Voraz fuego ebrio

Iván Villaseñor. Rosy y Santiago luminiscentes, 2005. Pintura, ropa y luces sobre muro. Dimensiones variables.

Colectivadic 2005 - feb 2006· Por Larisa Escobedo

Voraz fuego ebrio

Museo de Arte Carrillo Gil

Inspirados en unos versos de Tu Fu, poeta chino del siglo VIII, Carlos Ashida y Dulce María de Alvarado intitularon y elaboraron la curaduría de la muestra que se expuso en el Museo de Arte Contemporáneo Carrillo Gil desde el 27 de agosto y hasta el 23 de octubre del presente año.

La exposición abarcó varias generaciones, desde José Clemente Orozco hasta artistas emergentes como Saúl Gómez, el más joven de los seleccionados. Fueron quince los artistas que conformaron la muestra que pretende dar un panorama de la pintura que retrata lo grotesco, ya sea por su tendencia escatológica, o por sus alusiones sexuales, o en general, de aquella que está provista de una voracidad expresiva llena de salvajismo o de extrañeza. 

Siendo ésta la temática, me sorprendió no encontrar obra de Daniel Lezama y del Dr. Lakra o de mujeres artistas como Martha Pacheco o Fernanda Brunet, aunque la diversa selección de autores y de obras, cien en total, hizo una muestra vasta y definitivamente heterogénea en trayectorias, propuestas y resultados.

En esta diversidad de generaciones podríamos agrupar la muestra en tres grandes grupos; el primero abarcaría a José Clemente Orozco y Alberto Gironella nacidos en 1883 y 1929, respectivamente; el primero representante de la llamada Escuela Mexicana de Pintura, y el segundo, de la Ruptura.

El segundo grupo lo conformarían los artistas nacidos a fines de los cuarenta y hasta los sesenta: Juan Kraeppellin, Helio Montiel, Roberto Rébora, José Luis Sánchez Rull, Cisco Jiménez y Germán Venegas. Estos artistas ya consolidados van desde el expresionismo y el surrealismo hasta lo postmoderno, y fueron sin duda la parte más sólida de esta exposición ya que aunque Orozco y Gironella comparten líneas temáticas, siento un distanciamiento claro en intenciones que hacen que sus obras se distancien de todas las demás.

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Alberto Gironella. El sueño es un estancamiento, 1977. Óleo sobre tela. Colección Fundación Televisa.

El último grupo sería el de los artistas nacidos en los setenta, que está formado por Balam Bartolomé, Humberto Duque, Charles Glaubitz, Manuel Mathar, Álvaro Verduzco, Iván Villaseñor y Saúl Gómez, y quienes en sus influencias se aprecian elementos del cómic, de lo popular o de la marginalidad.

Predominando el gran formato, se alude a la vigencia de la pintura como género con amplia tradición en México, de gran fuerza expresiva y que, a decir de muchos artistas que se dedican a dicho género, en los últimos años ha estado en cierta competencia con las nuevas tecnologías y con la preferencia actual en muchas sedes a exhibir instalaciones, intervenciones y arte tridimensional en general.

En esta diversidad de artistas y propuestas, las obras escogidas de Orozco para la muestra fueron Cabaret popular y La victoria, que considero alejadas del discurso general de la exposición. Aunque son similares en tema y en cierta forma en este horror al vacío que comparten las demás obras, siento forzado el interés por vincular estas obras a la exposición sólo por el hecho de formar parte de la colección del museo. 

En el caso de Gironella, otro de los ya extintos, se presentaron dos obras de la Colección de la Fundación Televisa: El sueño es un jamón, de 1977, y Vanitas, de la misma serie y año. En dichas obras, muy a su estilo, combina elementos históricos con un aire de desencanto y cotidianidad. Sus trazos expresionistas, tendientes a la abstracción, hacen de su obra una excelente muestra del rumbo que tomó la pintura en México en la década de los setenta.

Estuvieron también las obras de quienes conforman un trabajo sólido, como Cisco Jiménez (1969), quien a su muy personal estilo ácido, sarcástico y subversivo presentó un conjunto de elementos a modo de instalación sobre la pared. Es su serie Culatazos, cincuenta piezas de formato pequeño y técnica mixta que van de 1992 a 2005 y donde incorpora pinturas, objetos, prendas y elementos de la cultura popular.

Igualmente, el artista poblano Germán Venegas (1959) se ha dedicado a plasmar lo grotesco, ya sea en sus pinturas o en sus esculturas. En este caso, nos sorprendió con un conjunto de obra que bien podría considerarse lo mejor de la exposición. Creadas en este año, Fotografías eróticas es un conjunto de 35 piezas superpuestas y conglomeradas en un amplio espacio en donde se observan cuadros con temática erótica que se van deconstruyendo, fusionando y sintetizando hasta llegar a una sola pieza en la pared inmediata, la pieza 36 del conjunto, en donde se llega a la abstracción ya en un todo contundente. 

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Cisco Jiménez. Culatazos, 1992-2005. Instalación sobre pared. Técnica mixta. 50 piezas de formato pequeño.

Sin una división por estilos o épocas, las obras se presentaron revueltas a lo largo y ancho del tercer piso del inmueble. Una de las primeras piezas de la exposición resultó muy llamativa por sus dimensiones, obra de Charles Glaubitz (1973), artista nacido en Tijuana, quien forma parte de un colectivo estadounidense llamado Art Dorks. Con influencias del dibujo de ilustración y de artistas como Tim Biskup, la obra Yo soy la lluvia en tu desfile, yo soy la verdad en tu ilusión, de 2005, el artista nos muestra una escena extraña con entes con orejas de ratón, estrellas y versos. 

No menos desconcertante es la obra de Juan José Ávila Aceves, mejor conocido como Juan Kraeppellin, artista jalisciense ya de larga trayectoria, y considerado un personaje extravagante de Guadalajara. Este artista introduce símbolos del esoterismo, de la astrología y referencias literarias de poetas como André Bretón y Antonin Artaud. En su obra The crypts of Cthulthus I, de 2004, aparece todo un imaginario lleno de personajes y símbolos quizá ilegibles pero visualmente atractivos.

Hablando de la obra de los artistas recientes, encontramos una llamativa intervención llamada Rosy y Santiago Luminicentes (sic), pintura de tipo ilustración, y del poster art urbano, con ropa, zapatos y serie luminosa que intenta remarcar las formas caricaturescas que contrastan entre ingenuas, infantiles y desafiantes por sus dimensiones; ya que van del piso al techo y parecieran retar al espectador, con una mirada sombría o con una carencia de ésta, el resultado es una especie de hipnosis al seguir las luces y acceder a interactuar con la obra, que desprende un cierto halo espeluznante y al mismo tiempo de atracción casi magnética.

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Germán Venegas. De la serie Fotografías eróticas, 2005. Detalle. 35 piezas al óleo sobre lino, 2 piezas al óleo sobre tela.

El artista emergente Saúl Gómez presentó dos obras, Guácara, especie de pintura elaborada en el suelo claramente escatológica, y El Paisa, obra que representa algo sumamente cotidiano y propio para los mexicanos como lo son los ‘tacos al pastor’ y todo lo que les atañe, las salsas, el limón, el cochambre y el chesco. Siendo sumamente común El Paisa como nombre de taquería, esta obra juega con los referentes colectivos, haciendo de algo simple y cercano todo un homenaje al gusto colectivo de algo tradicional e imprescindible en la gastronomía popular.

La exposición resultó muy irregular en propuestas y es difícil situar un punto de convergencia más allá de las similitudes temáticas o formales. Quizá el concepto que pudiera englobar toda la muestra sería la degradación. Esto en muchos niveles y sentidos, ya que existe una degradación pictórica al llevar hacia lo más radical los procesos de la creación, y no sólo continuar con una búsqueda de formatos, materiales o soportes, sino ampliar las posibilidades de la pintura y degradarla no de una forma peyorativa sino en una forma de destitución. De extender sus límites y llevarla a sus últimas consecuencias, aún más en un sentido temático que vaya más allá de un efectismo al tratar temas sórdidos o de una forma pretendidamente vulgar. 

La degradación puede venir también en un sentido de regresar a lo más primigenio, a lo animal, a lo instintivo. Así mismo, se puede aplicar en cuanto al desgaste de las formas y a una suerte de decadencia de un estilo concreto, como ese gusto tan latinoamericano de lo abigarrado, de lo neobarroco. Sea como fuere, el arte en la actualidad no puede más que transfigurarse y adaptarse a la idea actual de lo que es digno de contemplarse, tan distante de lo que fue para muchos siglos en la historia del arte, y hace que uno como espectador agradezca las propuestas diferentes, que no busquen una reacción fácil, sino más bien que sus secretos sean menos evidentes, que nos provoquen, que nos transformen.

LARISA ESCOBEDO

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