En su nivel más fundamental, la escultura incluye un juego con el espacio. Para Waltercio Caldas, esto ha llevado a una investigación sobre las formas en que el espacio bi y tridimensional difiere o coincide según lo construya el artista y lo perciba el espectador. En esta reciente exposición individual en la Galería Christopher Grimes, Caldas continuó explorando problemas que empezó a plantearse hace más de treinta años. Sus soluciones actuales, cinco nuevas composiciones escultóricas con el título colectivo The Black Series, son tan sugestivas como lo fueron las de comienzos de su carrera.
La gama de materiales empleados es en buena parte consistente con la trayectoria del artista. Estas piezas funcionan como compuestos de esculturas anteriores; piedras de granito pulido, copas de cristal y figuras hechas de varillas de acero inoxidable, todas reaparecieron allí. Al entrar a la galería, el espectador se enfrentaba con cuatro composiciones, cada una de las cuales dominaba un cuadrante de la sala (la quinta se hallaba detrás de una división en la esquina del fondo). Las obras estaban construidas en los mismos cubos de construcción formales. Marcos para mesa, en acero negro, proporcionaban el punto de partida estructural para cada una, soportando las composiciones; fundamentalmente, no ocurría nada por debajo de la superficie de la mesa. En cada construcción, una o dos losas de granito negro estaban colocadas a través del marco, y sobre éstas, esculturas de acero inoxidable hechas de brillantes varillas tubulares plateadas; del techo colgaban hebras de hilos de colores. De inmediato se hacía evidente que todos los elementos habían sido dispuestos en forma muy deliberada; los espacios y los intervalos fueron medidos con mucho cuidado y los bordes estaban alineados a la perfección.

A pesar de que esta colección de objetos era en apariencia casual, las selecciones fueron minuciosamente calculadas y señalaban un signo de interrogación fundamental para Caldas. En estas obras, los opuestos se atraen y repelen a varios niveles. Cada composición combina materiales livianos y pesados, transparentes y opacos, frágiles e indestructibles. La delicadeza de una hebra de hilo que se mueve fácilmente con la más leve corriente de aire cuelga en contraste con el peso opresivo y la inmovilidad de las losas de granito. Esta yuxtaposición trae a primer plano la naturaleza material de los elementos de cada obra, creando una tensión entre sus cualidades antitéticas. Formas rectilíneas y curvilíneas también se ponen en contraste. Incluso el techo y el piso, dos polos arquitectónicos, están forzados a dialogar en estas obras, en la medida en que una composición se extiende hacia la otra. El artista se deleita con el antagonismo entre estas oposiciones, forzándolas a comunicarse dentro del espacio de la galería.
En una entrevista grabada, Caldas caracterizó estas obras como escultura, mientras que Gary Garrels las analizó en términos de dibujo. Las obras de esta exposición jugaban con la tensión entre estos medios al confundir la representación del espacio bi y tridimensional. El espacio bidimensional como el que se emplea en el dibujo era evocado en algunas de estas composiciones tridimensionales que parecían girar alrededor de un plano vertical central. Uno de los mejores ejemplos de esto es Still Life. En esta obra, una placa de vidrio transparente estaba metida entre dos losas de granito, bisecando la mesa en forma vertical. Sobre cada lado de la hoja de vidrio había dos esculturas transparentes en forma de copa, dos objetos de acero inoxidable y dos hebras de hilo blanco que colgaban del techo. Cada objeto estaba colocado en forma diagonal con relación a su gemelo del otro lado de la lámina de vidrio, de modo que a medida que el espectador caminaba alrededor de la composición, el eje vertical central parecía girar, dependiendo de qué elementos uno estaba mirando. Esta ilusión ilustra por qué la altura de las mesas cumplía un papel tan integral: elevaba las composiciones al nivel de los ojos del espectador, lo que es esencial para que estas ilusiones ópticas surtan efecto. El juego de elementos se alteraría por completo desde una altura diferente, y se perdería la mediación entre el espacio bi y tridimensional.
Este juego visual pertenece a la tradición de la ilusión óptica y el arte Op, y ésta no es la primera incursión de Caldas en este campo. En obras anteriores, era más probable que aparecieran referencias a la historia del arte europeo, como Velázquez, o ready-mades duchampianos, y juegos con perspectiva, que una bandera del Brasil u otro símbolo político. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Caldas, quien llegó a la mayoría de edad en Río de Janeiro en la década de 1970, cuando la dictadura brasileña estaba en la cumbre, nunca ha hecho obras abiertamente políticas; en cambio, compromete en forma directa la historia del arte. Incluso los títulos que aplica, como Landscape, Machine y Still Life, se relacionan con géneros conocidos. La historia del arte brasileño cumple un papel de igual importancia, y el artista responde activamente a conceptos heredados de los artistas neoconcretos de las décadas de 1950 y 1960. El compromiso de éstos con la fenomenología, que llevó a la incorporación de un espectador móvil en sus obras, es un claro precedente de las composiciones de Caldas en The Black Series. Aunque en esta serie había menos conexiones formales con el movimiento neoconcreto, es evidente que la historia del arte brasileño sigue inspirando el contenido conceptual del artista.
ALECA LE BLANC
