Exposición Individualmar 2006 - may 2006· Por Graciela Kartofel

Alexandre Arrechea

Magnan Projects

En la Décima Avenida, a través de la ventana de la galería se observan unos insólitos objetos y unas obras al muro. Los objetos constituyen la instalación de Alexandre Arrechea que da nombre a su exposición, Polvo. Son cinco punching bags de tamaño natural realizadas en vidrio soplado, que contienen escombros de lugares del planeta que tienen mucha importancia para el artista. Al muro están las ocho acuarelas sobre papel —sujetas con alfileres quirúrgicos—, son obras de la serie Polvo y de la serie El límite, temas que se enlazan conceptualmente y que el autor trabaja a la par. La movilidad del artista —que es un síntoma de esta época-, lo que uno recibe de cada lugar y lo que uno brinda en cada ciudad donde vive –aunque sea brevemente—, son intercambios significativos para Arrechea. Muchos de estos aspectos no son tangibles —las amistades, los afectos, los olores—, Arrechea los simboliza en esos minúsculos montículos de escombros que están profundamente guardados, inalcanzables, en el fondo de cada bolsa de box, a la par, dado que se transparentan, manifiestan el impacto con que han impregnado al autor.

“49 Walker Street, Nueva York” impreso en el vidrio de una de las bolsas de box; en otra, la dirección donde vivió en Madrid, y así en las cinco, que por supuesto incluyen Cuba. Cada punching bag está sujeta con una banda de hierro y suspendida del techo con cadenas. La combinación de materiales —vidrio, hierro, tierra, tinta—, produce una imagen fuerte y frágil a la vez. Consigue simbolizar parte de la sociedad contemporánea en esa misma doble capacidad: ser muy sensible, y a la vez, armarse de una coraza para sostener la fragilidad, sea en la sociedad que sea, en algunas más que en otras. Una lectura extendida de esta situación se observa en que las punching bags están y se ven siendo a la vez transparentes, mezclándose con las otras vivencias —las de antes, las de después. Defenderse, defender el territorio, defender lo conseguido requiere entrenamiento. Algunos se entrenan con los puños, otros, con las ideas.

Alexandre Arrechea nació en Trinidad, Cuba, en 1970, se graduó en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Hasta hace poco formó parte del reconocido grupo Los Carpinteros, y actualmente realiza exposiciones individuales. A él le interesa expresarse en diversos medios —instalación, pintura, objeto, y con “elementos de verdad”—, por eso la inclusión de escombros reales en sus obras dentro de las punching bags. Estas piezas en vidrio fueron realizadas por el especialista Dan Spitzer, en Urban Glass, el reconocido espacio en Brooklyn. Los escombros físicos triturados van desde polvo hasta ciertas piedritas, oscilan en tonos de grises, tierras claras y color ladrillo. Llevan unos pequeños palitos que marcan “el sitio”. Están inalcanzables, protegidos, sepultados, atesorados dentro de las bolsas de entrenamiento boxístico. La exposición no sólo atiende a los vestigios físicos supra mencionados —escombros—, sino también a mapas, fragmentos de paredes, ladrillos y cinta métrica, todos éstos pintados. Con la cinta métrica implica la medición de las infinitas distancias: las andadas y las deseadas. Los paquetes amarrados caracterizan a las poblaciones despojadas. “El atadito”, como se llama en América Latina a las pocas pertenencias de una persona humilde que va de lugar en lugar. Arrechea también pintó un balón de fútbol sin aire que le sirve para sostener un trozo de escombro (casi evocando la forma de un calzado deportivo). Otros fragmentos de construcción están amarrados con cinta métrica, evocando la forma de un calzado, de un pie, de una almohada, de una remera. Con el pie se caminan los lugares, con la almohada se descansa para luego proseguir.

Exposición Individual: Alexandre Arrechea — imagen 1
Alexandre Arrechea. Dusta (Madrid), 2005. Bolsas de boxeo en vidrio soplado con escombro triturado de Madrid. 101,6 x 35,5 cm. (40 x 14 pulgadas).

La deconstrucción se nutre con estas acuarelas sin enmarcar que permiten disfrutar la sensual levedad propia de la técnica al agua y del papel. Las imágenes —fragmentos de construcción numerados como hacen los arqueólogos en trabajo de campo, o como se identifican piezas en un museo— se extienden en un orden propio creando claves que evocan las vidas que han pasado por ahí, y los misterios de la historia. Sacadas de contexto, son obras abstractas, negaciones. Las sombras pintadas en los fragmentos refieren la voluntad del artista de tratar los elementos de veracidad, así lo vio, así lo recuerda, así lo quiere transmitir. En las pinturas, la paleta es cálida, se puede inferir que más allá del origen de esos fragmentos, el artista evoca la luz, la calidez y el clima de su tierra natal. Las acuarelas de la serie El límite incluyen el tema de las cajas. Se destacan las realizadas con mapas. El mundo que sabemos redondo está tratado en plano, —como la mente de algunos gobernantes. También la geografía está reconfigurada como un motivo estampado —adentro y afuera de esos cubos, cada uno con una cara abierta—, se intercalan nombres, ríos, mares y caminos. Polvo y El límite permiten digresiones diversas: el límite geográfico, los límites del polvo, sólo limitados a polvo.

GRACIELA KARTOFEL

Alexandre Arrechea, por Graciela Kartofel | artnexus