Exposición Individualdic 2005 - feb 2006· Por Larisa Escobedo

Yunior Mariño

Myto

Un estudio emocional del cosmos es lo que la primavera pasada —del 14 de abril al 3 de junio— se presentó en la Galería Myto de la ciudad de México. La exposición Nada, del cubano Yunior Mariño, presenta recientes series de pintura y fotografía, cuyos lenguajes transitan en un juego doble, en donde la relación con el universo es aprehendida tanto por la pincelada como por el ojo fotográfico, permitiéndole a cada medio la especificidad de su lenguaje, pero en una relación que casi se percibe como simbiótica.

En las pinturas Nada (2004) y Obsesión (2005), el pintor crea espacios de vacío y lleno que recuerdan el misterio de los agujeros negros, donde la gravedad es capaz de absorberlo todo hacia el vacío, o bien, hacia el espacio pictórico, pues mediante la repetición de dichas palabras —nada y obsesión—, la pintura genera una implosión conceptual que se mueve orgánicamente entre la abstracción y el realismo cósmico. Así mismo, la repetición en forma de mantra de dichas palabras traslada a la pintura a formas ancestrales de oración, mezcladas con poesía visual, que generan una dialéctica en donde la Nada es lo que está conformando el cuadro, es decir, el todo, el universo. Ambos cuadros están construidos en gran formato y poseen un fondo negro del cual las palabras van apareciendo y desapareciendo como si de galaxias se tratara; en Obsesión, el texto está escrito con pintura blanca y hace referencia a las imágenes de polvo cósmico, aunque también hace pensar en células en expansión. En el cuadro Nada, el texto, en cambio, aparece en color azul como una lluvia que recuerda algunas imágenes de la trilogía de películas Matrix.

Exposición Individual: Yunior Mariño — imagen 1
Yunior Mariño. Agua en el humo y cielo en el fuego, 2005. Políptico sobre blanco y negro. Acrílico sobre tela. Tamaño de instalación: 210 x 320 cm. (82 1/2 x 126 pulgadas).

También en la serie de polípticos Agua en el humo y cielo en el fuego (2005), Mariño hace construcciones pictóricas en donde la imagen está en el borde de la abstracción y el realismo, pues la pintura sólo es vertida sobre el lienzo —recordando la técnica del dripping—, y son el azar y la estructura química de cada color los que crean la impronta de color sobre el lienzo, pero al mismo tiempo, el uso de esta técnica abstracta adquiere nuevas dimensiones realistas al invocar el título de la serie, que hace pensar al espectador en las formas caprichosas del fuego, las nubes y las olas, y acaba por demostrarle que todo arte abstracto puede ser visto como un arte naturalista, y más específicamente, conceptual.

Así como el cosmos y la naturaleza son constantes en la obra del cubano, también el tema del tiempo se repite en una y otra serie, ubicando al pintor como un artista laberíntico en conexión directa con creadores como On Kawara, Jorge Luis Borges o Plinio El Viejo, en donde las constantes de creación relacionan lo espiritual con lo científico y lo emocional mediante topografías que abarcan las estrellas, las plantas, los sueños y la temporalidad. Es el caso de las pinturas Radio Reloj (1998), donde el artista va registrando el paso del tiempo con ayuda de una estación de radio que avisa la hora exacta a sus escuchas cada determinado tiempo. Así, el artista pinta una línea cada vez que escucha la hora, y deja un vacío durante el tiempo de una canción o quizá el tiempo en que salió a comer y dejo el cuadro en espera, generando una bitácora que lo mismo es mediática que espiritual o pictórica. Lo mismo ocurre en la serie fotográfica 24 horas (2003), donde Mariño toma una fotografía al cielo cada hora, y las acomoda a manera de reloj, permitiendo ver al espectador el paso del tiempo en la naturaleza, no como una idea abstracta, sino como fenómeno físico que afecta a los seres vivos. Esta pieza hace también una referencia a la relatividad del tiempo, pues el espectador se enfrenta en un solo instante a veinticuatro horas, en movimiento pero a la vez estáticas.

Así, la exposición fue concebida como un breve vislumbre de la relación del hombre con el universo, un acercamiento a la cosmovisión del hombre contemporáneo, golpeado en su ego por las teorías físicas de la relatividad y el caos, que lo han obligado a dejar a un lado concepciones antropocéntricas o geocéntricas, cuyo resultado es una relación dicotómica entre curiosidad y angustia, en constante conciencia del vínculo entre macrocosmos y microcosmos, traducido por Mariño en la creación de imágenes fractales y poéticas. 

LARISA ESCOBEDO

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