y hasta mayo de 2006, se exhibe en la terraza del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) Ezeiza Paintant, una gigantesca obra site-specific del artista argentino Fabián Marcaccio (Rosario, 1963), bajo la curaduría de Inés Katzenstein. Se trata de un tejido pictórico, objetual y postfotográfico altamente complejizado, que acoge variadas e inusitadas inscripciones manuales y texturales, con una fuerte base de pintura y empleo de imágenes digitales, siliconas, óleos, polímeros, acrílicos, tintas pigmentadas en una tela vinílica, montada sobre una enorme estructura de metal y madera. Es importante destacar que para Marcaccio sacar una foto digital es lo mismo que si estuviera mezclando materia magmática y fluida, con pinceles o espátulas, porque su interés se cifra en crear un “compuesto” de pintura análoga y pintura digital. Este rango de opus posee la continuidad de un texto único, narrativo, siguiendo la modalidad de un “film paralizado”, pero con una trama tan densa sensorial, semántica y sintácticamente, que la asemeja a la estrategia del palimpsesto. “Así, en lugar de privilegiar una especialidad lineal —señala el propio artista—, la obra se alarga y expande produciendo situaciones de desequilibrio, inestabilidad, incertidumbre, porque no se sabe nunca dónde se halla su centro”.

En relación con la estética de la producción del Ezeiza Paintant, Marcaccio afirma que desea generar “una conexión emocional entre pintura e historia”. Por tal motivo, entre 1995-1996 el artista acuñó el neologismo “pintantes” (paintants) para denominar una zona pictórica potencialmente infinita, que se constituye per se. En las “des-situaciones” y “des-localizaciones”, promovidas por dichas piezas, es notoria una inscripción afectiva en doble sentido: autor-espectador, por encima de sus aspectos sensoriales, sígnicos y cognitivos, junto a una certera apropiación del concepto de expanded field (campo expandido) para desterritorializar el discurso de la pintura ortodoxa, con trabajos repletos de protuberancias, excrecencias, salientes, de innegable materialidad en el soporte. El plano aquí actúa como una suerte de “pantalla total”, teniendo en cuenta que Marcaccio comienza diseñando en su PC, y a posteriori, estas mismas imágenes se imprimen sobre diversas calidades de superficies. Gradualmente, desde mediados de los noventa, sus obras se han tornado cada vez más grandes y por lo tanto, se instaló en ellas la idea de que produzcan algún tipo de acuerdo o eficacia espacial con la arquitectura. Y en lugar de fijar las pinturas o adosarlas a la pared, continuando con la milenaria tradición del mural, Marcaccio realizó un “giro copernicano”, manteniendo una postura paradójica y antagónica: el texto pictórico es capaz de crear su propio espacio intermitente entre la segunda y la tercera dimensión. Un espacio “otro”, un elogio post-orgánico de la pintura como piel, membrana, epidermis, carne laxa, dando vueltas, rodeando y circunvalando el topos intervenido, pero sin estar nunca determinada previamente por él.
A partir de Ezeiza Paintant, sin dejar de lado su primacía como gran autoescritura, de gestualidad proliferante, es muy probable que estos nuevos paintants se hayan vuelto intencionalmente más narrativos e icónicos, por la inclusión del registro analógico y el mestizaje de lenguajes expresivos.
En el Ezeiza Paintant se observa una recuperación del legado de dos grandes artistas rosarinos: el espíritu neorrealista de Antonio Berni, así como el “buceo” en distintos tipos de espacialismos (Lucio Fontana) que llegan a convivir sin anularse unos a otros, en una pintura espacial tridimensionalizada totalizante.
Desde 1986, Marcaccio vive y trabaja en Nueva York. En 2000-2001, expuso sus Paintant Stories, sucesivamente, en las Kunstverein de Stuttgart y de Colonia (Alemania). Ese último año, participó en la VIII Bienal Internacional de Estambul. En 2002, fue invitado a exponer en la Documenta XI de Kassel (Alemania) su Multiple Site- Paintant, obra que parecía “acariciar” la Documenta por medio de una situación topológica tan particular como el dentro-fuera. Allí, Marcaccio eligió, al igual que en el Malba, un sitio específico, que se ubicaba simultáneamente, entre el predio institucionalizado del arte y el espacio público. Se trataba de una amplia franja de transición, bordes y límites imprecisos, que intencionalmente marcaba un devenir, un cambio in progress, una mutación. Luego, presentó una obra del mismo tenor para el Summer Projects 2002, en el PS1 Contemporary Art Center (Nueva York). Hacia 2003, expuso en la Triennial for Art by the Sea – Seascape in Confrontation (Beaufort, Bélgica) su Confine Paintant. En 2005, llevó a cabo su primera exposición retrospectiva en el Kunstmuseum Liechtenstein y viajó al DA2 (Domus Atrium) de Salamanca (España).
A más de tres décadas de la matanza fratricida de Ezeiza (1973) y la masacre de Trelew (1972), las implicaciones de sentido que revisten dichos acontecimientos luctuosos para Argentina, desde la mirada retrospectiva de un artista de la diáspora, son innumerables. Esta intervención posee un matiz alegórico, ya que actúa en tanto memoria activa de los cuerpos ausentes y de heridas que aún no se cierran en la historia argentina contemporánea. El Ezeiza Paintant hace referencia a los enfrentamientos que se suscitaron en el Aeropuerto de Ezeiza cuando el general Juan Domingo Perón volvía a Argentina, tras su largo exilio de 18 años en España. Y a poco de aterrizar su avión se suscitó un cruento enfrentamiento bélico con intensas balaceras entre las dos facciones, por ese entonces antagónicas, del Partido Justicialista, la Juventud Peronista, dirigida por los Montoneros, quienes pensaban que Perón tenía idea socialistas, por eso cantaban el eslogan “Perón, Evita, la Patria Socialista”, y en abierta oposición y tomando posiciones de privilegio en el palco de honor, se hallaban los dirigentes sindicales de la CGT que representaban el ala peronista de derecha, conservadora, y que detentaban, por ese entonces, el poder, pues era considerada la columna vertebral del peronismo. Este grupo vitoreaba: “Cámpora al gobierno y Perón al poder”. La disputa era por el palco y ambos grupos estaban armados, pero el más tradicionalista contaba con el apoyo de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), liderada por José López Rega. Dicha puja de intereses se convirtió en una verdadera batalla campal, arrojando más de un centenar de muertos.
Por otra parte, la masacre de Trelew (1972) se originó cuando un grupo de guerrilleros detenidos por los militares, pertenecientes a Montoneros y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) decidieron tomar la base militar homónima. Muchos de sus dirigentes pudieron darse a la fuga en avión, con destino a Cuba y Chile, mientras que el resto fue asesinado a sangre fría en las propias cárceles.
CLAUDIA LAUDANNO
