Exposición Individualdic 2005 - feb 2006· Por Laura Gil

Luís Cruz Azaceta

Lyle O’Reitzel Arte Contemporáneo

La Galería de Arte de Lyle O’Reitzel se ha caracterizado desde hace tiempo por la difusión del arte latinoamericano y caribeño contemporáneos en Santo Domingo, orientación que viene confirmada por esta exposición del artista cubano Luís Cruz Azaceta, en la que se reiteran algunas de las constantes estéticas e iconográficas de su trabajo, a la vez que se observan algunas variaciones en lo tocante a la imaginería, más que a los conceptos o las significaciones.

Lo que queda claro en primer lugar es que la muestra de Cruz Azaceta es una prueba más de la manera en que los signos visuales que pertenecen a la tradición artística de Occidente o de otras culturas, o los propios de la contemporaneidad, ejercen otras funciones y asumen otros significados en el contexto del arte de nuestro continente. Elementos tomados del pop art, del arte óptico de los sesenta, o incluso del modernismo de Klimt o el orfismo de los Delaunay (como pudieran ser los círculos repetidamente presentes en los fondos), sin perder sus connotaciones decorativas, asumen otras que tienen que ver más con una lectura de los planos que sacraliza el elemento figurativo. Aislado este último de toda referencia empírica espacio-temporal, del mundo concreto de la perspectiva, como los santos sobre fondo dorado de la Edad Media, entra en el ámbito de lo mítico intemporal.

Exposición Individual: Luís Cruz Azaceta — imagen 1
Luis Cruz Azaceta. El balsero en su laberinto, 2005. Carbón, acrílico, yeso, esmalte, goma de laca sobre lienzo. 147,3 x 147,3 cm. (58 x 58 pulgadas).

De este modo, Cruz Azaceta aborda la contemporaneidad que le toca más de cerca, en la forma del drama de los balseros cubanos, y lo descifra en clave mitológica desde una perspectiva mucho más universalista que local, la del viaje mítico como argumento arquetípico, con todo lo que tienen para decir sobre éste la psicología profunda, la antropología, y la hermenéutica del simbolismo. Imágenes de piratería, retratos simbólicos elaborados a base de objetos, y una estética de la acumulación que podría verse como una referencia al barroco y al contexto industrial y a los massmedia, contribuyen a la definición de un lenguaje pictórico de referencias complejas, y de múltiples lecturas.

Por otra parte, se trata de una obra rica de color, y situada más allá de todas las conceptualizaciones dicotómicas en que lo figurativo y lo abstracto se plantean como opciones excluyentes. En ocasiones, en esta pintura en la que también resulta absurdo hablar de fondo y forma como instancias absolutas y no como términos intercambiables, la imagen figurativa asume la función de pictograma, y la densidad simbólica es tan extremada que también se hacen intercambiables el carácter de icono pictórico y de escritura.

En casi todos los casos, la composición y el grafismo, e incluso las yuxtaposiciones cromáticas, dotan a las imágenes de un peculiar sentido dinámico, aunque, paradójicamente, la detención del fluido temporal también es una constante y hay algo de extático en algunas visiones en las que casi pudiera hablarse de psicodelia. En ocasiones, un rostro de balsero- pirata se alza y se monumentaliza como una imagen sacral, como el rostro del Cristo de Roualt o el de la Sábana Santa.

En todos los casos, se trata de sacralizar lo concreto, la historia, de reencontrar lo mítico e intemporal en los dramas de hoy, casi entre el periodismo y el mito, en el lugar medio y exacto donde se sitúa la vida.

LAURA GIL FIALLO

Luís Cruz Azaceta, por Laura Gil | artnexus