Exposición Individualdic 2005 - feb 2006· Por Claudia Laudanno

Martín Sastre

Galería Leme

Del 25 de agosto al 1 de octubre, Martín Sastre (Montevideo, Uruguay, 1976) exhibió Fantastic, su más reciente y ambicioso proyecto multimedia, especialmente concebido para interactuar con la topología arquitectónica, no neutral, ni ascética, de la joven Galeria Leme —dado que no se trata del clásico cubo blanco minimalista—, obra del arquitecto Paulo Mendes da Rocha. El corpus expositivo de Sastre se compuso de un video-arte metaficcional, de carácter inédito, producido entre Montevideo y Madrid, denominado La conspiración de la rosa, seguido de 20 fotografías, que en realidad son stills o video-frames de esa misma pieza de video, impresos sobre vinilo, de 120 x 80 cm, repartidos espaciosamente por el amplio recinto expositivo.

Exposición Individual: Martín Sastre — imagen 1
Martin Sastre. La princesa y los Yokos, 2005. Impresión fotográfica sobre vinilo. 80 x 120 cm. (31 2/5 x 47 1/2 pulgadas).

En La conspiración de la rosa, sugestivo trabajo de fuerte talante narrativo, Sastre parte de la apropiación estética del personaje más fotografiado del siglo XX: la princesa Diana de Gales. Centrando su interés en la vida pública de este personaje glamoroso y trágico a la vez, el joven artista uruguayo genera otra historia en paralelo, completamente metaficcional e idílica, al estilo de los mejores cuentos de hadas, desde un abordaje artístico sumamente contemporáneo, con claras notas de humor ácido, crítica hacia el establishment, irreverencia e indudable mordacidad. Por otra parte, vale destacar la presencia del artista no sólo revistiendo el rol de director de dicha innovadora propuesta fílmica, sino también como actor (videoperformer) del script o argumento que vertebra este gran aparato simulacral, en el cual, paradójicamente, los aluviones de imágenes vertiginosas, sean originales o intertextuales, conviven de manera ecuménica, reverberando entre sí. En este sentido, para Sastre el puro acontecimiento o event, se materializa en un nexus sabiamente embrollado de causas y efectos, articulando una compleja red de discursos, argumentos, réplicas y clonaciones, ligados a las figuras más encumbradas del panorama mundial. Por tal motivo, el eterno acontecimiento se presenta a los ojos del espectador como efecto perfecto y bellamente producido. Y aquí, Sastre, deliberadamente, deja flotar el sentido, en el límite de la sincronía y sucesión de imágenes, en las fronteras de las palabras, los códigos visuales, los mensajes y las acciones. Si bien Sastre, en La conspiración de la rosa parte de unos datos originarios, éstos mismos le permiten dotar de una plusvalía estética diferencial a todas las superficies fílmicas, extrapoladas de los medios masivos con las que se relaciona. Su estrategia consiste en hacer pasar todo lo exterior (el paratexto) hacia afuera y todo lo interior hacia fuera, en un doble movimiento, centrípeto y centrífugo que funciona simultáneamente. 

A lo largo de 18 minutos y 41 segundos de filmación, el simulacro liberado al interjuego del sentido y el no sentido, al mestizaje cultural, a la hibridación de imágenes de síntesis, al no lugar, a la no fijeza, se convierte en un sofisticado teatro multiplicado, poliescénico, fragmentado y luego suturado, en escenas que se ignoran, pero que se comentan entre sí, por medio de guiños, señales cómplices y socarronas. De tal suerte, los “ídolos de la mirada” que propone Sastre son instrumentos visuales manipulados con acierto, para crear una reflexión estética de lo múltiple, más aún, de una multiplicidad dispersa, nómada y difusa, de la que el mismo es parte sustancial. Desplazando y enlazando cuestiones, La conspiración de la rosa propone una agitación continua, un ritmo visual y sonoro frenético, con algunos tempos ralentizados, en los que se cuelan visiones de ensueño, melancólicas y bucólicas. Sin embargo, la cuota de suspense está siempre presente en este trabajo, al igual que la espiral citacional de las nuevas modalidades literarias del thriller poshistórico. Justamente, para Sastre resulta fundamental conservar la presencia de un entorno globalizado, saturado de imágenes sin causas ni consecuencias, es decir, un universo de imágenes de síntesis, una enciclopedia muy actual de postimágenes, integrándolas en la totalidad móvil y fluctuante del macro espacio público y del microespacio propio, íntimo y doméstico. Para tales fines, transforma la ilusión en un gran artilugio ficcional, colocando, paralelamente, en crisis el estatuto de la imagen-tiempo y de la imagen-movimiento del video. Transitando por los bordes, en las fronteras mismas del arte y del mundo del espectáculo, la intuición sagaz del artista ha sabido prever los alcances estéticos de ciertos efectos de disrupción que incorpora en sus actuales producciones, las cuales se mueven en el territorio híbrido del Live Art y del Total Art.

El carácter provocador, sarcástico y critico se concentra enfáticamente en la serie de 20 fotografías impresas sobre vinilo, donde la estrategia táctica del shock visual y la pretendida espontaneidad de las tomas generan una cadena asociativa que se puede considerar como una verdadera story-board.

En este tipo de opus, Sastre se revela como un proverbial “mixed media player” con un planteo fabulatorio de gesto automitificante y notoria eficacia discursiva.

CLAUDIA LAUDANNO

Martín Sastre, por Claudia Laudanno | artnexus