Más allá de lo celeste, entre el cielo y el infierno, están la gracia y el talento de Miguel Rothschild (Buenos Aires, 1963) que durante agosto y septiembre presentó Celestial, en la Galería Ruth Benzacar. En un cruce de lenguajes, las dieciocho pinturas y collages, las fotografías, los objetos y el video aparecen como un intrigante recorrido por lo banal y lo sublime, por el mercado y el dogma religioso, por los sueños y aquello que algunos llaman realidad.
En el catálogo, María Cecilia Barbetta elige nombrar al artista como un irreverente y como alguien que “Se presenta a sí mismo como un ser de otro mundo (…) que coquetea con un origen divino”. Capaz de escuchar y transfigurarse mientras asiste a un diálogo entre dios y el diablo (en el Fausto de Goethe), “Es como si de repente al artista le fuera posible observar todo, desde distintos cielos y distintas perspectivas, como si al comprender le fuera posible flotar por esferas, para nosotros, seres terrenos, totalmente inalcanzables”.
Ambicioso y preclaro, entonces, en Celestial Rothschild consuma un conjunto de piezas —con diversidad de alcances, técnicas y materiales— que transita el juego lingüístico, se ocupa de lo físico y lo metafísico, y en donde, por momentos, se asoma la conciencia política.

La presencia del autor, la audacia y la ironía forman parte fundamental de su trabajo desde el principio. Basta recordar A todas las mujeres que me hicieron sufrir como un perro (1990), su individual con pinturas de retratos de mujeres y del artista como perro, y Lágrimas asesinas (2001), su “película en 73 animatics” de papel (librito que se pasa manualmente a velocidad), que lo tiene como protagonista.
En Celestial, el artista no aparece representado. Aquí despliega su manejo de los diversos medios y su agudeza al plantear las similitudes entre los presuntos opuestos, cielo e infierno, y la delgada línea que separa la promesa de felicidad con la del fracaso. Rothschild juega con una serie de presupuestos y valores que se cruzan en las enseñanzas religiosas, tanto en las góndolas del supermercado como en las mentes de los actores de la sociedad actual.
Rothschild acude a la cita y a materiales preexistentes, a la cultura popular y a elementos de consumo para articular el universo de Celestial, en donde de cerca nada es lo que parece ser a la distancia. Un cielo azul estrellado, pintado en una gran tela, augura una noche romántica; sólo que en vez de estrellas las formas amarillas encierran números con precios en oferta. Las imágenes iluminadas con neón (backlights) no son escenas religiosas de vitraux de antiguas catedrales sino fotografías armadas con collages de envoltorios de productos con la palabra “paraíso” en múltiples idiomas. Del mismo modo, marquillas de cigarrillos y fósforos, marcas de otros productos, construyen los collages de la serie Infierno. El “Arco de triunfo” y la “Torre” son estructuras que no parecen celebrar nada; están erigidas con frágiles cajas de cartón y latas, con etiquetas de productos alimentarios, antes que con ladrillos, mármoles o metales duraderos.
El cielo tan ansiado y tan temido, pintado de azul con collages de “estrellas” y “burbujitas” con textos, es nuevamente representado en una obra que, presuntamente, narra una batalla entre ángeles y dragones y se encuentra tapizada de onomatopeyas tomadas de la historieta. Son las mismas expresiones que aparecen en las dos piezas salpicadas con pinturas en La noche que vio a las estrellas.
Las fotografías, collages y el video que pertenecen a la serie Paraíso —trabajo en proceso de realización (work in progress) con una importante componente de humor— son centrales para la muestra. Las piezas parecen señalar el vaciamiento del lenguaje, al tiempo que invitan a preguntarse por la relación entre consumo y felicidad y por el precio que se paga por los sueños (como el de los inmigrantes que arriesgan todo por llegar al “paraíso” de los países centrales). Como un flâneur global, Rothschild se pasea por el mundo coleccionando objetos y productos y buscando imágenes, carteles y señalizaciones, con la palabra “paraíso”, que capta en fotografías y en el video Another Day in Paradise, musicalizado con la canción del mismo nombre.
Simultáneamente con “Celestial” en Buenos Aires, el artista argentino rindió homenaje a las visiones expresionistas utópicas de después de la Primera Guerra Mundial en Experience Utopia, en la muestra Künstler Archive con Christian Boltanski, Ilya & Emilia Kabakov, Hans Winkler y otros, en la Akademie der Künste de Berlín, donde Rothschild vive y trabaja.
VICTORIA VERLICHAK
