Exposición Individualmar 2006 - may 2006· Por Marta Rodríguez

Carolina Rojas

Cu4arto Nivel Arte Contemporáneo

Los ganchos de alambre y los enchufes de Santiago Cárdenas, los dibujos de Álvaro Barrios tan cercanos a las imágenes de las postales y los comics, así como los muebles de Beatriz González, le enseñaron al arte colombiano que los objetos cotidianos e intrascendentes también pueden ser un motivo para el arte. Para los artistas de hoy éste es un hecho incuestionable, y la exposición de Carolina Rojas en la galería cu4rto nivel coincide con esa vocación del arte contemporáneo que se ocupa de señalar la importancia de lo cotidiano. En la muestra, titulada Orden vs. desorden, las paredes de la galería estaban ocupadas por unos dibujos impecables, de gran escala, realizados en blanco y negro, que con un delicado manejo de las tonalidades delatan su procedencia de la fotografía. Estos dibujos tienen como motivo los enseres de una cocina moderna y funcional. En algunas imágenes, guardando una perfecta simetría, se presentan platos muy “ordenados”, apilados con una exactitud milimétrica, situados al lado de otros utensilios domésticos como una licuadora, una máquina para preparar café, cucharas y tazones. En otras imágenes, la perfecta distribución de cada elemento se ve alterada por una especie de “desorden”, los objetos se diseminan sobre los mesones de forma arbitraria.

Exposición Individual: Carolina Rojas — imagen 1
Carolina Rojas. D(es)orden – Composición 1, 2005. Ilustración digital. Seis piezas individuales. Impresión en papel fotográfico Epson. Plotter de corte y vinilo gris y negro.

Estos dibujos tienen como punto de partida fotografías digitales que toma la artista y luego son intervenidas en el computador. “La primera operación —dice Natalia Gutiérrez, curadora de la muestra—, consiste en poner en marcha la magia de cortar y pegar, y así pone las cuatro paredes del espacio una al lado de la otra y construye entonces una imagen panorámica en la que aparecen también los primeros accidentes; algunos objetos con esta nueva construcción espacial, sobre todo los que estaban en las esquinas, se fragmentan y se mezclan. Luego dibuja y pinta, y con las herramientas del programa digital, como si estuviera dibujando con un marcador, modifica las luces y las sombras, amplía la escala de grises, elimina los límites entre un objeto y otro, exagera, agranda, explora si la cafetera sobre el horno sería un nuevo electrodoméstico y cambia los puntos de vista”.

Un lugar tan doméstico como la cocina, irremediablemente, trae consigo la presencia de la vida familiar y la figura de la madre, razón por la que la muestra me trajo a la memoria la novela Carne y hueso, de Michael Cuningham, autor de Las Horas. En ella, el escritor ahonda en los espacios íntimos de cuatro personajes que conforman una familia clásica. En uno de los capítulos se acerca al mundo de Mary, la madre, una típica ama de casa. En este capítulo, la cocina, reluciente y ordenada, se convierte en el lugar donde se proyectan los deseos, frustraciones y obsesiones de la protagonista, así como es el espacio en el que ella impone su propio orden. Una noche, mientras prepara la cena de Navidad, disfruta del dominio total que ejerce sobre su espacio doméstico; goza con la perfección lograda en cada uno de sus preparativos y, súbitamente, observando el resultado de largas horas en la cocina, se ve agobiada por un enorme dolor. Mary entra en crisis e irrumpe en llanto, cuando piensa que cuando sus hijos lleguen a cenar, se estropeará todo este orden, este equilibrio armónico que ella ha establecido entre los platos que conforman la cena, la disposición de los cubiertos y la vajilla sobre la mesa. Su mundo se quiebra ante la amenaza de un repentino desorden, un caos que va a disturbar su mundo, cuando los otros irrumpan en él.

Este orden y desorden que altera el mundo de Mary es el tema de Carolina Rojas. Lo que a veces entendemos como orden, según lo dice Gregory Bateson1, en un diálogo muy conocido por la artista y que circulaba durante la muestra, es una forma privilegiada y “arreglada” por un sujeto, para disponer los objetos en el mundo. Una manera única que tiene como adversarias múltiples formas próximas al “revoltijo y la mixtura”; al devenir de la vida. Carolina Rojas, con sus dibujos, ordena y desordena el mundo a través del computador, creando unas imágenes que en virtud de su tamaño y apariencia, tan próxima a la fotografía, evocan el lenguaje del Pop y con éste, trae a la memoria a aquellos artistas colombianos que nos hicieron reconocer el inmenso valor de lo cotidiano.

NOTA

1. Gregory Bateson, “¿Por qué se desordenan las cosas?”, en Pasos hacia una ecología de la mente, Loholé-Lumen, Argentina, 1998.

MARTA RODRÍGUEZ

Carolina Rojas, por Marta Rodríguez | artnexus