En 1993, Nedo M. F., Nedo Mio Ferrario, Milán, 1926-Caracas, 2001, es Premio Nacional de Artes Plásticas, máximo reconocimiento que Venezuela otorga a sus artistas plásticos, según el Jurado, “por su constante y significativa contribución a la génesis y desarrollo del diseño, las artes plásticas y la arquitectura, y su permanente participación en la conformación de un pensamiento plástico nacional mediante la acción orientadora y formativa que ha ejercido sobre las nuevas generaciones de artistas”. Este dictamen resume en pocas palabras la inmensa tarea de vida creativa que el artista, trasplantado desde su Italia natal, desplegó en este país hasta su fallecimiento. Como pintor, dibujante, grabador, diseñador gráfico y docente, dejará una huella indeleble en la historia del arte venezolano del siglo XX en Venezuela. Junto a otros hombres venidos de allende los mares, como Gerd Leufert (Lituania, 1914-Venezuela, 1998) y Larry June (muere en Caracas en 1974), contribuyó, con energía, a construir la plataforma del formidable desarrollo del diseño gráfico en una Venezuela a convertirse en América Latina en líder importante en el campo.
A su llegada a Caracas, en 1950, Nedo se encuentra con circunstancias muy positivas para su desarrollo como artista. La Venezuela de finales de la década de 1940 experimentaba cambios fundamentales en su desarrollo social y cultural. Los artistas nacionales comenzaban a rechazar la presencia hegemónica de la temática del paisaje y de una figuración académica, buscando insertarse en la modernidad a través de conceptos universales del arte y una internacionalidad que solo podría ser alcanzada a través de códigos plásticos ligados a la abstracción geométrica. Una Venezuela que iniciaba la década de los cincuenta apuntando a un crecimiento en muchos órdenes de su vida interna y externa. La irrupción de una arquitectura nueva comenzaba a proporcionarle a su capital Caracas un rostro urbano de gran ciudad. El, prácticamente nuevo país se desarrollaba al amparo de nuevas riquezas, del surgimiento de instituciones, empresas, edificaciones, que precisaban una identificación visual. La tarea de estos hombres fue crear logotipos acordes con el nuevo orden social y económico. Así, el ciudadano común al mirar estas señales se reconocía como habitante de una ciudad que mostraba una atmósfera de avance y desarrollo, expectante ante un futuro certero. Nedo a través de sus logotipos enriqueció el significado semántico de instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, la Galería Espiral de la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas de Caracas y el Instituto Postal Telegráfico, para el que también creó una serie de sellos postales.

Desde la década de 1960, este artista de origen y formación cultural europea pero aclimatado al trópico, comienza a protagonizar una historia en el diseño gráfico, propuestas donde tuvieron cabida estructuras tridimensionales inéditas y audaces diagramaciones para El Farol, CAL y Oriente, revistas de vanguardia que marcaban la vida cultural e intelectual del país. De CAL, una revista para leer y ver que aparece en 1962, Miguel Arroyo, figura prestigiosa en el medio plástico local y director del Museo de Bellas Artes, se interroga: “¿acaso sus diagramaciones para CAL eran otra cosa que una invitación a que el ojo explorara, en plano y en profundidad, de frente y al sesgo, al revés y al derecho, todos los caminos a la espacialidad que le ofrecía el plano?”.
La prolífica, intensa y creativa actividad de Nedo fue tan amplia que Lourdes Blanco, biógrafa y estudiosa de su obra, asevera que en el aspecto del diseño gráfico existe un antes y un después de él. A su llegada al país trabaja en Tricolor, una revista dedicada al universo infantil y todavía activa. También lo hace en publicidad, contribuyendo a sentar bases para el desarrollo de nuevas maneras de presentar el mensaje visual publicitario. Otra de sus actividades fue la docencia, a la que indudablemente aportó buena parte de su capacidad e inteligencia. Durante 27 años trabajó en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas de Caracas, y la Cátedra de Diseño lleva su nombre. Sus enseñanzas, como también su propio trabajo, influirán en una nueva generación de diseñadores gráficos hoy de prestigio internacional, entre ellos Santiago Pol, Óscar Vázquez o Álvaro Sotillo. A Pol le hará entender “que el diseño es un acto de audacia del hombre”, para él “fue un maestro formidable, un artista vinculado a la obra con sensibilidad y talento, un ser humano íntegro”. Para todos ellos creó un “movimiento contemporáneo” al ser “un maestro real que le enseñaba a sus discípulos a echar las bases sobre la realidad y trabajar con ella”.

Nedo trabajó el diseño gráfico, e incluso la obra plástica, de acuerdo con una profunda economía de expresión y de medios. Su objetivo era proporcionar claridad visual y que el mensaje llegase directamente al receptor, tratando “de lograr mucho con poco y de que toda persona lo entendiera”. La invención de alfabetos y el diseño de letras concebidas para alojar en sí mismas un mensaje fueron el resultado de la extraordinaria economía de medio y riqueza de lenguaje al que se sometía el artista con rigor casi monástico; su celo profesional no permitía concesiones cuando se trataba de realizar una obra, un logotipo, un diseño gráfico o una diagramación. La obra gráfica de Nedo muestra innovación, invención, audacia. Sus aportes se centran, fundamentalmente, en el carácter, sin dudas ni titubeos, de un diseño humanista y visual, no sólo dirigido al encuentro del ojo con el objeto, sino también al entendimiento intelectual, al deleite estético y a la experiencia emocional.
La década de 1960, fecunda y creativa. Realiza sus conocidas formas imposibles, que junto a las de Gerd Leufert, aparecen en Imposibilia, 1968, publicación de la Universidad de Oriente. En este tiempo imagina y realiza unos sesenta alfabetos, imposibles, reversibles, computables, para logotipos y carteles, que muestra en el Museo de Bellas Artes de Caracas y publica en Letromaquia, 1973, acontecimiento que dio cuenta de que crear tipografías constituía un desafío. Uno de sus trabajos espectaculares fue con el Who´s Who in Graphic Art (Quién es quién en el diseño gráfico); diseñó la portada y en el volumen de 1962 aparecen trabajos suyos.

En Caracas, Nedo inicia su actividad artística y publicitaria siendo eminentemente figurativo. Su contacto con Venezuela le proporciona herramientas para derivar, sin pasar por transiciones estériles, en un minimalismo constructivista, en el estudio del espacio como herramienta formal y en una síntesis expresiva como valorización de la producción artística. En 1951 fue aceptado en el Salón Oficial de Arte Venezolano. Corroborando su considerable formación académica, desde ese momento participa en numerosas exposiciones colectivas. Comienza las individuales en 1962. Muy importante fue la del Museo de Bellas Artes en 1969, al mostrar su revolucionaria serie Sobre papel que contenía el trabajo que titula Reversibles. Al año siguiente, en la Galería Estudio Actual expone las construcciones-relieves en madera y cartón, tratados con gesso y pintura acrovinílica, que titula Progresiones y que Roberto Guevara en el catálogo define como “relieves en el espacio”. Es importante destacar que a mediados de los sesenta inicia un despojamiento del color-figura de su primer período, para sumergirse, según Guevara, “en la definición cabal de otra extraordinaria vocación, la de la sobriedad que en Nedo alcanza nivel de paradigma; el blanco sobre blanco, el gran tema que hará de la limitación una insospechada riqueza”. Desde este momento y de su participación en Confrontación 68, importante exposición del Ateneo de Caracas, se consolida su obra en el medio plástico local, demostrando su interés en realizar una obra minimalista basada en la reflexión teórica del espacio físico y virtual enmarcada en una “ilógica visual”, definida por Guevara como “concepto puro espacial”.
El tema Nedo se rige por la propuesta visual de la nada y el todo. Es la síntesis suprema del espacio, la geometría y el blanco. La luz actúa como constructora de volúmenes, a la vez que configura una significación conducente a definir lo conceptual en términos de absoluto. La obra blanco sobre blanco, sujeta a la incidencia de la luz sobre su superficie, tiene la cualidad de variar de forma y de carácter. Importa su condición cinético visual como comportamiento regido por la transformabilidad. El relieve cambia, se transforma de acuerdo con la dirección de la fuente lumínica y el desplazamiento del espectador. En una operación de reversibilidad volumétrica, las sombras creadas producen volúmenes y formas virtuales sobre la superficie del relieve que la hacen misteriosa al proyectar hacia el espectador atmósferas casi metafísicas.

La década de 1970 es más importante que la anterior. En 1973 y 1974, en el Museo de Bellas Artes de Caracas y el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, Ciudad Bolívar, respectivamente, presenta la exposición Reversambitos, serie novedosa que en el catálogo describe como experiencia existencial y plástica: “cuando miro algo, digamos unos planos superpuestos, que se suponen determinados de antemano, entro en una cierta atmósfera. De pronto se abre una puerta de entrada, traspasada la cual, levito en un espacio distinto. Por una circunstancia que podría definir como mágica, aun cuando está dentro de la lógica más rigurosa, percibo físicamente perspectivas contrastantes: es decir, lo imposible hecho posible. A estos planos superpuestos, situados en una dimensión, hasta ahora ignorada, los llamo Reversambitos”. Continuada en las décadas de los ochenta y noventa, cada vez más define en su obra la significación del espacio en todas sus dimensiones. Propone un espacio geométrico nuevo, en el que lo visto en la realidad conduce a una situación de “equívocos” visuales. Orienta la estructura del relieve sólo a partir de la línea. Línea virtual generada por el relieve y sus bordes en la pintura, o bien trazada gráficamente sobre el plano en sus di
En la muestra Sobre Papel VIII del Museo de Bellas Artes, 1970, expone la serie Reversión, dibujos y litografías basados en la geometría engañosa que puede producir el extraordinario juego de una línea continua, cuya trayectoria de construcción da lugar a una forma completa de volúmenes o a una forma virtual. En el catálogo Nedo explica que “Reversión es el nombre que he dado a mis dibujos. Verticales, diagonales, horizontales, utilizadas para expresar una unidad volumétrica que se altera cuando se multiplica, generando en el espacio una acción pulsante. Reversión porque el elemento lineal se desarrolla en forma imprevisible, desconcertante, en una ilógica visual”.

A la praxis y teoría del concepto de la integración de las artes a la arquitectura dedicó mucho interés en la última etapa de su vida. El diseño de murales, rejas, puertas y pisos ocupó su tiempo. En este aspecto concibió obras como Metasinopsis, mural para la Biblioteca Marcel Roche del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC; el piso y otras intervenciones en el edificio Parque Cristal, las rejas metálicas de la Casa Mazzarella y de la sede principal del Banco del Caribe, edificaciones de Caracas, entre otras. Una importante obra, aún no realizada, es el diseño para la reja exterior de la nueva sede de la Galería de Arte Nacional en Caracas, concebida como eslabones de una cadena, siguiendo el carácter amplio y diferencial del patrimonio artístico de esa institución museística.
Con una formación profunda en la historia y la práctica del arte, Nedo concibió su obra en el ámbito de varias tendencias. A partir de la geometría abstracta, del constructivismo, curiosamente del surrealismo, y de diferentes intereses plásticos, derivó hacia un formidable minimalismo. La obra de Nedo, poética, casi metafísica, es heredera indefectible de la búsqueda de la pureza visual de artistas constructivistas como Malevich, de lo absoluto de un Piet Mondrian y de planteamientos ópticos y cinéticos de maestros venezolanos como Jesús Soto, juntando a esto su admiración por los petroglifos venezolanos.

A partir de 1988, Nedo decide dedicarse prácticamente a la pintura, relega su tarea de diseñador, deja la docencia, aunque sin negarles su tiempo a aquellos que a él acuden solicitando orientación. Cada obra pictórica será un código descifrable en su simplicidad o sencillez, será revelación de atmósferas espaciales y de significados ocultos. En una oportunidad declaró que pensaba en ‘’la forma“ como componente molecular. Aunque se desee, uno no puede escaparse de la forma porque si vamos a ver hasta un punto, sí, un punto, tiene una forma”. Esta forma, en su pintura y dibujo, paradójicamente sencilla y compleja, lo conduce a un lenguaje propio que propicia una comunicación inédita entre obra y público.
Definir la forma Nedo como existente, tomando en cuenta que para él hasta un punto es una forma, y reconocerla como ilusoria sobre el plano, produce una abstracción emocional y racional. En realidad es el plano del relieve y su sombra reflejada, lo que Nedo calificó como “la realidad es la imposibilidad”. Dibujos imposibles plantean el desconcierto de no reconocer una imagen, pero sí una idea; el blanco color puro posibilita su identificación con la geometría en el espacio de la nada, pero no del vacío, en la realidad del todo siguiendo una configuración de relaciones lineales donde importa el carácter conceptual así como la creación de volumetrías virtuales. A Nedo le interesaron, como dirá Miguel Arroyo, “las posibilidades del espacio como percepción”.

Luego de su invención, Nedo continuó llamando su trabajo Reversambitos porque “básicamente es espacio y movimiento, movimiento que se produce por efecto de la luz”, según su propia conceptualización, hasta considerar que su obra es el espacio mismo. No existe en ella forma visible ortodoxa, convencional. La línea es la forma que se produce y transforma en la superficie del relieve con su estructura escalonada, que puede subir o bajar de acuerdo con el recorrido visual que haga el espectador y con la incidencia de la luz. Como Brancusi y su columna infinita, los relieves de Nedo se hacen infinitos en el espacio. Gestálticamente, la obra no tiene límites, no tiene fin.
Concluimos con una apropiada cita de Marta Traba: “la pasión de lo absoluto que domina la obra plástica, el diseño gráfico de Nedo, no se acomoda bien a la necesaria ‘función informativa’ del diseño, se mantiene a una apreciable distancia de la información, por eso es un diseñador rebelde, que camina a contracorriente... como toda obra ambiciosa concebida al filo de lo absoluto, la de Nedo rechaza cualquier acusación de frialdad. En ella se vive el ardor, la utopía, se percibe esa respiración entrecortada y anhelosa de quien está cumpliendo una proeza máxima y genera un silencio expectante a su alrededor”.
BÉLGICA RODRÍGUEZ
Crítico de arte, docente, curadora e investigadora de arte latinoamericano. Doctora en Historia del Arte de La Sorbona. Presidenta honoraria de AICA Internacional.

