Marie Orensanz

Pensar es un hecho revolucionario, 2004. Proyecto de escultura en hormigón. 600 x 400 x 60 cm. (236 x 157 2/5 x 23 3/5 pulgadas).

Monografíadic 2005 - feb 2006· Por Christine Frèrot

Marie Orensanz

El pensamiento estético

Los fundamentos esenciales del trabajo de Marie Orensanz se basan en un eje conceptual movilizador, el de la relación entre pensamiento y materia. Este “lugar” de interrogación fundamental, donde la reflexión se confronta con lo real, ha impregnado todas las investigaciones materiales, técnicas y formales de las distintas etapas o fases de su historia artística donde los signos más recientes atestiguan su incesante vitalidad.

Desde hace unos cuarenta años la artista franco-argentina Marie Orensanz (Mar del Plata, 1936) asume un desafío que funda no solo la esencia de su arte, sino también su individualidad de mujer y su posición social. Es en la ambiciosa opción por el valor de la libertad en la que se inscriben la veracidad, la sensibilidad y el sentido profundo de su obra. Su trabajo se observa y se analiza a partir del postulado incansablemente evocado —“ser libre”— en el cual dos dimensiones simbólicas se cruzan, se encuentran y se unen para definir tanto su búsqueda existencial como la integridad de su trabajo creativo. La artista manifiesta ese deseo de ser y de permanecer libre más allá de las circunstancias o dificultades de la vida. Esta fidelidad le permite situarse en una distancia creadora consciente a partir de la cual ella enfrenta los avatares y artificios del arte supuestamente internacional. La reflexión plástica e intelectual, la continuidad y la coherencia, además de una apertura sensible y crítica al mundo, simbolizan los aspectos dominantes de su identidad estética.

Los fundamentos esenciales del trabajo de Marie Orensanz se basan en un eje conceptual movilizador, el de la relación entre pensamiento y materia. Este “lugar” de interrogación fundamental, donde la reflexión se confronta con lo real, ha impregnado todas las investigaciones materiales, técnicas y formales de las distintas etapas o fases de su historia artística donde los signos más recientes atestiguan su incesante vitalidad. El espíritu de su obra trasciende en una sucesión de transformaciones tanto formales como intelectuales, que abren y cierran etapas, en la coherencia de la permanencia. Lo que primero llama la atención es el desarrollo armónico de un pensamiento plástico y de su materialización confirmados en cada tentativa, según cada riesgo, en la elección de cada materia y la invención de cada forma. Por otro lado, la articulación con lo social —inquietud fundamental que la artista busca canalizar y, por ende, materializar— se opera por medio de un cuestionamiento de los nuevos materiales y su puesta en escena crítica, racional y sensible.

La evolución de la obra de Marie Orensanz puede sorprender. De la forma a lo informal, del blanco al negro, del lino al mármol, y del mármol a la tela, pero también de lo lineal a lo orgánico, del peso a lo liviano, del fragmento al esquema y al pliegue, del objeto al movimiento..., el camino recorrido por la artista se adapta a una misma dialéctica conceptual y formal que establece la esencia de la pluralidad de la obra y genera su transformación en lo más profundo del proceso creativo. Afirma: “Ir más allá de la materia para encontrar lo esencial, el pensamiento, y no estar limitado por ella”. Su búsqueda tiene sus exigencias. Materia, idea, espacio, sentido: todo está unido, nada puede separarse. Del objeto formal al objeto cuya función ha sido subvertida, el trabajo de la artista radica en la vía abierta por ese “impulso constructivo” del cual numerosos artistas latinoamericanos, y no los menores, se han hecho los intérpretes en un momento de su historia. Joaquín Torres-García, Carmelo Arden Quin, Lygia Clark o Jesús Soto, anclaron una vigorosa tradición abstracta y constructiva en América Latina. En las huellas y la interpretación personal de una geometría humanizada que deviene “cálida” (Torres-García) y donde la arquitectura es “emocional” (Mathias Goeritz), Marie Orensanz encuentra una vía propia, poniendo a su vez en tela de juicio al mundo y a la sociedad que la rodea, en una renovación constante de formas para ser y seguir libre. La latinoamericanidad de la artista es tanto identidad y compromiso cultural como fuente indispensable y constante de inspiración.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 1
Formas-de-formas, 1969. Madera pintada. Fondo: Estructuras pintadas, 1969. Acrílico y cinta adhesiva. Dimensiones variables.

El aprendizaje y el oficio

Después de una incursión en abogacía, Marie Orensanz decide orientarse hacia el arte y emprende una formación de cinco años en el Taller de Emilio Pettoruti. Aprende en esta escuela analítica-abstracta argentina el rigor y la técnica, pero sobre todo el valor del oficio. Siempre en Buenos Aires, frecuenta el taller del pintor figurativo Antonio Seguí y refuerza “su necesidad de conocer técnicas para expresarse libremente”. Paralelamente al aprendizaje de la pintura, la artista sigue cursos de investigación teatral, puesto que la dimensión social del teatro es esencial para ella. Tener una conciencia social y proyectarse en el mundo, son sus preocupaciones fundamentales. Marie Orensanz decide lo que ella puede decir abandonando la imagen, delimita esta dimensión esencial, única, invisible, que está en el centro de todo. Siguiendo a Duchamp, busca “materializar” la propia idea de la imagen y, como él, trata de realizar una “puesta en escena del pensamiento mismo”. “Tratando de dejar lo esencial, eliminando lo superfluo, para quedarme solamente con la idea. Esto me lleva a trabajar la idea y la materia al mismo tiempo”.

A partir de 1962, se interesa en una nueva forma de integrar el espacio, utilizando formas abstractas en volumen, despojadas, próximas al minimalismo. Experimenta, también, con planchas transparentes de acrílico sobre las cuales dibuja con una cinta negra adhesiva; esto hace que se abra a un espacio dinámico y relacional, que le da esa “sensación espacial” que busca continuamente en su trabajo de creación y que vamos a reencontrar en todas sus experiencias forma-materia. Sus Estructuras primarias (esculturas blancas en madera de 1967) y sus Formas-de-formas (acrílicos transparentes dibujados con cinta adhesiva negra, de 1969) son testimonio de este período de cambio radical, de la ruptura con la imagen figurativa y la pintura, para dirigirse hacia la escultura, la geometría y la abstracción. Sin embargo, en sus nuevas obras abstractas subsisten las curvas, las hendiduras y las formas serpentinas que no dejan de evocar un deseo constante de traducir lo orgánico. Estas formas anuncian, en cierta manera, los cambios futuros.

“Trabajar juntos el pensamiento y la materia”

La búsqueda de Marie Orensanz no está únicamente ligada a un pensamiento social, a la geometría o a la filosofía. Es sobre todo de orden plástico. El color blanco, privilegiado, primero con los mármoles, luego en los relieves sobre la tela, no es una opción puramente estética. En la intención rectora de los conceptos de “fragmentismo” y “de lo incompleto” que articulan el sentido de su obra, el blanco se escoge por su neutralidad y cambio; en efecto, se transforma bajo la luz más que cualquier otro color. Es el blanco, como más tarde el negro, el que le permitirá sus transmisiones, sus pasajes, sus límites, sus deslizamientos progresivos. Es así que la artista logra estar en una perpetua mutación con la cual busca tanto “comulgar” como “comunicar” a través de la materia. La artista da forma a su relación con el espacio y al mundo, dibujando, pintando (en el mármol y el cartón), modelando una tela impregnada de una mezcla que al secarse, le dará su rigidez definitiva, o recientemente juntando materiales y diferentes objetos. Lo que le interesa es “hacer pensar y encontrar una forma estética de transmitir este pensamiento”.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 2
Las venas de la tierra, 1992. Dibujo sobre mármol. 20 x 16 x 4 cm. (7 4/5 x 6 1/5 x 1 1/2 pulgadas).

En el verano de 1969, un acontecimiento exterior provoca un cambio en su arte y le hace descubrir la fuerza de ese “pensamiento interior” que ella debe expresar a través de la materia. Testigo de una manifestación obrera contra la supresión del paso del tren en el pueblo La Gallareta (provincia de Santa Fe), decide presentar en su próxima exposición el texto de los manifestantes: “El pueblo La Gallareta lucha por su única fuente de trabajo”. Realiza varios afiches con esta leyenda y los coloca en línea a lo largo de los muros de la Galería. Es la primera vez que, apropiándose del sentido de un texto, lo transforma por el acto de exponerlo en una galería. Los censores argentinos, advirtiendo el doble sentido de esta acción, cierran la exposición, que sólo duró un día. Pero enfrentándose al espacio museográfico y convirtiéndolo en espacio de reflexión, la artista toma conciencia del poder del lugar y de su ausencia de neutralidad.

Después de esta experiencia que refuerza su deseo de no quedar indiferente frente a los problemas del mundo, Marie Orensanz volviendo a la tela, va a iniciar una serie de trabajos sobre el caos de la ciudad. Se ven entonces coches rotos, árboles cortados, juntos más tarde con símbolos, puntos, flechas y cifras simbólicas (por ejemplo, 1 + 1 = 0). En un texto escrito en Milán en 1975, dice: “A veces, doy a los símbolos, o números, una significación precisa. Para mí, el número 1 representa el ser humano en la sociedad. La suma de 1 + 1 = 0 simboliza la falta de comunicación. Un punto puede conservar su significación primera de punto, pero una línea de puntos significa el tiempo. La fecha puede indicar una dirección o su contrario, la fuerza, el amor”.

Más tarde incluirá el texto (frases, palabras). Estas topografías de la ciudad retoman el plano geométrico de Buenos Aires. La artista dibuja en este nuevo espacio, concebido como una especie de tablero, lo que denomina “caminos de la memoria”. Este conjunto de nuevos códigos iconográficos anuncia una fragmentación del espacio, pensado por la artista como metáfora de diversas ideas, que será más adelante continuada y confirmada. Marie Orensanz está simultáneamente en la materia y en la reflexión crítica y/o utópica, y busca sin cesar materiales diferentes puesto que son éstos los que incitan las ideas. Cuando ella escoge un material, en un momento preciso, significa que éste sirve a su pensamiento. El estado “de evolución permanente, de interrogación” que defiende, sostiene la idea de que el material es el soporte de una dialéctica fundamental pensamiento-materia.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 3
¿Cómo salir?, 2002. Madera y hierro. 40 x 16 x 4 cm. (15 3/4 x 6 1/5 x 1 1/2 pulgadas).

La fragmentación y el mármol blanco

Marie Orensanz viaja a Italia en 1972 y vive durante tres años entre Roma y Milán. Su deseo de abandonar la tela se hace cada vez más evidente. Es en Carrara donde ella encuentra la solución. Decide no arrancar el mármol a su soporte natural, la cantera, sino dejarse guiar por el azar de encuentros y juntar fragmentos y trozos desarticulados, bloques envejecidos por el tiempo y fracturados, partes de un todo, restos abandonados de una inconquistable inmensidad. Lo que le atrae es “la belleza de lo roto” y su imperfección sometida al rigor, a la exigencia del blanco, a la densidad y dureza del material.

La idea de fragmentación se precisa. Utilizar recortes de mármol no es solamente una forma de dejar la tela, sino de reencontrar el interés por la materia. Para Marie Orensanz, es un “verdadero encuentro”, una suerte de recuperación, debida al azar, de lo que es palpable. En ese intento de devolver la vida a lo borrado y a lo dislocado, reconstruye en la idea, y no en la forma, un orden en el espacio. No busca reconstruir el objeto original, puesto que éste no es sino la parte de un todo. Primero, Marie Orensanz dibuja sobre el mármol y después introduce la pintura. Es el texto escrito y dibujado con tinta sobre el mármol el que debe temperar las leyes de la geometría, así como toda una grafía inacabada de la puntuación que deja el discurso en puntos suspensivos. En cuanto a los números, a las anotaciones matemáticas y físicas, evocan la regla y el compás de los constructivistas. Pero la rigurosa pureza del grafismo está contrabalanceada (humanizada) por la piel frágil y herida del mármol, fruto de sus accidentales irregularidades.

Para delimitar mejor sus cualidades de lo incompleto e inacabado, para exorcizar su dimensión de infinito, el fragmento de mármol recuperado en la cantera de Carrara, elegido por su existencia transitoria, deja lugar a la obra fragmentada. De esta práctica de recuperación y de intervención escrita y dibujada sobre el mármol blanco en la cual trabajó más de 20 años, Marie Orensanz elaborará una teoría bajo el nombre de Fragmentismo, reflexión que en ella a menudo sigue a la práctica. En este texto-manifiesto, que se enriquecerá entre 1978 y 1982, escribe (extracto): “El Fragmentismo busca la integración de una parte a un todo, transformándose, en sus múltiples lecturas, en un objeto inacabado e ilimitado a través del tiempo y el espacio. Lo incompleto es una constante en mi trabajo, porque pienso que somos fragmentos del pasado y del futuro. Lo que me interesa es establecer un diálogo con la persona que mira el mármol, buscando producir una relación intelectual o emotiva en la proyección fantasmagórica de cada uno de nosotros. Es en ese momento que empieza a funcionar la polisemia de los símbolos”.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 4
Atrapados, 2002. Hierro. Diámetro: 50 cm. (19 3/5 pulgadas).

La construcción blanca o la “geometría sensible”

La tela plegada y pintada reemplazará al mármol blanco. La artista elige, en primer lugar, el color blanco para crear estructuras, relieves, construcciones geométricas que siguen incluyendo un cierto grafismo y frases completas, como, por ejemplo, Las raíces son femeninas, también fragmentos de frases o bien palabras, como “elevación” o “camino”, siendo esto un concepto que aprecia especialmente y sobre el cual escribirá el texto “A dónde va el camino” para dos exposiciones. Estos relieves pegados sobre un fondo blanco, estas telas modeladas a mano, pueden parecer lejanos a la idea del Fragmentismo desarrollada anteriormente por la artista. Sin embargo, para Marie Orensanz, una forma puede ser a la vez estructurada sin ser cerrada, porque, según ella, “el pensamiento también está fragmentado”.Como lo hemos comprendido más arriba, lo que le interesa no es el material por sí mismo, en su dimensión técnica y plástica, sino “el material como soporte del pensamiento”.

La tela negra: relación con el cuerpo y la naturaleza

Con este nuevo material que la artista pinta primero en blanco, como acabamos de verlo, después en negro, dos factores son fundamentales: el tiempo y el trabajo manual. Marie Orensanz lo confirma: “Es un proceso lento. Modelo la tela una vez embebida en una acetona para darle la forma, después de endurecida, lijo y, para finalizar, la pinto. Como es un largo proceso en el taller con el mármol, ese tiempo me ayuda a depositar la energía del pensamiento en la obra sobre la cual trabajo”. Más que nunca, Marie Orensanz entabla una relación carnal y sensual triturando esta “masa” a la cual da formas que ella denomina “hojas” pintándolas de negro. Sin embargo, con esas imágenes identificadas, metaforizadas (Hojas de la vida), nos hallamos tanto en el cuerpo —evocación del sexo femenino, de la mano— como en la naturaleza. La artista convierte la naturaleza en arquitectura e inventa un espacio-paisaje-tiempo. Desde que hiciera brotar sus “tótems” abstractos, Marie Orensanz experimenta una geometría en movimiento que corrobora su actitud vital. Las tres etapas de su trabajo (venas/tierra, raíces/mujer, hojas/vida) no son sino expresiones de un camino interior que entremezclan la reflexión sobre la forma y su sentido, y aquella sobre la vida en proceso de ser vivida. El video llamado Camino de artista (1999, cinco minutos) es un aspecto de ese amor a la vida que se desdobla en una inquietud y una interrogación permanente sobre la libertad de pensar, de actuar, de ser.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 5
Querer, poder, hacer girar nuestro propio mundo, 2002. Instalación con video y ruecas. Duración del video: 1 minuto.

El texto se convierte en obra: aforismos, juego de preguntas y respuestas

Las relaciones entre texto e imagen, escritura y forma, han sido practicadas en todos los tiempos y en todas las culturas. En el siglo XX, el rol y el lugar de lo escrito dentro del espacio plástico se sistematizan con el movimiento dadá y los Futuristas, para entremezclar más tarde y casi al infinito, las creaciones de poetas y pintores. A partir de los años sesenta, el artista francés Ben Vautier impone su tipografía manual como una obra provocadora con doble sentido, mientras que, más tarde, los textos de Jenny Holzer, desfilando a la manera de anuncios publicitarios, ocupan el espacio público e intervienen para hacer reflexionar y movilizar. Con el arte conceptual, la utilización de las palabras, frases y textos se banaliza, evacuando así la imagen.

Con un empeño a la vez estético y conceptual, el trabajo de Marie Orensanz introduce una relación del texto al objeto en el cual la metáfora está invertida. El texto-obra concuerda con sus proyectos para arte-público que ella propone en 1999. Gana un premio (663 proyectos, 44 países) para realizar un monumento a las víctimas del terrorismo de Estado con su proyecto Pensar es un hecho revolucionario, realizado en 2004 en el Parque de la Memoria en Buenos Aires. Se trata de una escultura en hormigón formada por dos partes iguales separadas una de la otra por una pequeña distancia que hace que el espectador deba reflexionar para leer la frase. El texto “Pensar es un hecho revolucionario” está horadado sobre una parte y la otra.

Lo interesante en la obra de Marie Orensanz, y que se diferencia del uso que hacen del texto algunos artistas contemporáneos en sus obras, es que la evidencia de la relación entre el objeto elegido y el texto es el nudo del sentido de la obra. El texto y el objeto se funden en una unidad indisociable. Con ella, lo que provoca la reflexión y tiene una gran coherencia en la trayectoria de su cuestionamiento, no sólo personal sino también sobre la materia y sobre el espacio, es que su discurso intelectual está intrínsecamente “ligado” al objeto y que el conjunto forma un todo solidario.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 6
Hojas de la vida, 1999. Instalación con fibra sintética y acrílico. Dimensiones variables.

Después de la obra Pensar es un hecho revolucionario, la artista realizó varias instalaciones para espacio público. Siempre con el espíritu de que el texto asuma la materia y haga cuerpo con ella, con la idea de ese “grafismo del pensamiento” que la motiva, ella gana el premio Banco Ciudad 2001 en Buenos Aires con la instalación De qué lado sopla el viento. Se trata de una hélice fabricada a partir de un dibujo de la artista (1,80 m de diámetro). Está colgada sobre el muro sobre el cual está escrito el texto en semicírculo para dar la idea del movimiento giratorio de la hélice que permanece fija. Marie Orensanz explica esta obra y su texto como la metáfora de una reflexión necesaria e insiste sobre la dimensión estética de la obra subrayando: “que los objetos tienen que ser estéticamente logrados porque la emoción es para mí muy importante, incluso si mi trabajo parece muy intelectual”.

En 2001, la Fundación Arteba y la Corporación Puerto Madero llamaron a concurso para instalar esculturas en la plaza del Bulevar Azucena Villaflor en Puerto Madero. El proyecto de Marie Orensanz ¿Para quién? suenan las campanas fue seleccionado. La obra incluye seis campanas en aluminio suspendidas de un fino pilar y a diferentes alturas. El texto-pregunta está grabado en el suelo, y cada badajo propone diferentes respuestas: “Para los que dudan, para los que juzgan, para los que esperan, para los que callan, para los que aceptan, para los que ayudan”. En su recorrido, el espectador, mirando hacia abajo, lee una pregunta y, elevando los ojos, lee las respuestas, con lo cual la artista busca crear sorpresa y reflexión.

El objeto desviado y el retorno de la idea

A fines de los años ochenta, Marie Orensanz investiga otro medio, el de los objetos funcionales. Los realiza según sus dibujos, recoge viejos útiles, pedazos de madera envejecida, aros de hierro de viejos toneles. Estos objetos la vinculan una vez más a su exigencia, al deseo constante que atraviesa e irriga su trabajo hecho manualmente. Volver a dar a la mano del hombre todo su valor creativo, mano trabajadora tan espléndidamente fotografiada por el brasileño Sebastião Salgado en la exposición del mismo nombre que presentó hace unos años en París. Estas nuevas obras de la artista argentina nos ponen frente a un nuevo diálogo entre dos tiempos. En este acto de gestación, ella crea un tiempo diferente, el de estar en su tiempo, teniendo en cuenta simultáneamente el pasado y el futuro, para formar uno solo, el tiempo contemporáneo. Lo que ella busca es “crear un diálogo diferente” en su deseo permanente de llegar al otro, de comunicarse con el otro.

Monografía: Marie Orensanz — imagen 7
Vaciado, 2002. Taladro y hierro. 80 x 20 cm. (31 1/2 x 7 4/5 pulgadas).

Siempre está presente en su trabajo ese deseo de llevar el público a participar, a estar comprometido en lo que propone, a hacerse preguntas sobre la sociedad en la que vive, a reflexionar sobre la alineación del ambiente, en el espíritu de esa “estética relacional” teorizada por el crítico francés Nicolás Bourriaud. Con este objetivo, ella elige un objeto que desvía de su función. La singularidad de la operación consiste en volverle a dar al objeto desviado su primer sentido, a través de una redundancia conceptual provocadora. En las “Trampas” dibujadas por ella, en las cuales perfora la palabra “atrapados”, logra su propósito. Es también el caso del taladro antiguo en madera y hierro sobre el cual inscribió la palabra “vaciado” aludiendo a nuestra personalidad pervertida, “vaciada” por una obsesiva alineación de consumo o de información. Marie Orensanz es muy sensible a la indiferencia hacia los otros, al individualismo. Cree en el “poder de elegir” que nos permite ser libres, y a la exigencia, porque “nada está dado, todo se merece con reflexión, sensibilidad y emoción”.

Sigue otro ejemplo de la superposición de un discurso (conceptual) sobre otro discurso (visual y funcional) —no a la manera de Magritte, para el cual la pipa pintada no es la pipa sino la representación de ésta—, pero para enfatizar el sentido inicial y jugar con el sentido redoblado. En 2002, Marie Orensanz expone en la Galería Filo de Buenos Aires (invitada sobre el tema del neo-objeto) y presenta una vieja cerradura de madera, sin llave sobre la cual escribe “cómo salir” calado sobre la chapa. Para la Segunda Bienal de Buenos Aires, en diciembre de 2002, presenta una instalación titulada Querer, poder, hacer girar nuestro propio mundo con dos ruecas de madera donde escribió dos textos “El grande se sirve del chico” y “El chico depende del grande” y con un video de un minuto de duración. En su última exposición en el Museo Castagnino de Rosario (Argentina, septiembre de 2003) presentó un recorrido de sus últimos trabajos con el título Variaciones sobre un mismo tema.

El saber y el placer o el juego de los contrarios

La utilización de un nuevo material perpetúa el valor estético de la obra y cada experimentación permite a Orensanz renovar su discurso conceptual y plástico de acuerdo con las exigencias artísticas contemporáneas. El juego de los contrarios, inteligente y afectivamente orquestado por ella, concierne a la alternancia del blanco y del negro, del mármol y de la tela, e induce al estallido, a la expansión y a la contracción de las formas. Con el blanco, estamos en la meditación, el silencio, un espacio un poco monacal donde los papeles plegados y los mármoles construyen un orden siempre inacabado, una estabilidad inaprensible en la cadena polisémica del saber y de lo sensible. Con el negro, el espacio se vuelve dinámico. Gesto, huella, vuelo, grito. Acción. Alquimia de la mutación. Un hilo conductor guía la mirada mental y física de la artista, de la materia-tierra al arte-reflexión-vida, siguiendo la continuidad-discontinuidad de símbolos casi morfogénicos. Hoy las incursiones de la escritura sobre el mármol desaparecen, el fragmento de materia ha estallado, las palabras y los textos se impusieron a la materia y se incrustaron sobre el objeto. Con lo escrito, Marie Orensanz aborda los problemas del sentido vinculados al continente y al contenido, a lo visible y a lo escondido, a lo verdadero y a lo falso. No es solamente un juego alrededor del significante y del significado, es también la revalorización de una memoria que, en la recuperación de útiles y de objetos funcionales revisitados por una dialéctica de formas y de sentidos, comunica y consagra la universalidad y la perennidad de ideas fundamentales. Las de la vida, el pensamiento y la conciencia del tiempo.

* En diciembre de 2005 se realizará la primera retrospectiva de Marie Orensanz en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina.

CHRISTINE FRÈROT

Historiadora de arte dedicada a la crítica, la investigación y la enseñanza. Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales, París.

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