El pasado 10 de septiembre se inauguró la exposición Lies (Mentiras) de la fotógrafa cubana María Martínez-Cañas, en la Galería Fredric Snitzer. La exposición consistió en doce impresiones de pigmento en papel de acuarela.
La obra de María Martínez-Cañas está en medio de un proceso de transformación. De los collages fotográficos, los mapas y el novedoso trabajo botánico por el que era conocida, revierte su atención hacia las figuras humanas y los paisajes urbanos. Deja los temas más íntimos y personales y se adentra en temas más generales. De las líneas precisas y definidas cambia a imágenes fantasmagóricas, muy cercanas a pinturas. Muchos fotógrafos escogerían una ruta diferente cuando se deciden a un cambio técnico y se inclinarían por las manipulaciones que la tecnología ofrece actualmente, como las yuxtaposiciones de imágenes o los montajes, por nombrar algunos. En cambio, la artista decide trabajar otros aspectos técnicos de la fotografía que dan como resultado un tipo de imagen borrosa. Esta acción me hace pensar que ella va a continuar las exploraciones en ese sentido y que esta exposición es solamente el comienzo de muchos cambios en su trabajo.

Su paleta de colores también ha cambiado. Aunque el blanco y negro no son nuevos en su trabajo, ahora ella está trabajando solamente con estos colores, en contraste con los azules y carmelitas presentes en su trabajo anterior. En cierto sentido, es una abstracción y disección de su realidad, su lente se ha desviado de sus temas usuales para enfocarse en un nuevo objetivo.
De acuerdo con su planteamiento para esta exposición, está retando la función tradicional de la fotografía, muy a menudo asociada a la documentación; Martínez está jugando con la idea de depurar las imágenes en un acto de manipulación muy consciente. Ella está usando fotos que inicialmente estuvieron conectadas a un crimen en una forma u otra. Aislando la imagen de su contexto original y de la historia que puede haber detrás, crea un ambiente y una historia nuevos para la pieza. De ahí que titule la exposición Mentiras. Ella está mintiendo a nuestros ojos, nos está dando una imagen en un fragmento de abstracción en el ambiente seguro de una galería, más tarde nos enteramos de que estas imágenes proceden de un pasado violento. Aun así podemos apreciar un instante de paz en la mayoría de las imágenes. Está cuestionando cómo percibimos muchas imágenes de acuerdo con un determinado contexto y las aceptamos y juzgamos de acuerdo con ello. Ella está cuestionando el hecho de que a veces algo tan aceptado como leal y cercano a la realidad, como es considerada la fotografía, puede ser tan manipulado que termina en el lado opuesto del espectro. Y la artista está demostrando su teoría.
Construidas a partir de lo que parecen sombras sus fotografías devienen en un testimonio de su realidad. Ante nuestros ojos toman forma paisajes urbanos, objetos y personas. Es su nueva forma de lidiar con la percepción.
¿Engañando al ojo? Quizás. Pero María Martínez-Cañas está demostrando que estas imágenes son también parte de la realidad, sólo una selección diferente, otro punto de vista o quizás otra interpretación.
Estas imágenes poseen una belleza cautivadora, una cualidad atractiva que obliga a mirar una y otra vez, tratando de encontrar la historia que hay detrás de cada una de ellas. Parecen ser parte de un tiempo pasado, instantáneas de esquinas oscuras virtualmente congeladas. Esta fascinación quizás está basada en el hecho de que la interpretación de las imágenes varía de un espectador a otro y de que las conjeturas pueden ser infinitas.
María Martínez Cañas ha escogido ser ilegible, una acción intencional de disfrazar la realidad y, al mismo tiempo, una forma de forzar al espectador a considerar espacios y lecturas alternativas. Es como si ella se hubiese transportado a una dimensión diferente, mirando a su alrededor a través de un cristal grueso.
IRINA LEYVA
